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La realidad es geométrica. A mí, de esta semana,
me ha encantado supermucho lo del pueblo oscense (de Huesca).
Miguel Grima (qué apellido tan ad hoc) era alcalde
de una idílica aldea del Pirineo Aragonés. Una noche,
que suponemos así como fría, fue presa de una emboscada
en una carretera más cuaternaria que secundaria. Le descerrajaron
3 tiros en el pecho con munición de postas, algo que a mí,
vete tú a saber por qué –pero tengo teorías-
me recuerda sobremanera a la serie “Parada de postas”
que emitía TVE en mi paradójica infancia. De súbito,
Fago (Huesca) deviene en Fargo, ya saben, ese sedante recodo de
Dakota del Norte do los Coen ambientaron (con perdón) su
pelicula. Una Frances McDormand encinta pero más
macho, si cabe, que Daniel Craig en 007, reptaba
por la nieve en busca de los patosos secuestradores pésimamente
calibrados por William H. Macy. Este Fago níveo
y capitalino de la Jacetania (¿romana?) es escenario contrapuesto
y/o contrachapado de una América profunda con 37 -¿o
son 21?- vecinos igualmente culpables hasta que se demuestre lo
que es. De todos los momentos rurales y salvajes que presuponemos,
seleccionaríamos la prueba de la parafina. Por el olor a
látex de los guantes que no se usaron (¿?) Por ejemplo.
A lo asesinato en el Orient Secuestro Express, Major Miguel Grima
ha sido víctima de Joel y Ethan Coen, de
los atávicos rencores ctónicos a lo séptimo
día by Saura, y de la magnética atracción del
hielo por el color carmesí. Las montañas son mágicas.
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