| EL
RIESGO DEL SOL
No eleven sus brazos –al menos no todos a la vez- en un gesto
de protesta. Sé que si vamos de conocedores de un universo
tan trendy que el i-phone nos parecería vintage, esta semana
habríamos de ocuparnos del World Press Photo y de esa foto
del soldado superagobiado que te pasas en el búnker. Pero
ya lo haremos, ya. De momento, me gustaría alegrarles el
día, o la noche irreal de la Red, con esta estupendísima
imagen de hace dos semanas y que podría llevarse el Southern
Press Photo. Se trata de dos primates –desconocemos su genealogía
al no sintonizar habitualmente los documentales de Antena 3 y Tele
5- felices de no ser. El más pequeño y durmiente se
llama Noelia. Es decir, es una hembra recién nacida de su
señora madre añorando el tiempo en que se encontraba
al otro lado de su vientre. De hecho, su pequeña cabeza poblada
de prehistóricas sinapsis funciona como un atávico
estetoscopio que trata de desencriptar por qué se encuentra
al otro lado de la luz. Desconocemos si a Noelia le ha dado tiempo
a amar el resplandor de cada mañana –todo lo que existe-
pero ya debe de haber intuido instintivamente que un momento como
el que vive contiene todas las aspiraciones de cualquier homínido.
Stephen Smith, un enfermero británico de
58 años entregaría los 25 millones de euros que acaba
de ganar en la lotería por asegurarse el tiempo de la felicidad.
Sus vasos sanguíneos, dilatados por un aneurisma aórtico,
son, en sus propias palabras “una bomba de relojería
en mi interior, cambiaría dinero por vida en cualquier momento”.
Si se fijan bien, en la imagen la madre de Noelia se toca un pie
o, como diría Elvira Lindo, todo le chupa
un pie. Es ella, y no su neonata, quien flexiona una pierna adoptando
una posición fetal, acaso con el sugerente propósito
de inducir más fácilmente el descanso y la regresión
de su cría a un tiempo anterior a ellas mismas. Sin ningún
anhelo crematístico, Stephen Smith únicamente desea
apresar durante otra estación el inasible misterio de las
horas. “Omnia vulnerant, postuma necat”, apuntaban los
relojes del sol que iluminaban el Medievo. Noelia y Stephen Smith
sólo quieren que todavía quede un poco más.
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"NOS CONOCÍAMOS DEMASIADO
COMO PARA DEJAR DE CONOCERNOS
Tengan cuidado con esta cita. Cada una de las ocho palabras que
la componen hunde sus raíces en un no lugar poblado de
puertas cegadas por la costumbre y salidas selladas. “Lo
esencial es invisible a los ojos”, le repetía el
zorro al Principito, para que no lo olvidara, pero generalmente
no apreciamos la fragilidad de los lazos. Esta frase inflamable
me la han regalado. Aparece en el segundo volumen de “Tu
rostro mañana”. Jacques o Jaime Deza, el proteico
personaje de Javier Marías, intenta comprender
por qué todavía debe ser importante la presencia
de su ex mujer en las oscuras tardes de su vida de espía
de actitudes ajenas. Rememora la dificultad de crear la costumbre,
los ritos y el afecto, convenidos como única ceremonia
de supervivencia frente a todos los abismos. Sean prudentes. Esta
frase puede arder en su mente como un bosque nocturno de decisiones
erradas.
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