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MANZANAS: Teri Hatcher, nuestra Susan de “Mujeres Desesperadas”,
fue violada por su tío cuando sólo era una niña.
Superfuerte. Ella misma lo explica sin todo lujo de detalles en
el “Vanity Fair” USA de abril. Y, por favor, que nadie
me pregunte por qué, pero de esta manera una tragedia tan
íntima adquiere un sentido inextricable que oscila entre
la redención y un glamour de metálico sabor. La vida
imita a las soap operas. Todo esto, superglups, sucederá
mientras las pantallas de plasma se rajan en jueves con la idílica
neurosis de Whisteria Lane… porque, sí, queridos niños
y niñas, es hora de que Bree Van de Kamp nos hiera de nuevo
con su gélida corrosión de electrodomésticos
y autocontrol. Otrora bruja psicalíptica Kimberly Shaw en
“Melrose Place” -y hoy semidiosa softcore de esta errática
sección- quisiéramos ora orar en su ara esmeralda
por la insidiosa ansiedad del tempus fugit, los jardineros nada
fieles, y el presentimiento de que la soledad es la fuente sin nombre
de todas las luces apagadas en el hipocampo -ese Las Vegas del sistema
límbico- Segunda temporada para “Desperate housewives”
en FOX y en TVE. Nueva oportunidad para arrancarle las naranjas
traídas desde el sur al matrimonio Arnolfini de Van Eyck
y morderse la manzana. Ñam ñam.
ELOGIO DE LAS ESTACIONES: Acaso en el mejor relato breve de Juan
José Millás, “Primavera de luto”, (“Antología
del cuento español contemporáneo”, Editorial
Cátedra), Elena Grande enviuda y se compra unas sunglasses
casi opacas que atenuen la realidad durante el proceso de nacerse
de nuevo. Es primavera. La vida estalla turbia de sol y Millás
vuelve a hablar de aparecidos, tránsitos y ausencias en las
páginas de “El País”. Almodóvar
recrea el ciclo de Mitra en La Mancha y uno intuye otra vez que
esta estación favorita es terreno ideal para reinventarse
con unas gafas de sol tan potentes como los sucesos atmosféricos.
No te lo crees, pero el invierno ha terminado.
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