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Es
la peor columna de la semana porque... |
| Una forma como otra
cualquiera, o peor, de acercarse a las elecciones. |
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Llegan las elecciones municipales. Seguramente la época
del año donde las ciudades resplandecen y se ponen más
bonitas que nunca. Interminables obras que han durado meses se acaban
justo a tiempo, problemas que parecían irresolubles encuentran
promesas de solución y todos los alcaldes se aprestan a cortar
simbólicas cintas que les faciliten la continuidad otra legislatura
más. El votante ya está hecho a la idea de que los
meses previos a las elecciones son época de inauguraciones,
y no sólo lo asume perfectamente, sino que si las obras nuevas
suponen una clara mejora en su ciudad no tiene ningún problema
en aceptar el juego para acabar dándole su apoyo al alcalde
de turno.
El problema viene cuando este lícito juego electoral comienza
a pervertirse y se pierden las formas. Ya en las últimas
elecciones catalanas, los principales partidos entraron en una dinámica
de ofertas a los ciudadanos poco creíbles. Más que
una contienda electoral, parecía una tómbola. Ya se
sabe: siempre toca, cuando no es un pito, es una pelota. Medicamentos
gratis, ayudas escolares, exenciones de impuestos, autopistas libres
de peajes... La Arcadia feliz, que se tradujo, entre otras cosas,
en una altísima abstención, porque los ciudadanos
están dispuestos a asumir algo de este juego, pero tampoco
que se les tome por idiotas. Ahora algunos alcaldes han cruzado
la frontera de lo que dicta el sentido común y ofrecen cosas
que se escapan de lo que sería su simple oferta municipal.
Por ejemplo, en Santa Coloma, Bartomeu Muñoz ha abierto un
gran debate al ofrece la gratuidad de los libros de texto para todos
los alumnos de la ciudad, al margen de los ingresos de sus padres.
Muñoz se adelanta así a una iniciativa que Montilla
estudiaba para aplicar en la recta final de su legislatura. El gesto
altruista del alcalde de Santa Coloma deja en mal lugar a otros
alcaldes de su propio partido, el PSC, en el cinturón metropolitano,
que pueden encontrarse con las quejas de sus convecinos por no darles
este mismo privilegio. ¿Es lícito que Santa Coloma
se gaste de esta manera una parte muy importante de su presupuesto
en lugar de anteponer otras necesidades que seguro tiene la ciudad?
De la misma manera, los buzones se llenan estos días de
toda clase de libros, folletos y revistas con los éxitos
del ayuntamiento de turno. Todo vale para captar el voto.
Por todo este clima, a nadie le puede extrañar que en Valencia
una veintena de catedráticos y profesores universitarios
hayan creado una web denominada verificar.net, donde ante las próximas
elecciones a las Cortes de la Comunidad Valenciana se proponen destapar
lo que consideran mentiras y engaños que hicieron los políticos
en el 2003.
Ante el riesgo de que la abstención siga aumentando de forma
piramidal, alguien debería reflexionar para frenar esta inútil
escalada que no hace sino aumentar el desprestigio de los políticos.
Y ciertamente, la gran mayoría no se lo merece. Ni todos
los ayuntamientos son como Marbella, ni todos los concejales son
unos demagogos. Más bien, todo lo contrario. El esfuerzo
desinteresado y cabal de muchos de ellos para tirar adelante su
municipio queda sepultado en la feria electoral de estos días.
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