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SEND ME AN ANGEL: Loquillo, ese hombre, sollozaba
aquí en la ladera del Tibidabo “siempre quise ir a
L.A., dejar un día esta ciudad”. El pobre. Si hubiera
visto Crash se le quitarían las ganas de tener ganas.
Ahora mismo me apetecería tanto o sea aparecer en esa ciudad
(que los misioneros españoles vieron tan bella como celestial,
de ahí tanto overbooking de ángel) como hacer dogging
(esa nueva parafilia) en Teherán. Pero oyes, la colisión
californiana arrebató a Óscar para siempre de la diminuta
tienda de campaña de las montañas de Wyoming. Cosas
que pasan. Y no sólo eso. El Pompidou –ese mamotreto
de incomprensibles tuberías de colores que desaguan en la
fuente de Kandinsky- honra ahora también
a la “ciudad mundo” con una exposición a ella
oye dedicada. Salen las desnudas swimming pools de Hockney
que tanto gustan por aquí, y esa iconografía
íntima de gasolineras y puestas de sol para alabar pero mucho
a la capital alternativa de Asia, África y America Latina
donde la gente se toca con pistolas y autopistas. Pero, ya te digo,
a mí en este plan, me va más Magnolia que
es como establecer el paralelismo insólito y sin embargo
muy evidente entre Volver de Almodóvar
y Descongélate de Félix Sabroso
y Dunia Ayaso. Pero eso es otro tema. Loquillo,
tío, quédate en Barcelona.
SANDSTORM: Esto está pero que fatal. La
autopromoción, digo. Pero como dudo cada vez que a estas
alturas del curso político, digo lítico, me lean,
pues lo diré y que se entere toda España. Tengo un
blog. Se llama “Escaparate de relámpagos” y va
de fragmentos literarios descontextualizados con capacidad para
deslumbrarte y dejarte en el sitio. Adornado con lienzos pixelados.
En enero lo dejé por falta de tiempo, sigh, pero ahora que
tengo menos, lo retomo. Por si le gusta a alguien. Y perdón
por la autocosa. Para compensar regalo una canción de un
sueco de 27 años hijo de argentinos que ha obrado un milagro:
miles de pequeñas bolas de colores avanzan por las calles
de San Francisco. A veces la publicidad es grandiosa. Y Suecia también.
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