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Aturdido en el interior de unos auriculares Shure con una remezcla
del “Jump” de Madonna -Mishift Remix-
que bien podría derribar el carro tuneado de Dani
Martín en “Yo soy la Juani”, me pregunto
cómo sería el mundo en silencio, sin esta pasión
de no ser que sobrecarga mis oídos de luz estroboscópica.
Cinco minutos antes de las amenas vísceras de Bagdad, “Miradas
2” entrevista a Phillip Groning, alemán
de Düsseldorf y cineasta, recién estrenado su mudo documental
“El gran silencio”: 162 minutos de ora et labora a lo
absolut cartujo. Infiltrado durante un par de años en el
monasterio de la Grande Chartreuse, sito en los Alpes de la Francia
francesa, espió y/o filmó a los monjes reptando por
la nieve de enero, emitiendo sonidos que no llegan a fonemas, silentes
y majestuosos hasta en la contención de los súbitos
milagros de la meteorología. Callados en el dolor, introspectivos
para los alimentos, inexpresivos ante las previsones. Imaginen,
querid@s, si extrapoláramos estos hábitos, valga la
r. Piensen en una Conferencia Episcopal enmudecida ante los hechos
del mudo, únicamente ocupada en discriminaciones bizantinas
deliciosamente teológicas; atónita, irreverente y
admirativa del silencio de Dios, observando la teodicea como una
hermosa contradicción. Acaricien la idea de una cadena COPE
radiando los suspiros entrecortados e incorpóreos de Alaska
en el programa de Federico. Y nada más.
Aterricen, después, sobre una televisión que devendría
en pura imagen: Mayte Zaldívar interiorizando
sus otrora interiorismos, tatuándose en los pechos el intrincado
mapa de Alhaurín de la Torre a lo prisonbreak-hay-que-venir-al-sur.
Sin palabras. Y cine mudo en las vastas y rescatadas extensiones
nocturnas de Seseña. Un contínuo de miradas y gestos
como toda realidad habitable. Ejem. Perdonen tanta digresión.
Cosas de no dormir y de no poder ser Haze abriendo
“Gasolina, sangre y fuego” con un chándal blanco.
Decíamos antesdeayer. Groning afirma que desde que finiquitó
su rodaje ya no escucha música. Sólo goza de los diminutos
sonidos cotidianos que circundan el silencio. Sugieren muchos pensamientos
esas siluetas fantasmáticas al fondo de la Biblia. Pero mejor
otro día. Me parece.
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