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Ya sé que es tarde. Pero, si se fijan, en las entrevistas
con qualité queda superbien decir que uno siempre ha llegado
tarde a todo. Hoy, concretamente, es el Día de la Madre (si
se paran un segundo, acusarán cierta extrañeza...
el Día de la Madre...) pero en esta errática sección
queremos festejar de manera quasi orgiástica el Día
del Libro (si se detienen un instante, visualizarán rosas,
páginas y lluvia). El pasado día 23 de abril, mientras
en el Círculo de Bellas Artes se procedía a la lectura
ininterrumpida de D. Quijote (a mí no me gusta, que se entere
toda España), en “El Intermedio” de La Sexta
El Gran Wyoming y Guillermo Toledo
dramatizaban con pasión las “Memorias” de Pitita
Ridruejo en un atril iluminado por la efigie de la egregia
y/o mariana señora.
Al día siguiente, los periodistas deportivos (¿qué
es un periodista deportivo?) daban cuenta de las obras literarias
que dejaron su impronta en el corazón dividido de los futbolistas
del Real Madrid. Bien. A partir de ahora voy a hacer demagogia.
La demagogia gusta mucho en las columnas de los periódicos,
y yo, personalmente, aspiro a una. Apuntado esto, prosigo. Robinho
y Cicinho tienen en la “Biblia” su
libro favorito. A mí, o sea, me gusta el “Cantar de
los Cantares”, pero porque es una cosa entre mística
y porno de donde podría partir o parir el amor de un Rilke.
Pero lo demás, no sé ustedes, no sé muy bien
de qué va. Más. Raúl y Casillas
coinciden: “El Alquimista” de Paulo Coelho
supuso un punto de inflexión en sus vidas. No sabemos hacia
dónde. Helguera, Pavón
y Diego López son forofos que te cagas de
“Los pilares de la Tierra”. Y esto lo entiendo. Sé
(no daré nombres) que hay ciertos catedráticos de
Historia Medieval que liberan a sus alumnos del peso de los manuales
(no vaya a ser) a favor de Ken Follet. Con 19 años,
y en plena época de picores futuristas, a mí, sí,
me gustó. Prefiero no releerla. Guti y
Reyes se quedan con “El código Da Vinci”,
de lo cual deducimos dos cosas: a) que Guti es tan frívolo
como parece, y b) que Reyes sabe leer. Lo cual es un dato. Torres
y Sergio Ramos escogen “El pefume”
de Patrick Süskind, vaya usted a saber por
qué, y Michel Salgado (no se me desmayen)
“La fiesta del Chivo” de Vargas Llosa,
el único libro de Mario, que, aquí el menda lerenda,
no ha podido resistir más allá de la página
10. Pero dejémonos de poses. Álvaro Mejía
sólo conoce (sic) “El libro gordo de Petete”,
y Emerson una biografía de su compatriota
a la par que futbolista Garrincha. Podríamos
hacer sangre. ¿A que sí? Pues no.
No haremos bromas sobre el intercambio de volúmenes en la
prórroga que acontece en el vestuario tras el partido. Tan
sólo les contaré que todavía convalezco de
“El pasado” de Alan Pauls (Anagrama)
y les enumeraré los tres libros que devoro mismamente ahora
sin tener tiempo para ello. Y así, me haré el listo
y verán que me gustan cosas más elevadas que lo que
se cuece en las duchas del Madrid. Ahí van: “Pudor”
de Santiago Roncagliolo, “Llámame
Brooklyn” de Eduardo Lago, y “Contra
natura” de Álvaro Pombo. Magníficos
los tres. Y ahora que me siento superior a Raúl, puedo retomar
mi pequeña vida sin balón.
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