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VIAJE CON NOSOTROS: Noticias de mucho miedo. Esta
semana, queridos e improbabilísimos lectores, la realidad
se ha descolgado con un hallazgo periodístico descacharrante
y muy total. En la trágica furgoneta Kangoo del 11-M (quién
no recuerda aquel entrañable spot del primo tonto de la Kangoo...)
no había una tarjeta del grupo empresarial vasco Mondragón
(“El Mundo” dixit) sino una cinta de la Orquesta Mondragón
(“El País” redixit). Esto o sea argh. Bien...
sigamos. Además, en la guantera, hallaron otras cinco cassettes.
A saber: El Dúo Dinámico, “Los mejores boleros”,
“Grandes mitos del rock and roll”, “Clásicos
de oro” (¿?) y Luciano Pavarotti.
Un cóctel de mucha rabia (y eso que las sociedades occidentales
aún carecían de “Il Divo”). Por consiguiente,
lanzamos al aire un intrincado interrogante (por aquí no
lanzamos al aire nada más) acerca de los vínculos
entre el fundamentalismo islámico y Javier Gurruchaga,
vínculo que, así a lo tonto, nos parece de un rocambolesco,
inconsciente y progresista paralelismo entre el cardenal Carlos
Amigo y su defensa de los transexuales. A lo cual que es
bonito que las religiones varias y sus terrorismos globales y sanitarios
vayan dándose cuenta de la diversidad del mundo a través
de su bad taste milenario. ¿Habría más cintas
en el maletero?.
ALOHA: Alguien a quien apenas llegué a
conocer se planteaba constantemente que qué tenía
David Trueba para que Ariadna Gil
viva todo su tiempo junto a él. La conclusión era
machista y obvia: debe de follar muy bien. A falta de una comprobación
sustantiva a lo Colin Farrell porn-star on the
Internet, sí podemos confirmar que brilla en las distancias
muy cortas. Sólo hay que observar la firme soledad que aflige
a Fernando Ramallo en "La buena vida"
o esa íntima desolación por la pérdida amorosa
del protagonista de su novela "Cuatro amigos" en el capítulo
final, una vez agotada la senda de sexo y alcohol que cualquiera
puede emprender cada noche de fin de semana volviendo de la nada
al vacío del amanecer. En "Bienvenido a casa" Pilar
López de Ayala ordena a Alejo Sauras
que no la quiera para siempre. Que la ame sólo cinco minutos...
y luego cinco más... y luego otros cinco...
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