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NARANJA: Se ha hecho justicia. Todo lo demás
–road to Guantanamo incluida- no importa. “O.C”,
deliciosa y catártica catarata naranja de fiestas, lujo,
músculos y anorexia, ha sido alzada al rango de producto
cultural por obra y gracia de la 2. O sea, que te emiten “Miradas
2” –con los lienzos solares, abstractos y extrañamente
religiosos de Juan Carlos Savater- y luego se te
aparece Ryan Atwood con su sempiterna camiseta
blanca ajustada y su lasciva muñequera de cuero negro en
la mano derecha, dispuesto a demostrar que no todo el dress code
significa siempre lo mismo. Los jueves por la noche, TVE nos sirve
un menú deliciosamente clasista, donde el protagonista ha
sido rescatado de un submundo de Los Angeles llamado, ejem, “Chino”,
para dar en una tierra I promised myself donde niñas de la
talla 32 que se llaman Summer van al instituto en un BMW azul cobalto.
Un Moisés post 11-S que ejerce de malote
noble dejando todo tipo de material genético sobre las olas
pop de las piscinas de Los Angeles. Si añadiéramos
unas finísimas “lines” de cocaína obtendríamos
el intrincado recorrido de cualquiera de los temas efectistas de
Offspring en los 90... banda, que, por cierto o sea, también
nació en Orange County. Pero ahora –la vida, que es
rara- Weezer suenan en las radiofórmulas y Peter
Gallagher no ha vuelto a rodar “American Beauty”.
Sólo nos queda el hermetismo con sabor a cloro de Ryan burbujeando
en la 2.
ELEMENTALTEIRCHEN: Es genial, sabes, porque acabo
de descubrir un nuevo escritor favorito. Y eso es como encontrar
a alguien nuevo que te fascina cuando ya creías que eso solamente
te sucedía antes, cuando eras más tonto que ahora.
En la pasada Berlinale presentaron una peli llamada así de
raro en alemán, y que se basa en, claro, “Las partículas
elementales” de Michel Houellebecq. El compacto
de Anagrama que lo contiene es naranja (como todo esta semana) y
estalla de átomos de lúcida corrosión. Este
señor francés es hijo de un guía de alta montaña
y de una médico anestesista, profesiones que vienen a ser
lo mismo. Y ambos le abandonaron. De ahí al psiquiátrico
y a escribir párrafos de una soberbia exquisita. Mola Houellebecq.
Cómo no me di cuenta antes.
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