
...uno
espera mucho más de Félix de Azúa. La
columna no es una maravilla, pero tampoco es pésima.
El problema es que la firma promete mucho más. |
Quienes hayan tenido la fortuna de vivir en algún país
civilizado habrán constatado que la publicidad suele ser
muchísimo menos invasora que en el nuestro. Ahora mismo (y
me he puesto a la máquina como quien desenfunda una Magnum)
acabo de oír a un delicado portavoz, quien, tras inquirir
si yo era yo, me ha dicho que tenía el honor de anunciarme
una promoción de Orange, don Félix. En este caso era
un zumo de naranja, pero cada día diez o doce vocecillas
telefónicas tratan de colocarme alguno de sus productos (a
veces tan improbables como un tal Oso Yoigo) con musicales acentos
colombianos. Como tantos otros, cuelgo el aparato sin piedad e imagino
el ánimo abatido de la vocecilla y me siento fatal.
En las radios procuro saltar de anuncio en anuncio hasta pillar
algo de música o una voz humana, pero es casi imposible.
Como muchos, me he jurado no comprar jamás ese colchón
que impide oír la voz de Carlos Herrera en Onda Cero, entre
otras cosas porque aseguran que si les compro un colchón
me regalan un autobús de línea y yo no sabría
qué hacer con un autobús de línea. Y encima,
a las primeras 50.000 llamadas les añaden de regalo unas
gafas de soldador. Todos los días. Es mucho colchón.
Ya no veo las películas de la tele si no es previa grabación
en vídeo o DVD para saltar como un gamo sobre las dos horas
y media de anuncios que impiden ver la hora y cuarto de filme. Y
me juramento para no comprar jamás a los más paranoicos
y totalitarios de los anunciantes. Y así sucesivamente. A
todas horas.
Yo creo que si no tenemos una ley de la publicidad como la francesa
que nos proteja de la fanática persecución a la que
estamos sometidos, ello se debe a que el cuerpo de políticos
en activo es una rama menor del sistema publicitario, un enjambre
de hombres-anuncio que está como el pez en el agua entre
yogures y tampax. Algunos medios políticos, como Catalunya
Rà- dio, TV-3 y el Canal 33, son empresas de publicidad incluso
cuando no pasan anuncios. No pienso comprarles nada, claro, pero
a ellos les da igual: ya se han quedado con mi dinero.
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