14 de abril de 2008
Sin duque no hay paraíso
SIN DUQUE NO HAY PARAÍSO
“Superemos la crisis entre todos. Miremos el futuro con optimismo”. Yo, se lo juro o sea, he visto una cartulina verde en el cristal de una floristería de la calle Ortega y Gasset que así rezaba. Y era como raro. España, ese lugar, más que al futuro mira a Miguel Ángel Silvestre, lo cual como que le da más punto que observar las cimbreantes caderas de un geranio. En Tele 5, you know, emiten una serie -o algo- llamada “Sin tetas no hay paraíso”. Se trata de una ensalada camp con diálogos descacharrantes, mujeres siliconadísimas que tratan de retener con sus ubérrimos pechos operados al macho narcotraficante de turno escapando así de su paupérrimo destino. Luego hay tiros y sale Armando del Río de inspector de policía, lo cual que también pone al personal. Gustavo Bolívar, autor de la novela polivalente y adaptada con polipasto en varios multipaíses, defiende el valor social y de realismo nada mágico en el que su texto hunde sus colombianas raíces. Desde aquí, Gustavo, no es por desanimarte, pero, te lo digo como te lo siento, tu texto es tan extraño que no son las tetas de Cata y la pelirroja, chaval, lo que ha levantado –glups- la serie. No. Has provocado el primer fenómeno beefcake español, a lo milagro homoerótico y panautonómico. La primera telecosa donde el tío sostiene, ejem, la serie. Miguel Ángel Silvestre es un ex Mister Castellón de 26 años. Trabajó en aquel cutrethriller llamado “Motivos personales” donde todo el mundo quería cargarse a Lydia Bosch –algo supernormal, a mí también me pasa- y comenzó a entrenar el deslizamiento innecesario de camiseta y pantalones hacia la ducha que tan óptimos réditos ha reportado a su economía nada bolera. Andando el tiempo –un año, no se me vayan- protagonizó “La distancia”, una película así como seria donde el siempre recio y todo viril José Coronado encarnaba a un policía tan armarizado como cachondísimo por los bíceps del boxeador asilvestrado. Hoy, debe de ser el DVD más buscado en la FNAC por las niñas –y los niños- post-adolescentes en edad de exploración propia. El tercer paso fue el definitivo. El Duque, de cavernaria y atávica voz –a caballo entre El Padrino y Manuel Manquiña en Airbag- abre brutalmente los picos de audiencia de Tele 5 cada vez que aparece sudado y shirtless dando puñetazos a un saco de arena, o acariciando en ropa interior negra a su Cata rubia. Las revistas del corazón han vampirizado su torso praxitélico –con curva ad hoc- fijándolo a cada una de sus obsesivas portadas semanales, e incluso “Men´s Health”, paradigma de la vigorexia masculina con un tolerado pie en el lado menos straight, le ha convertido en su chico del mes de abril. Si se fijan bien, el six pack de su abdomen es el responsable de esa media sonrisa entre chulesca y desafiante a lo qué guay soy. Creatina, glutamina y genética privilegiada eclosionando en una serie de traquetos excesivamente heterosexuales. No obstante, tengan cuidado con él. Se trata de un tipo sumamente inteligente que distrae al personal afirmando que sus aficiones, en la vida real, son “follar, cocinar y boxear” y esquiva astutamente la respuesta de si sólo hay tetas en sus paraísos personales. Silvestre recibe premios de la revista Shangay y en verano viaja a en soledad al mito azul de la isla de Santorini para dejar de ser nada más que un cuerpo al sol, diluyéndose en la costumbre de la sal y las olas del mar. Es todo lo que quedará cuando esta serie acabe como una extravagancia de 2008 en cualquier cadena de saldos de la TDT. Eso, y la carne inteligente de un Miguel Ángel.
(AL MENOS DURANTE 7 DÍAS)
The Rumble Strips “Girls and boys in love” (“Girls and weather”)


“BRUNO. IT SOUNDS LIKE SOMEONE WHO´S RUBBING THEIR ARMS TO KEEP WARM”.
Todo el mundo ha visto alguna vez la portada de “El niño con el pijama de rayas”. Incluso los ejecutivos aburridos de sí mismos que cargan vanamente en el metro de las grandes ciudades con el mamotreto precocinado de “La catedral del mar” añadiendo aún más peso a su traje mimético de horas infinitas. Y sin embargo, hay adolescentes esperanzados de 17 años -por ejemplo- que viajan al interior luminosamente oscuro del mundo a través de los ojos de Bruno. Y descubren que hay nombres que suenan como el viento cuando sopla en la ciudad.


EL CAPRICHO
Se cumplen 70 años de la Línea Verde. Leiva, cantante de Pereza, todavía vive en la Alameda de Osuna, uno de esos lugares más allá de la M-30 donde, en la infancia, Madrid estaba casi tan lejos como para un veinteañero de provincias. Vías muertas de tren, cansancio y veranos iguales. Pero cabía la posibilidad de comprar una botella de JB y quedar con tus amigos del barrio para acabar con los bakalas de Canillejas. Hay lugares para apropiarse de los recuerdos ajenos. Para seguir componiendo el puzzle de la ciudad inacabable.


Emilio JB
Volatinero del
Periodismo