| INTROSPECTIVE
A mí, saben, me encantaría hablarles hoy de esa lengua
chasqueante, retráctil y empapadísima en varios jugos
de salivas que Mariano sacaba a pasear anoche en
el andamio que no podía sostenerle de tanta derrota en Génova.
O del rostro demudado en lágrimas invisibles que surcaban
el corazón extraviado de su esposa Elvira, la única
incapaz de adaptarse a la simetría de la mentira y del momento.
Pero no. Tampoco les hablaré de la ausencia en el andamio
azul de Aguirre, la dama de la daga que pronto
hundirá su puñal en el corazón del hombre gris.
No. Hoy quisiera hablarles -no se me asusten- del silencio de los
muertos, que nos observan. Ese hombre que tú ves ahí,
en la imagen, es un iraquí de hace dos días. Un iraquí
tan vulgar y corriente que ni "El País" consiente
en identificarle, pero que, acaso, sea el último superviviente
digno de un país que no sabemos si llegará a existir.
Si se fijan bien, frente a él se sitúa una hilera
de bolsas blancas que ustedes mismos pueden deducir lo que contienen.
Al parecer, en las cárceles iraquíes se apilan miles
de muertos sin identificar que provienen de la guerra con Irán,
de la represión de Sadam y del cariñoso fuego del
amigo americano. Observando a este hombre que, doblado sobre sí
mismo, medita, ora o se evade en el interior de sí mismo
de la llamarada del mundo, es inevitable pensar en las concentraciones
silenciosas de cinco minutos por la muerte de Isaías Carrasco
a las puertas de los centros de trabajo. No sé ustedes, pero
aquí, el que teclea, en esos momentos, ha pensado en que
él ya no podrá sentir más el aire frío
de una mañana de marzo contra la piel. "Digo/ del hombre
y su justicia / digo / océano pacífico / lo que me
dejan / Pido / la paz y la palabra". Blas de Otero
se estremecería ante las fosas comunes de Irak igual que
temblaba ante los crímenes del franquismo y la devoradora
sinrazón de la República cercada por el fascismo.
Acaso este último hombre de Irak se pregunta sobre el problema
de la teodicea mientras sobre su mente gravita una de las primeras
frases de Vassili Grossman en "Vida y destino":
"Todo lo que vive es irrepetible". |
“EL PARTIDO POPULAR NO ES
UN PARTIDO DE FULANISMO”
Esta frase, que introduce un término terriblemente sugerente
en la política española, el fulanismo, la ha pronunciado
Ángel Acebes nada más perder las
elecciones. A continuación ha añadido que "el
PP es un partido de ideas y valores", con lo cual uno deduce
que a) alguien ha identificado como fulanas almodovarianas a sus
dirigentes o a sus interventoras con banderita y perlitas a juego,
b) las meretrices de derechas acaban de asaltar la sede de la
calle Génova y las nuevas generaciones han de defenderse,
o c) alguien ha sugerido que el PP va a proceder a regularizaciones
masivas de prostitutas de bien en un intento de modernizar su
imagen para ganar en 2012. No tenemos más datos. Seguiremos
informando.
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