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Ahora que las ciudades dejarán de acentuar su aire de mausoleo
terrible con insultantes bombillas (el invierno nunca se irá
del todo), nadie nos defenderá de fotografías como
ésta. La imagen que tienen ustedes (y ustedas) a la derecha
de esta columna, es la más espeluznante de todo el año
2006. Christian Bagge, de (recuerden este dato
para no olvidarlo nunca) 23 años, corre (o lo que sea que
pueda hacer) junto al presidente de Estados Unidos por los jardines
(perdón por utilizar esta palabra en un contexto como éste)
de la Casa Blanca. El sargento Bagge resultó mutilado por
la explosión de una bomba cerca de Kirkuk, Irak. Hasta aquí
la asepsia. Ahora viene lo bueno. Observen la cara de deleite de
George W. Bush. Momentos antes le había
espetado a Bagge: “Good man. God bless you”, algo que
no sabemos muy bien lo que puede significar dado lo extravagante
de la situación. El sargento (Bagge) le respondió:
“It´s a privilege”, cuyo sentido último
tampoco nos atrevemos a descifrar. No vaya a ser. Narciso
Ibáñez Serrador cuenta a menudo que la imagen
más terrorífica que puede imaginar es el rostro de
un bebé. El neonato sonríe. Y, de súbito, observamos
que tiene dientes. Igualmente, esta fotografía, al primer
vistazo, parece no tener colmillos. Hasta que el terror nos devora
el cerebro por debajo. Corren, pero uno no tiene piernas. Y el presidente,
orgulloso, parece jactarse de que corre más que él.
Y que nosotros. En esta imagen nada se sale de lo corriente y en
esa paradoja fatal reside el pánico. Bagge quiere a su Presidente.
Bush ama a todos los Bagge de América (especialmente a sus
piernas). Y Bagge (aún todavía) desea tanto al ejército
que la palabra “Army” resuena en su pecho y cubre uno
de sus (imaginamos que eviscerados) muñones. Suponemos la
voluptuosa erección que esta fotografía ha provocado
(y sigue provocando) en Donald Rumsfeld y en todos los patriotas
del universo mundo. Otrosí, ignoramos si los jardines (con
perdón) de la Casa Blanca esparcen en el aire psicofármacos
que anulan la voluntad, pero nos atrevemos a deducir que así
es. De lo contrario, Christian Bagge (de 23 años) estaría
acariciando el rostro de W. con esos ganchos que ha obtenido como
medalla para caminar en un capricho bélico que anegaría
con la sangre de 600.000 iraquíes todos los ríos que
llevan a Washington.
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