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POLVO ENAMORADO: Necrofilia. Un poquito, venga. El
30 de septiembre de 1955 James (Byron, qué
cosas) Dean, se estrelló pero mucho contra
un Ford. Eran las seis menos cuarto de la tarde y mentía un
sol mecánico sobre una autopista anaranjada. California dreamin´.
Liz Taylor lo sujetó contra su pecho y acarició
su cuerpo destrozado por los hierros. Una cosa muy “Crash”.
Como se cumplen 50 años del accidente de tráfico más
estético y glamuroso (supercool, en suma) han descubierto unos
dibujos, inéditos, claro, a la par que pornográficos,
del mito más juvenil del universo mundo. Jimmy Jimmy dibujaba
féminas recostadas que mostraban una vulva de tinta azul. A
mí, que no estoy muy bien esta tarde, me recuerdan a las tías
fatales y desvestidas como espectros de los lienzos de Egon
Schiele, ese discípulo de Klimt que
tuvo la ocurrencia – también - de morirse megapronto,
sólo que entonces no había Porsches y se agarró
una gripe española en plan vienés para mostrar su insolencia
sin causa. En esta sección pensamos, o sea, que si James Dean
pervive no es por su desasosegante interpretación en tres películas,
tres, sino por lo que intuimos. “Lo más hermoso de ti
es lo que yo imagino”. Y de Jimmy nos sale el cenicero de su
torso en los clubes masculinos y sadomasoquistas de Los Angeles. Toda
esa fragilidad que indica que los seres humanos sólo pueden
sobrevivir si se ven apoyados por otros en idéntica situación.
Todo aquello que podría hacernos pensar que somos superiores
a él pero es mentira.
EN TU GARITO CON: Zapatillas Bikkemberg. Entonces
te dejarían entrar, Dani, chaval. Seguro.
A ti y a tu amigo Fernando Torres, que las tendrá.
Estoy convencido. Al módico precio de 160 o muchísimos
más euros, con dos bandas de color y otra intermedia donde
figura en mayúsculas el apellido del belga (o diseñador).
Las Bikkemberg son el accesorio de exceso que pisa la noche de los
futuros paraísos urbanos. Brillantes, vacías, inútiles
e imprescindibles, apartarían de la mente del mundo las antiestéticas
Converse All Star ubicuamente aburridas. Que no me miren mal al
pasar. |