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HIGH SOCIETY: Con cinco o seis euros un marciano
procedente de los bosques siderales de Vancouver sabría de
qué va, francamente, el rollo humano. Se sentaría
en una butaca muy roja de un cine en versión original –esos
lugares donde los alemanes beben Coronitas descorchadas con un mechero-
y comprendería el Big Bang en la dividida carnalidad del
rostro de Scarlett Johansson, en el mundo incomprensible
que gira en las manos de Jonathan Rhys Meyers.
En “Match Point”, esa peli tan deliciosamente clasista,
Raskólnikov deja Rusia para proseguir con
su gerontofobia al final del túnel –o más bien
Eurostar- de una lascivia tan sutil como los estudios X del Danubio,
orillas blancas de Budapest. La opulencia de las sombras, o viceversa.
El caso es que también aprendes la dosis envenenada de tragedia
que contienen las voces en la ópera y alguna cita nihilista
de Sófocles envuelta en un suéter
de Ralph Lauren. Todo por 5 euros. Ni los chinos.
INMA: Inmaculada Contreras nació en Guadix,
Granada, lo cual como que rima con Guadalix en una suerte de fatum
fonético-doméstico. Distribuye pescado en el negocio
familiar, mientras que su némesis, Rosa de España,
vendía pollos, lo cual que demuestra, sabes, que Nuestro
País prefiere la carne al pescado. En Gran Hermano reparte
un odio maquillado a lo choni de estética muy Divine by John
Waters. Suelen censurar a san Almodóvar por proyectar
una imagen ultracool de una España poblada de transexuales
y colores saturados de retromodernidad sin darse cuenta de que sus
personajes nacen y existen al margen de su demiurgo manchego pero
demiurgo. Inma, fluorescente y trash, pantera en libertad, es icono
de la fascinante maldad de un Mercamadrid cualquiera. Caída
Tamara –digo Ámbar-
y con Belén Esteban azotada por el síndrome
de la pin up Taschen deshecha a sí misma
en Alcobendas, alzamos un nuevo icono de acento imprevisible al
panteón de neón de este humilde rincón. Leonor,
chata, lo llevas claro.
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