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Madrid, miércoles1 de febrero de 2006

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Tu frialdad

Escaparate de relámpagos
Por Emilio J. B.
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TU FRIALDAD: Benedicto XVI ha publicado un libro –con perdón para los libros- titulado “Dios es amor” (la Biblia lo dice), razón de más para darse al sexo sin protección al calor de la inflamable doctrina de la Iglesia. Además Susan (tidad) nos insta con vehemencia a “practicar el amor por las viudas y los huérfanos” (sic), labor en la cual no nos resulta difícil imaginar sumamente aplicado al Papa de la criogénica sonrisa. Todo esto te deja como muy – Lázaro Carreter decía que nada es como muy, o es o no es, pero esta expresión queda muy cool hunter de los eighties – desprotegido frente al invierno, así que para combatir los excesos alucinados del maestro alemán de la teología sintáctica, recomendamos pero mucho “Historia de un abrigo”, novísima novela de relatos entrelazados de Soledad Puértolas. El primer capítulo, que además da título a la obra, es tan revelador y asombrosamente afilado como aquel “La necesidad de marcharse de todos los sitios” que se contenía en “Gente que vino a mi boda”. Ahora que lo pienso, de la Puértolas sólo sé que perdió a su madre y que suele nadar en silencio por las mañanas, como muchos de sus personajes de vida ausente. Lo dicho, “Historia de un abrigo”. Las encíclicas sólo sirven para que el frío te raje todavía más este cielo partido de grises.

POLÍGONO INDUSTRIAL: Ya sé que se ha comentado mucho (¿se ha comentado mucho?) pero hace dos martes comenzó “House” en Canal +, digo en Cuatro. Es una serie que te engancha al principio pero que seguramente finalice en ataques de sopor modelo CSI. Lo que te engancha hung up es su protagonista, un médico junkee y cojo que no soporta la presencia física de sus pacientes, llevando al paroxismo la actual tendencia clínica y cínica de no palpar a los pacientes para averiguar la causa de sus dolencias. Investiga, el doctor House, enfermedades infecciosas inverosímiles, junto al chico que se suicidaba en “El club de los poetas muertos”, lo cual que es como raro. Pero ningún caso como el que se contaba hace bien poco en “El País”: ese mendigo que viajó muerto seis horas en un vagón del metro de Brooklyn (¿Brooklyn Follies?) sin que las parejas lograran despertarlo con los besos lascivos que se profesaban bajo la corriente del Hudson. Y ningún caso como el del SIDA, tan inteligente como para hacerse 60 veces más diminuto que un glóbulo rojo y tomar así las más recónditas esquinas de los caminos de la sangre. House, tío. Investiga.

ZANUSSI SUPERFROST
LA CANCIÓN MÁS FASCINANTE DEL MUNDO (al menos durante siete días)
Deluxe “Extraña habitación” (“Los jóvenes mueren antes de tiempo”)

FROZEN
No me queda casi espacio con tanta sangre y tanto Sumo Padre o Padre Sumo, así que apuntaremos brevemente el extraño caso de las barritas de chocolate marca Coral (Chocoral, pone), al estilo Cuétara pero vendidas en establecimientos regentados por amabilísimos seres procedentes del Extremo Oriente. Y baratas. Las cosas más importantes de la vida son gratis. Dicen.
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