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AMOR Y COCAÍNA: La gente está fatal
de lo suyo. Y no lo digo por el verano libanés, que total
que más nos dará, sino por cosas que realmente importan.
El suceso estival más estimulante, valga la r., ha resultado
esa catarata diversa de politoxicomanías en plan soy-famoso-qué-mal
que uno se esnifaba cada día en las amables revistas de agosto.
Lo más, o sea, ha sido lo de Whitney Houston.
Ni ella se merece algo así por haber perpetrado “I
will always love you” en “El Guardaespaldas”.
Desdentada, acariciando las coronas de basura de Diógenes
en su desordenada habitación, mordiéndose
los brazos de manera compulsiva, perseguida por demonios de la MTV,
y asimilando fáciles titulares amarillos como “Whitney
hace crack”. Y para colmo, Osama (Bin) confirma
su pasión por el rostro “de auténtica musulmana”
de Mrs. I´m Every Woman llevando fotos suyas, encima. Además,
a saber: Mel Gibson fue detenido en un acceso de
alcohol y verborragia antisemita (la pasión, es lo que tiene);
Robin Williams ataca de nuevo el Absolut tras 20
años sobrio (quién lo diría); el ex niño
de “El sexto sentido”, Haley Joel Osment,
fue detenido el 20 (cuánto 20) de julio por conducir “erráticamente”
bajo los efectos de los estupefacientes y el whisky (en ocasiones
veo); y el cantante de Keane, Tom Chaplin, ha pasado
del calor azul poniéndose pero de todo (somewhere only we
know). Los dioses griegos penalizaban la hybris de los soberbios
mortales volviéndoles del revés. Entretanto, Pete
Doherty y Kate Moss, están de vuelta.
Él a sus labores de fuck forever y ella en lencería
por la Red. Desafiantes y fatales.
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