31 de marzo de 2008
Valerie
VALERIE
Esta mujer que ven ahí, perpleja ante sí misma, extrañada ante el desordenado escenario donde actúa su cuerpo, se llama Amy Winehouse. Probablemente ustedes la conozcan por cantar eso de "Nooou, nooou, nouuuu" en una canción donde se niega a rehabilitarse de todas las sustancias inconvenientes con que nutre su alma. Pero es algo más. Esta chica que ustedes observan, diluyendo su alma oscura en una gama inasible entre el blanco y el negro, ha conseguido lanzar sus tres discos a lo más alto de las listas de ventas de un país llamado España donde nadie -acaso afortunadamente- entiende sus letras ígneas que alimentan furias indispensables. Les propongo una cosa: lean los 3 primeros versos de su tema "Back to black" e intenten no flipar ante lo que creían una delicadísima canción de amor. Una pista: se habla de pollas goteantes. Esta mujer que posa con unos adhesivos negros -diríanse pedazos de cinta aislante- en el filo de sus pechos, medita en su inexpresividad el anhelo de quien busca un acorde escondido, aquél que apareció un instante para esfumarse, luego, en el vacío. Acaso todas las verdades fundamentales que intuimos apenas un instante. Si se fijan bien, todos los objetos que la rodean parecen acusar aún más su soledad vertical, cosificándola en un intento de desprestigiar su nula calidad de objeto encarnado. La batería que refleja, deformándolas, sus piernas tan delgadas. La guitarra que reduce su intento de ser más grande separando las extremidades inferiores. E incluso el micrófono, que la apunta acusadoramente en este abrumador silencio de las formas. Y sin embargo, esta chica de 25 años que posa desprovista de sí misma en una campaña contra el cáncer de pecho para una revista británica cuyo nombre contradice toda su existencia, "Easy Living", es un ser ardiente que extrae de su melena silente algunos gramos de cocaína -los suficientes- para sobrevivir a cada exposición de sí misma en un concierto. Un marido encarcelado, un visado que se le niega para entrar en EEUU, drogas, alcohol y un sexo desesperado que finalizan en un cuerpo extremo de obsidiana y ángulos agudos. Y sin embargo, usted escucha esa producción de un impostor llamado Mark Ronson llamada "Valerie", y le entran ganas de vivir aunque sea respirando el último aliento de esta Aretha Franklin de la postmodernidad a punto de ser despedazada por una bandada de objetos petrificados.
(AL MENOS DURANTE 7 DÍAS)
Amy Winehouse "Valerie" ("Back to black")


“LAS PANTALLAS NOS HAN DESTRUIDO"
Philip Roth, gran novelista, dixit. Y uno intuye que es cierto, que en 20 años los lectores serán seres extraños, tan minoritarios e imprescindibles como aquellos que hoy compran y leen libros de poesía. La concentración, el silencio, la pasión por las palabras ("Tus libros son egoístas, Lucas Corso") desaparecerán como lágrimas entre la lluvia. Pero esto no es "Blade Runner". El Messenger mató a los libros. Las páginas no arden a 751 grados Fahrenheit. Para que prendan, basta con situarlas cerca del piloto de encendido de cualquier módem. Todo arde si le aplicas la chispa adecuada.


PIRÁMIDES
Me cuentan que los seguidores colchoneros odian a los hinchas del Real Madrid porque ellos consiguieron que una parada de metro se llamara como su estadio. Los rojiblancos no. A cambio, cuentan con una estación de tres pisos con Cercanías -piensen en lo bonito que es que un tren se llame Cercanías- incluida entre sus alicientes. Fuera, un mundo residencial de cuestas y paisajes serenos. El Pasillo Verde que no fue y casas jóvenes para un mundo cercano al extramuros céntrico. Cuando llueve, dan ganas de sentarse en las aceras.


Emilio JB
Volatinero del
Periodismo