info@pulevasalud.com
España, miércoles 9 de mayo de 2007
:: Inicio >> Dolor de columna >> Columna

Los políticos y el despilfarro

Por LUIS MARÍA ANSON
El Mundo, 4 de mayo de 2007

Es la peor columna de la semana porque...
¿Puede ir a peor después de la primera frase? Glups. Parece que sí.
Opina en el foro

La inmensa mayoría de nuestra clase política es seria, responsable, trabajadora y honrada. Los casos aislados de corrupción, de voracidad económica o de desidia no ensombrecen el bien hacer de la política democrática española. Del Rey abajo, lo normal entre los políticos es la dedicación y el esfuerzo al servicio del bien común de los españoles.

La pésima opinión que los ciudadanos tienen de su clase política, según la última encuesta del CIS, no nace de los casos aislados de corrupción o de la pereza de algunos parlamentarios, consejeros o concejales. A mí manera de ver, deriva del despilfarro generalizado de las administraciones central, autonómica y local.

En 1976 teníamos 600.000 funcionarios. Hoy alcanzamos los tres millones. Los políticos han creado en treinta años más de dos millones de empleos públicos en los que han colocado no pocas veces a sus parientes, paniaguados y amiguetes. Los ciudadanos pagan con sus impuestos los sueldos de esos funcionarios innecesarios y, además, la calefacción, el aire acondicionado, la luz, el teléfono, las dietas, los viajes, las comidas de trabajo, la limpieza y el mantenimiento de los lugares por ellos ocupados. Con el perjuicio añadido para los españoles, cornudos y además apaleados, de la multiplicación de trabas burocráticas pues los funcionarios innecesarios crean nuevas funciones, tantas veces absurdas, para justificar sus puestos de trabajo.

A este renglón carísimo del despilfarro de los políticos habrá que añadir la multiplicación de edificios y la suntuosidad con que los adornan. En sólo unos años, no se sabe por qué, se han construido o adaptado nuevos edificios para el Senado y el Congreso, incumpliendo además la normativa municipal. En cualquier ciudad de España las administraciones central, autonómica y local invaden los más varios palacios y mansiones, instalando en ellos servicios artificiales y muchas veces inoperantes. En muebles, alfombras, cuadros, material de oficina, y reformas se gasta sin tino, se dispara con pólvora del rey. Algunos presidentes autonómicos disponen de palacios muy superiores a la Zarzuela y han montado en torno a ellos un tinglado de protocolo y relaciones públicas superior al de muchos jefes de Estado europeos.

Los viajes gratis total, el turismo político, los banquetes sin cuento, los regalos incesantes, la edición de libros de lujo y revistas sapo, los automóviles, innumerables como las estrellas del cielo, con sus choferes correspondientes, completan ese despilfarro generalizado que provoca la ira ciudadana.

Ahora los partidos preparan una nueva ley de financiación para gastar más a costa del bolsillo de los ciudadanos. La operación se va a hacer impunemente, con cinismo elevado al cubo. Partidos y sindicatos deberían gastar sólo lo que ingresan de las cuotas de sus afiliados. Eso sería lo honrado y lo decente. Pero no. Aquí los ciudadanos pagan también el despilfarro de los partidos. Y es inútil. Mientras más dinero reciba un partido del erario público más gastará. Y seguirá endeudándose, hasta que se haga imprescindible una nueva ley de financiación con el fin de que los ciudadanos paguen más para mantener a unos partidos voraces.

Los españoles contemplan atónitos el espectáculo del despilfarro público contra el que nada pueden hacer, salvo mostrar en las encuestas el rechazo hacia una clase política que exprime cada vez más a todos con unos impuestos de carácter confiscatorio.