24 de marzo de 2008 |
| Casa Alfredo
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| CASA
ALFREDO
La narcolepsia –no obstante su gozosa eufonía…
repitan conmigo… narcolepsia- parece un mal obligatoriamente
adyacente a la prostitución masculina, tal y como demostró
Gus Van Sant en “Mi Idaho privado”.
A ella podrían atribuirse las enigmáticas “circunstancias
de salud” aducidas –acaso abducidas- por el importante
político de Palma Mallorca –lo habrán leído-
que está siendo investigado por presuntamente fundirse casi
60.000 públicos euros en públicos acompañantes
de su mismo sexo. De este caso solamente podemos colegir que, según
el Partido Popular, la fórmula magistral para devenir en
homosexual de bien es casarse, engendrar múltiples vástagos,
fotografiarse junto al Papa con pantalón corto y mochila
de peregrino, vincularse a la ultramodernidad de los Legionarios
de Cristo y acudir con despreocupada asiduidad a ciertos servicios
de relax que calmen ese urgente impulso que se mueve en la tiniebla.
“Huye de mí, caliente voz de hielo / no me quieras
perder en la maleza / donde sin fruto gimen carne y cielo”.
En este caso, que deja al ex gobernador de Nueva York Spitzer como
un aprendiz de excavador de infiernos personales, nada nuevo tendría
que decir García Lorca. Pero, permítanme
un apunte. A mí, personalmente o sea, lo que más me
llama de la cosa del caso es el nombre del lugar al que, presuntamente,
acudía este señor. Verbigracia, “Casa Alfredo”.
Más allá de la retórica anglosajona de los
reclamos reciamente viriles y diferenciados de la Red, al otro lado
de los abismos de placer situados al Este de Europa del relax en
la prensa del viernes, de nuevo, la visión sumergida de un
piso particular con sábanas demasiado lavadas y papel pintado.
La presencia intangible de todas las enfermedades y los antiguos
temores. La tristeza clandestina de la prisión cotidiana.
El regreso al hogar de siempre a las 8:30 y un despertar que jura
no volver, esta vez ha sido la última vez, lo juro. Todo
acaba en el detalle cutre de Casa Alfredo. Como el bolso de Vuitton
falso presuntamente robado por un policía en Málaga
creyéndolo artículo de lujo. Como el amonal etarra
hallado por una pareja de rumanos de Ciudad Real en una fiambrera.
Como la pelea entre un mosso d´esquadra y un policía
nacional en una pollería. La narcolepsia del buen gusto,
en suma. |
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| (AL
MENOS DURANTE 7 DÍAS)
Morcheeba “Enjoy the
ride” (“Dive deep”) |
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“EL NO SER PERFECTA ME HIERE"
Fíjense si le hería, que acabó metiendo la
cabeza en horno y respirando gas con la misma fruición
con la que Michael Jackson se chuta oxígeno
everyday. Hablamos, sin que venga a cuento de nada, de Sylvia
Plath, porque la poesía es extemporánea
especialmente de la Semana Santa. Recomendamos así pero
mucho reflexionar sobre las consecuencias lírico tanáticas
de comerse mucho el tarro en primavera, y leer un poquito un poema
de esta señora estupendísima titulado “Danzas
nocturnas”. En castellano y en inglés. De nada.
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GREGORIO MARAÑÓN
“En Castelar me ciegan las esferas, de tías que eran
tíos aunque ya no lo parezcan”. Esto lo cantaba Javier
Álvarez. La Castellana es un no lugar abiertamente
hostil, jalonado de glorietas inaccesibles para el peatón
que se atreve a circundarlas. Una carretera de múltiples
vías hacia empresas, bancos, ministerios y otras formas
de prostitución. Verticalidad y angustia. Una de sus posibles
vías de escape son las líneas 7 y 10, opuestas a
la colmena de cristal caliente de Caja Madrid. Cuando llueve,
parece un Tokio que ya no nos quiere.
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Emilio JB
Volatinero del
Periodismo
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