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Yo lo veo superbien. Este señor que tienen ustedes a su
derecha (valga la r.) se llama Paul Haggard y es
el presidente de los 30 millones de miembros (ya quisiera él)
de la Asociación Nacional de Evangélicos de EEUU.
Además (en serio) es el pastor principal de la Iglesia de
la (me encanta) Nueva Vida de Colorado, do mora, ya decimos, el
pavo éste que no tienen ustedes a su izquierda. El reverendo
Haggard (pronúnciese con gárgara), esposo modelo,
padre de cinco adorables pequeñuelos, habla (o lo que sea)
con George W. Bush cada lunes, y en el temblor
telúrico de su voz, habitada por dioses remotos, crepita
un mundo de llamas sub….¿acuáticas? contra los
habitantes de Sodoma y Gomera. Pero Paul (gracias, Paul), si bien
vocifera por la enmienda que eludirá para siempre el matrimonio
homosexual en su Estado en las elecciones del supermartes 7-N, ha
decidido promocionar (gracias, Paul), a su manera, la segunda temporada
de Queer as Folk en Cuatro que comenzó el 3-N. De hecho,
de súbito, Haggard podría protagonizar un capítulo
de la serie al lado de Brian Kenney, esa nueva
musa difusa de esta errática sección, que ha de ocupar
panteón fluorescente al lado de Bree Van de Kamp.
Bien. Decíamos ayer. Mike Jones, hipertrofiado
y/o anabolizado escolta del reverendo, cansado de la doble vida
de Verónica -digo de Haggard- ha largado que este hombre
de Dios ha mantenido relaciones sexuales con él (con el escolta)
durante 3 largos años una vez al mes, previo pago del evangélico
señor. Sorprende la regularidad a lo all bran style, pero
como diría Brian Kenney, “promiscuo sólo es
aquél que folla más que tú”. Ejem. También
emparenta (la susodicha… ¿amistad?) con esa estupenda
película de Sergi López y Nathalie
Baye llamada “Una relación privada”.
Juan José Millás escribió
una vez que si Dios quisiera que sus ministros vistieran (y pensaran)
en ese negro atroz, no hubiera llenado de colores el universo. Pues
eso.
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