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A mí, lo que es fascinarme, siempre me ha fascinado Jesús
Hermida. Sé que este comentario puede doler, pero la realidad
es así de tremenda. Mi pasión por Jesús viene
de lejos, concretamente de cuando le veía por la mañana
en “Por la mañana” con su cohorte de huríes
de sonriente sinrazón pre-reality dark show. Las amas de
casa de la generación Arcade le gritaban “Cao, Cao”
a Irma Soriano y las naves de más allá de la puerta
de Tanhaussen desintegraban los segundos aturdidos de cualquier
infancia. Ahora, JH presenta “La imagen de tu vida”
los jueves en TVE, un espacio que algún día abrigará
esa imagen espeluznante de la semana pasada: Bertín y Esperanza,
Esperanza y Bertín danzando al son de un pasodoble español.
Este programa, decíamos ayer, trata de ser una alucinada
party hard del Cincuentenario de La de Todos, un aquelarre del recorte
audiovisual y de la memoria cegada de amor del televidente ante
la vorágine de las décadas. Cada semana oscila entre
la teta retro de Sabrina en San Silvestre y los sonrojantes gorjeos
de Ana Torroja en un OT avant-la-lettre descuartizando “Al
alba”. Cada pieza figura numerada con el fin de que cada espectador
decida qué movimiento en el tiempo le recuerda más
a sí mismo. Y vote. Yo nunca sé a qué carta
quedarme (ni en esto ni en nada), de modo que tras la prodigiosa
introducción de Hermida (ejem) me da por pensar en un juego
inaudible en el que he de discriminar cuál sería la
imagen de mi vida (propia) que habría de regalarle como algo
fundamental a alguien que acabara de llegar a mi pantalla. Se me
ocurre una de este penúltimo sábado (ese día
en que las cosas suceden), pero quizá sería más
conveniente la de ese niño que gritaba “Cao Cao!”
en un Amstrad de fósforo verde. Who knows.
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