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Madrid, miércoles 8 de febrero de 2006

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El mar no cesa

Escaparate de relámpagos
Por Emilio J. B.
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EL MAR NO CESA: En noviembre se inició el movimiento. 5.500 personas efectuaban cada tarde un movimiento pendular entre los pasillos de eternidad y bambú diseñados por Richard Rogers. Miles de figurantes ejecutaban una coreografía perfecta de vuelos imaginarios en la nueva terminal 4 del aeropuerto de Madrid Barajas. En la madrugada del domingo 5 de febrero de 2006 despegó el primer avión de este nuevo espacio rumbo a Barcelona, dejando ateridas las huellas de cientos de sonámbulos cargados de pesadas maletas supuestamente vacías. Por 40 euros al día recibían un billete a Bielefeld o a Brasilia y facturaban su equipaje sin sentir el vértigo de la pérdida, la acuciante ansiedad que se entretiene tras los cristales cerrados de las tiendas libres de impuestos, el nudo de lágrimas que se deshace en el interior de quienes han de regresar en metro a la ciudad desprovista de sentido que tú acabas de abandonar. Un aeropuerto silente, de espacios inasibles y aviones detenidos. En qué pensarían, de qué hablarían, qué tipo de mensajes aparecerían en las pantallas azuladas que anuncian las llegadas. Aviva la curiosidad pensar qué tipo de relaciones amistosas, amorosas o sexuales habrán surgido entre estos figurantes que han surcado los caminos del mundo durante cuatro meses en un conjunto vacío. Pura aventura.

OKTOBERFEST: Recordamos, en estos días, la que sería banda sonora perfecta para los estrábicos informativos de Iñaki Gabilondo: “Ayatolah no me toques la pirola”, himno políticamente sulfúrico avant la lettre de Siniestro Total. En un mundo perfecto dominado por Hamás, el uranio enriquecido, viñetas invisibles, y la poética de los explosivos made in Mosad by “Munich”, hace falta corrosión y alegría olé olé. Por cierto, de la película de Spielberg uno aprende: a) lo que se viaja siendo asesino a sueldo, b) que las corbatas en los años 70 quedaban aún más cortas de lo que uno pensaba, c) yo de mayor quiero ser Eric Bana. Y más cosas.

ZANUSSI SUPERFROST
LA CANCIÓN MÁS FASCINANTE DEL MUNDO (al menos durante siete días)
Patrick Wolf “Teignmouth” (“Wind on wires”)

FROZEN
A saber, hay muchos quesos. Gouda, a degustar en lascivas granjas holandesas próximas a Markedam. Brie “Ma cremiére”, para cortar con los dedos. Havarti, semisuave y danés, hilado entre finísimos sueños de papel. Edam, de tonalidad acerba y acre, con esa capa de parafina roja en su superficie. Pero me va la marcha, y me he dado al Maasdam, con esos grandes ojos en su interior producidos en la fermentación por las bacterias añadidas a la leche. Sabe tan raro que te haces preguntas.
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