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ANCHSLUSS: Francamente, me parece fatal. La semana
pasada no quise empezar diciéndolo, porque, bueno, no era
plan para la primera vez, y las primeras veces son importantes,
que diría Jordi Mollá, y se trataba
de la primera de este curso. Y no quise. Pero hoy deseo expresarme.
Estoy muy dolido porque ningún medio ha pedido mi opinión
sobre la polémica del verano. Y no me refiero al espeluznante
desnudo de Pipi Estrada en la revista “Sorpresa”.
No. Hablo de lo de Gunter (Grass). Porque en agosto
era abrir el periódico y había una tribuna para que
cualquier intelectual dijera cosas sobre lo de Gunter y su participación
en las Waffen-SS. Y nadie me ha preguntado a mí, aunque también
soy persona. Yo hubiera afirmado (rotundamente) en las páginas
de Opinión de “El País” (por ejemplo)
que a sus 17 aquello era como un Erasmus trendy para conocer Europa
con los colegas. De hecho con 14 ya había querido subirse
(o bajarse) a un submarino. Pero a lo que iba. Que todo el mundo
venga a opinar sobre algo que Juan Cruz pudo haberle
sacado, mientras no paraba de dibujar cebollas en un ático
de Lavapiés, si no le hubiera preguntado que cómo
era su padre. Y hubiera sido una exclusiva que ni la de la revista
“Sorpresa”. La cosa es que ha sido un verano muy alemán,
o austrohúngaro en plan Wien. Porque después de Gunter,
vino Natasha (Kampush) y el helado (¿Häagen
Dazs?) que se merendó con su psiquiatra vienés tras
hallar la puerta de salida de su Hades prefabricado. Y todos mirábamos
esa entrevista con pañuelo en la cabeza que Antena 3 emitió
en prime time para contrarrestar el estreno de Gran Hermano (¿perciben
el irónico bucle?) mientras en Carolina del Sur, Elisabeth
Shoaf, de 14 años, era enterrada viva en un búnker
de 5 metros de altura cavado en una colina por otro señor
en paro. Se salvó, ya saben, por ese SMS que envió
desde el teléfono de su captor y que no sabemos si acabaría
subtitulando la entrevista de la Kampush en plan “Natasha
valiente, t admirams x huir, tía lucha. Paco t amo, cari”.
Submarinos, esvásticas, zulos, telecárceles e imitativos
y terribles bosques de la América profunda. A mí,
sabes, me encanta Centroeuropa, pero el verano me da cosa.
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