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QUIERO SER AMISH: Pido perdón (especialmente
a mi Jefe Invisible) por haber fallado estas dos últimas
semanas. Cosas de la vida personal que afectan (y no deberían)
a este no lugar. Yo (por decir algo) iba a contar la semana pasada
cuánto me había impresionado ese ceniciento manto
de sangre abatido sobre la escuela amish de Pensilvania. Porque
los amish molan. Leen sermones en un alemán del siglo XVI,
creen en el pacifismo y en la vida sencilla, eluden la electricidad
y los automóviles, y se muestran persuadidos de que el mundo
es un lugar perverso. Se me ocurre que esto último puede
deberse al último videoclip de Fangoria rodado
en la discoteca “Spartacus” de Mexico D.F.. Ejem. Bueno
glups. Queríamos decir que cuando la revista “Vogue”
predijo en 2005 el retorno al trench de los 80 –y por extensión
a toda la década- no imaginábamos que la cosa llegaría
hasta “Único testigo”. In illo tempore, do you
remember, dicha película turbó (no digamos más)
a toda una generación de niños espeluznados ante la
mera posibilidad de presenciar un asesinato y ser sobreprotegidos
por Harrison Ford, no obstante encapotado de amor
decimonónico por Kelly McGillis. Los amish,
allí, eran unos alienígenas que viajaban en carromatos
y no tenían un Ford Fiesta donde sentir la ondulación
trash de C. C. Catch. Ahora, 21 años después,
un lechero psicópata de la América profunda concluye
que los anabaptistas radicales posiblemente tengan razón.
Aunque exista el i-book plateado, el mundo es un lugar malvado.
“Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas / levantando
sus tiernos brazos acribilillados…” Qué pena.
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