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Madrid, miércoles 11 de abril de 2007

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Das Leben der anderen

Escaparate de relámpagos
Por Emilio J. B.
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Al regresar de Alemania, es fácil apreciar todavía más ese país cuya geografía urbana muta en amplias avenidas de anchos raíles para los tranvías, y extensos edificios blancos de enormes ventanales por donde casi nunca aterriza la luz en Berlín. Desde los cines Renoir de Madrid, “La vida de los otros” aparece, sí, como una película tan cautivadoramente emotiva como los tonos apagados, neutros en su complejidad, que se perciben a través de cada roto fotograma. Gerd Wiesler, capitán de la Stasi y torturador vocacional, recibe el encargo de vigilar día y noche a la pareja formada por el escritor Georg Dreyman y la actriz Christa-Maria Sieland, y en esa observación de los dos amantes seducidos por el arte y la cultura, descubre su propia infelicidad. Si en “Monster´s Ball” Billy Bob Thornton desechaba su racismo visceral contra los negros por un desgarrado amor hacia Halle Berry, Gerd Wiesler descubre todo un mundo de emoción y placer sensible en una sonata de piano o en los contenidos poemas amorosos del “Devocionario doméstico” de Bertold Brecht. A veces el infierno no son los demás. En ocasiones, rozar, apenas, una vida ajena, provoca un destello de conocimiento hacia lugares ocultos, dormidos, dentro de uno mismo. “Me engulló el bosque, el bosque azul, ma soeur / sobre el que los pálidos astros quedaban para siempre ya al oeste”. Florian Henckel von Donnersmarck ha dirigido su primera película para provocar el deslumbramiento sutil y tenue de las transformaciones más esenciales. “La vida de los otros” ha ganado el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Pero eso nos da igual. Es la mejor película que se ha podido ver en demasiado tiempo.

ZANUSSI SUPERFROST

LA CANCIÓN MÁS FASCINANTE DEL MUNDO (al menos durante siete días)
Patrick Wolf “Bluebells” (“The magic position”)

LA COSA
Los altavoces portátiles mm50 de Logitech para el iPod se venden en los Media Markt alemanes sin esa distinción extraña que los sitúa en el periférico centro de los polígonos industriales y/o comerciales de las ciudades españolas. La Juani de Bigas Luna trabajaba en uno de ellos, pero no hubiera soñado con ser una empleada de la cadena en el centro de Colonia o Düsseldorf. A lo que íbamos. Miles de pequeños y cristalinos auriculares para mp3, decenas de altavoces en forma de campana sónica y plateada para trasladar la música a las atmósferas de los hoteles globalizados del planeta, en viaje de negocios.

FROZEN
Versión 6.0 de los Actimel (una vez consumado el punto de fusión de sus múltiples gustos), el Danacol de Danone asegura la reducción de los niveles de colesterol a las 3 semanas de consumir un pequeño envase diario. Su sabor, damos fe, es más sabroso que el nombre. Con todo, los Actimel de vainilla (inéditos en España, sumamente extendidos en Renania del Norte-Westfalia) le ganan por goleada en propiedades difícilmente comprobables.
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