| KURÓS
Yo, francamente, nunca pensé en abrir este año (con
perdón) con dos líderes ruso-soviéticos consecutivos,
pero la vida es un lugar extraño. Vladimir Putin
es un señor que desde el pasado mes de agosto se quita la
camiseta más a menudo que Jesús Vázquez
en “Allá tú”. Tecleen “Putin Rambo”,
en google imágenes, of course, y obtendrán otra bonita
estampa del ex espía cazando algo esta misma semana en Siberia
a pecho descubierto. Si se fijan bien, esta imagen recuerda pero
mogollón al kurós. No me refiero a la colonia, sino
a esas figuras del periodo arcaico griego con la mirada sobrecargada
de un infinito hieratismo de ojos vacuos. Todo es fálico
en esta imagen. La caña de pescar, la patilla de las gafas
invadidas de ángulos rectos, la tensión de las arterias
hipertrofiadas en el instante de recoger el sedal y el tiro del
pantalón que eleva los testículos en el centro exacto
de la hebilla. Cabe preguntarse si este perfil rudo pero lechoso,
si esta posición contra natura, fue idea del propio Putin
o del inquietante fotógrafo a quien no vemos pero suponemos
tan cerca de su piel. El rostro, una máscara que roza la
lipodistrofia, tiene que ver con cierta calidad del yeso a punto
de solidificarse sobre la sangre. La cruz de Cristo, situada levemente
más cerca del lado opuesto al pezón cardíaco,
sería el único detalle a corregir. Todo el mundo sabe
que un torso definido en el gimnasio luce mejor con un collar de
plata más grueso y a la vez más cerrado sobre el final
del trapecio. Putin, de 54 años, luce una estética
“beefcake” tan obscena que ha puesto de moda el gimnasio
entre los rusos, confundidos entre la erótica del poder y
el homoerotismo siberiano. Putin, está claro, jamás
se agacharía para recoger el sombrero. |
"DETRÁS DE LOS FOCOS
HABÍA UNA MADRE"
La extrañeza que, de súbito, te golpea al leer esta
frase proviene de la suma de dos sustantivos que uno nunca hubiera
sospechado que pudieran ir parejos. Madre y focos son palabras
antitéticas, al menos en mi caso. Cuesta creer que William
y Harry, vástagos de Lady Di,
conocieran realmente a otra mujer que no caminara por las habitaciones
de palacio buscando una cámara de televisión, pero
puede que fuera así. En los cuentos, todo es posible.
|