10 de septiembre de 2007
Kurós
KURÓS
Yo, francamente, nunca pensé en abrir este año (con perdón) con dos líderes ruso-soviéticos consecutivos, pero la vida es un lugar extraño. Vladimir Putin es un señor que desde el pasado mes de agosto se quita la camiseta más a menudo que Jesús Vázquez en “Allá tú”. Tecleen “Putin Rambo”, en google imágenes, of course, y obtendrán otra bonita estampa del ex espía cazando algo esta misma semana en Siberia a pecho descubierto. Si se fijan bien, esta imagen recuerda pero mogollón al kurós. No me refiero a la colonia, sino a esas figuras del periodo arcaico griego con la mirada sobrecargada de un infinito hieratismo de ojos vacuos. Todo es fálico en esta imagen. La caña de pescar, la patilla de las gafas invadidas de ángulos rectos, la tensión de las arterias hipertrofiadas en el instante de recoger el sedal y el tiro del pantalón que eleva los testículos en el centro exacto de la hebilla. Cabe preguntarse si este perfil rudo pero lechoso, si esta posición contra natura, fue idea del propio Putin o del inquietante fotógrafo a quien no vemos pero suponemos tan cerca de su piel. El rostro, una máscara que roza la lipodistrofia, tiene que ver con cierta calidad del yeso a punto de solidificarse sobre la sangre. La cruz de Cristo, situada levemente más cerca del lado opuesto al pezón cardíaco, sería el único detalle a corregir. Todo el mundo sabe que un torso definido en el gimnasio luce mejor con un collar de plata más grueso y a la vez más cerrado sobre el final del trapecio. Putin, de 54 años, luce una estética “beefcake” tan obscena que ha puesto de moda el gimnasio entre los rusos, confundidos entre la erótica del poder y el homoerotismo siberiano. Putin, está claro, jamás se agacharía para recoger el sombrero.
(AL MENOS DURANTE 7 DÍAS)
Plastic Operator “Folder” (“Different places”)


"DETRÁS DE LOS FOCOS HABÍA UNA MADRE"
La extrañeza que, de súbito, te golpea al leer esta frase proviene de la suma de dos sustantivos que uno nunca hubiera sospechado que pudieran ir parejos. Madre y focos son palabras antitéticas, al menos en mi caso. Cuesta creer que William y Harry, vástagos de Lady Di, conocieran realmente a otra mujer que no caminara por las habitaciones de palacio buscando una cámara de televisión, pero puede que fuera así. En los cuentos, todo es posible.


RUBÉN DARÍO
La estación de Rubén Darío está situada en los inicios del Paseo de la Castellana. Sólo puede tomarse la línea 5, la verde, y de noche se convierte en un territorio fantasma donde no hay ni rastro de los ejecutivos salvajes que en ella afilan sus corbatas en las primeras horas del día. Nadie sube ni baja a la estación del viaducto en las horas oscuras que acaso sean realmente las de la mañana. De madrugada, las prostitutas ejercen con mayor claridad todos los oficios del día junto a sus escaleras.


Emilio JB
Volatinero del
Periodismo