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MADONNA CON CRISTO: “Maravi” significa
“luz reflejada”, así que Malaui (capital Lilongwe)
es el país de la luz proyectada en los espejos acuáticos
del lado homónimo que lame todas las cintas de seca tierra
de dicha nación. Esto lo he aprendido gracias a Madonna.
Para que luego digan. Porque ha sido ver cómo ella y Guy
Rithchie secuestraban a todo foco a David Banda
del orfanato donde le habia confinado su señor padre
(el suyo) y lanzarme a google cual hipopótamo de la U.A.T.
en busca de datos orográficos sobre el sureste africano.
Y es que, queridos y queridas, es arduo discernir las ventajas de
que tu madre sea la Confessions (on a dance floor). El pequeño
Banda (¿de qué me suena este nombre?) despertará
de madrugada entre las sábanas de H&M (¿?) de
su nueva habitación londinense y observará, atónito
todavía, cuántas cosas existían que yo no necesitaba.
Así, en plan Sócrates por el mercado de Atenas, pero
en plan walking in Nothing Hill african connection. No obstante,
lo peor de sentirse transterrado, será el día en que
descubra que las películas subidas de tono escondidas en
su mansión (por no decir hogar) las protagoniza su propia
madre lamiéndole los pezones a un super actor porno a.k.a.
super modelo llamado Tony Ward en “Erotica”.
Si sobrevivir a Picasso debió de resultar duro (sólo
hay que ver a su vástaga Paloma), regalo
una silla “Jeff” de Ikea por entrar en la mente del
pequeño David dentro de 10 años y comprobar in situ
cómo ha coagulado esa mixtura oleaginosa de vestidos de Versace,
frustraciones a lo “Evita”, el underground de los 80,
la cera que vertía en el torso de Willem Dafoe
en “El cuerpo del delito”, los alfileres post electrónicos
de Mirwais, y, lo más sugerente y terrible, su futura relación
shakesperiana con los hijos naturales de la Diva: Lourdes
Maria y Rocco. Yo, concretamente, no escribo estas líneas
desde un orfanato de Daguestán, pero sí quisiera hacer
un llamamiento para que me adopte James Blunt.
Más que nada por cambiar.
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