22 de octubre de 2007
Caribe y chándal
CARIBE Y CHÁNDAL
“Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco”. A García Lorca, que era un poeta que hubo, Cuba le sugería eso y más, pero a mí, o sea, es pensar en la perla de las Antillas y me sale un abuelo extrañísimo que tiene esa deleznable costumbre de usar el chándal XXL no para hacer deporte sino como pijama de la calle. También sorprende mogollón que la prenda deportiva sea de marca -Adidas, sabes- de lo cual deducimos que el comunismo no está reñido con la tribanda de un capitalismo alemán bien visible en la pernera. Al señor mayor que ven ustedes en varios colores desteñidos, le ha salido ese nieto algo ceporro, mejor digamos obtuso, que todo abuelo desea atornillar a la silla en los atardeceres rojos de la Historia. El nieto escucha con seriedad aquel cuento tan bonito de ese guerrillero loco que mataron en Bolivia, y ambos dos dan la tenebrosa impresión de no leer más que cosas un género extraliterario y metafantástico a caballo, valga la r, entre Bolívar y la foto totémica de Alberto Korda. Si se fijan bien, en la imagen hay una planta verde cuyas hojas, trenzadas hacia el piso, han desfallecido de aburrimiento. Gorbachov, que ahora va de Vuitton, debe de escandalizarse con la logorrea sonrojante de estos ex cuñados suyos del Caribe tan poco glamourosos pero capaces de convertir una refinería de Maracaibo en un espectáculo dadá. Sobre la pequeña mesa situada a la derecha del padre, digo del abuelo, hay dos DVD. Hagan un esfuerzo sobrehumano y traten de imaginar que su contenido no es el que yo ahora mismo estoy conjeturando.
(AL MENOS DURANTE 7 DÍAS)
Radiohead “Reckoner” (“In rainbows”)


"EN EL FRANQUISMO SE VIVÍA CON EXTREMA PLACIDEZ"
Esta frase, más incendiaria que un adolescente de ERC, ha sido pronunciada (o lo que sea) por un ex ministro del Interior de la democracia. Observen la sugerente, romántica y delicuescente nostalgia por una Arcadia perdida que supura el sustantivo placidez, colocado (ejem) al final de la oración. Jaime Mayor Oreja es un señor con barba que no sólo se negó a condenar el franquismo en el Congreso de los Diputados sino que añora los tiempos en que a los Tonis de Cuéntame se les daba matarile. Imaginen que este señor fuera su padre de usted en 2007. Qué placidez.


ANTÓN MARTÍN
Se trata de una plaza inesperada. Hasta hace dos años los andenes de la línea 1 de Antón Martín eran una espiral de piedra, hierro y alambre nocturno. De la estación de Atocha sube vertical una calle del mismo nombre donde los nacionales destruían fachadas y farmacias en la guerra y abogados laboralistas en la Transición. Junto al monumento que recuerda a las víctimas de los pistoleros ahora se han ensanchado las aceras y se ha erigido un Burger King de dos plantas. Es un Madrid casi castizo, de sex shops y cervecerías que anuncian la gloria de la Plaza de Santa Ana. En la renovada Antón Martín hay varias salidas, y los viajeros nunca saben por dónde encontrarán la cita que les devolverá a la superficie.


Emilio JB
Volatinero del
Periodismo