26 de mayo de 2008
Héroes
HÉROES
Si fijan bien, el hombre de la fotografía está muerto. Paradójicamente, sin embargo, ha estado más vivo que cualquiera de nosotros. A su espalda, hay un mundo de nubes confundido en una indecible extensión de colores fríos, geológicos y definitivos. Al igual que en la escafandra de Neil Armstrong caminando por la Luna, en los cristales polarizados del montañero se refleja la parte fundamental del misterio que a nosotros nunca nos será dado contemplar. Sorprende la perfecta combinación de azules y rojos de su impedimenta acolchada, acaso para tratar de hacerse ver en un mundo de claridades imposibles. En su mano derecha sostiene un tubo que contiene su pequeño lecho de cada noche en este paradisíaco infierno. Con su mano izquierda alza un piolet, desnudo y pequeño, como una limpia declaración de intenciones, una bandera blanca de hierro contra las níveas paredes, acaso para que los dioses desolados que habitan las cumbres del Himalaya sepan de la limpia intención de su alma. De hecho, la expresión de inquietud de su rostro aguarda todavía una respuesta –que nosotros ya conocemos- a dicho saludo. Iñaki Ochoa de Olza escalaba los ochomiles con los que soñaba el protagonista de “Un tranvía en SP” de Unai Elorriaga como si fueran peldaños de un tobogán donde sólo sabía precipitarse su corazón. Si resisten contemplar durante un par de minutos esta fotografía, se darán cuenta de que todas las metáforas son posibles. En la quietud, sólo las huellas de los pasos en el hielo dan cuenta del triunfo. Yo, que en alpinismo sólo sé decir campamento base, quisiera haber estado una vez allí. Ochoa de Olza escaló más de doce ochomiles de nombres fantásticos como el Dhaulagiri. Murió en el Annapurna la semana pasada y uno de sus mejores amigos escribió, como elegía, que Iñaki sentía miedo en los centros comerciales. Cuando llevaba unos minutos entre las tiendas y la gente llamaba por teléfono con su teléfono móvil pidiendo ayuda. Se sentía perdido. Últimamente doy con héroes cuya vida está más allá de mis límites. Pablo M. Díez, joven corresponsal de ABC, escribe con sangre desde Extremo Oriente abriéndose paso a través del apocalipsis del Nargis en Myanmar como los protagonistas de “La carretera” de Cormack McCarthy. Rosa María Calaf avanza por nocturnas autopistas desiertas hacia la zona cero del terremoto chino. Jon Sistiaga describe Corea del Norte desde sus medievales campos desiertos. Y con menos heroicidad, pero similar triunfo vital, Rosa María Molló, corresponsal de TVE en Nueva York y ahora con blog propio, cuenta la vida absolutamente moderna en la capital del mundo con el sonido directo del trajín de la gente y sus aceras. Será el lunes, pero hoy quisiera ser al menos una de las botas de Ochoa de Olza. O una de las líneas de David Cacho que todavía echamos tanto de menos en esta web.
(AL MENOS DURANTE 7 DÍAS)
Death Cab for Cutie “No sunlight” (“Narrow stairs”)


"SIN TACONES NO PUEDO PENSAR"
Dramático, ¿verdad? Victoria Beckam, proteico símbolo y holograma Vogue, dixit. En unas terribles declaraciones, la esposa del modelo de calzoncillos Armani –futbolista, in illo tempore- ha afirmado que no puede ir al gimnasio. En zapatillas de deporte se siente tan nerviosa y poco cool que es incapaz de enlazar sinapsis, provocándose un colapso dendrítico de muy padre y señor mío (suponiendo que sepa lo que fuera ello en cerebral). Josui tiene una seria competidora en esta carrera está pasando lo estás viendo por la cima del pensamiento occidental.


PRÍNCIPE PÍO
Ahora, lo más es que una estación cuente con su propio centro comercial. La antigua y hermosa Estación del Norte de Madrid ha devenido en un mall más donde los novísimos trenes de las líneas 10 y 6 suben a la superficie de los antiguos andenes, agitando el flujo de nuevos clientes. También hay un extraño ramal rojo de cercanías, único en su especie, que comunica con el Palacio Real, vía Ópera. Es un escape.


Emilio JB
Volatinero del
Periodismo