| SÓLO
HUMO (VENENO Y SOMBRA Y ADIÓS)
Entre ustedes, mi más que improbables lectores, habrá
alguno que no se lo sepa. Esto comenzó con un disco, un caníbal
y TCM. Inspirado –o expirado- por el blog de pasiones frívolas
y evanescentes del malcriado y fascinante Nacho Canut, el menda
leyenda comenzó a escribir sobre botellas de crípticos
líquidos, discos escondidos tras la cortina, libros de fuego
y personajes que circundan los amplios abismos de la inteligencia.
Animado por mi Jefe Invisible V.V. –doble victoria, doble
enigma de triángulos inversos, atinado acrónimo firmemente
sostenido sobre dos puntos- comencé a teclear. Exactamente
–disculpen la tristeza- me dijo “más, más”.
O más bien, me lo escribió, en alguna parte de este
no lugar. Gracias a él ustedes me leen aquí, en esta
portada, en esta web que guarda tantas palabras hermosas. Y les
hablé, hace años, cuando todo era menos complicado
pero parecía más vacío, de un disco perfecto
de Beck –arrasado por la ausencia de la persona que amaba-
que acababa de rescatar de mi torre de cedés con un nombre
de sutilísima e inflamable sugerencia: “Sea change”.
Numeré las infinitas puertas de la mansión de aquel
caníbal de Rotemburgo que hoy, en el recuerdo, más
parece una deriva pop de los primeros e inocentes usos de Internet
al lado de los recientes y muy secuestradores golems vieneses. Les
dije que pensaba que un día, cuando el mundo hubiera terminado,
una voz en off seguiría dando paso de manera aséptica
a la próxima película en el canal TCM. Ahora, mientras
bajo el telón, tengo tantas ganas de hablarles de la más
que carnal pareja que conforman y conformarán en la intimidad
de la victoria española el futbolista Güiza y Nuria
Bermúdez. Casi tantas como de explicarles que nadie debería
languidecer en la hierba de este verano que comienza sin abandonarse
a la fascinante divagación con pretexto MI5 de Javier Marías
en su trilogía “Tu rostro mañana”. Casi
casi tantas como de tratar de explicarles lo hermosa que era la
columna de Manuel Vicent de ayer en el diario “El País”.
Su título era “Sólo humo” y no encuentro
mejor definición de lo que han leído ustedes en este
no lugar durante estos años. También era la columna
que uno siempre quiso escribir y no pudo. Pero hoy ya no queda más
que un espacio en blanco. Quizás me salga mañana.
Pero, de momento, les digo adiós. Emocionado, créanme.
Y gracias.
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