La
solapa
"Aclamado poeta, novelista, dramaturgo, pensador crítico
e insobornable, Antonio Gala ha convertido
La Tronera -obra viva, gestada cada mañana- en una
temida boca de fuego por la que diariamente dispara con seguridad
y acierto contra la mezquindad de nuestra clase política,
examina lúcidamente la actualidad y exige un compromiso
ético, personal y colectivo, con una auténtica
regeneración. En este volumen se recogen las troneras
publicadas en el diario El Mundo desde enero de 1993 hasta
junio de 1996. Una obra necesaria para comprender cuál
es el sentido último de la más reciente historia".
Lo que han dicho
Prólogo
Tanto periodistas como escritores -algunos de ellos
auténticos maestros- han afirmado que el periodismo
es un género literario. No creo que se pueda hacer
esa afirmación de un modo categórico. O, al
menos, no todos los géneros periodísticos pueden
ser considerados literatura. No es que sean más o menos
que una obra literaria; simplemente son disciplinas diferentes,
aunque pertenezcan a un todo mucho más amplio que los
engloba: el noble oficio de escribir.
Por esa razón, no todos los que ejercemos el periodismo
escribimos textos que se puedan considerar obras literarias.
Y no por ese afán de identificar la obra periodística
con la realidad y la literaria con la ficción, que
esa distinción hace ya tiempo que fue superada, sino
más bien por la diferente creatividad de los textos
de uno u otro tipo. Son muchos los periodistas que han entrado
en el mundo de la literatura para escribir obras no necesariamente
relacionadas con el mundo de la información.
Como, parlalelamente, ha habido escritores que han probado
suerte en el ejercicio del periodismo. Los resultados han
sido muy dispares, y tampoco es éste el sitio idóneo
para comentarlos por lo numerosísimo de los intentos
habidos. Pero hay un nombre clave en el desembarco de los
literatos en el reciente periodismo español, y es el
de AntonioGala, quien desde hace años
frecuenta las páginas de revistas y periódicos,
a la vez que su presencia es requerida para intervenir en
emisoras de radio y televisión. Además, a él
siempre le ha acompañado el éxito en su andadura
periodística, como también le ha sucedido en
cuantos géneros literarios ha cultivado. Gala atribuye
el éxito a la sinceridad que pone en su trabajo, algo
imprescindible en el periodismo, mientras que sobre su versatilidad
siempre ha dicho "la vida no me dio la posibilidad de
elegir qué quería ser en el futuro; a cambio
me dio el privilegio de poder escribir en todos los géneros
literarios".
La Tronera es, desde su nacimiento en el diario El Independiente
el 4 de julio de 1989, la experiencia más genuinamente
periodística que ha cultivado Antonio Gala,
pero no la única. El trabajo más parecido a
estos artículos quizá sean los textos de Gala
que bajo el epígrafe "firma y rúbrica"
se emiten semanalmente en el programa Buenos días
de RNE; pero, además de la extensión, los diferencia
la temática; estos trabajos radiofónicos no
siempre son comentarios de tipo periodístico, y cuando
lo son, no abordan los temas desde una perspectiva tan actual
como La Tronera. No obstante, ambas experiencias están
a mucha distancia de los ensayos que, bajo distintos títulos
y en diferentes semanarios (Sábado gráfico,
EL País Semanal), publica este autor cordobés
desde hace mucho tiempo. Tampoco tiene relación con
los guiones televisivos que escribió hace unas década
para TVE, como Si las piedras hablaran o Paisaje
con figuras. Estas obras son relatos literarios de temática
histórica, y su única relación con el
periodismo es el hecho de utilizar un medio común para
llegar al público.
Primero en El Independientes y actualmente en El
Mundo, la Tronera es una lección de periodismo
diaria. Es una obra periodística en estado puro, por
su apego a la realidad cambiante de la información
y por tener un sentido crítico que le lleva a la rebeldía.
Es el compormiso ético personal de un periodista de
lujo con sus lectores -cientos de miles-, que en no pocas
ocasiones ha sido enarbolado como bandera, unas veces por
su propio medio de comunicación, y en muchas ocasiones
por sus lectores, que de alguna manera han adquirido así
la condición de militantes. Y, créanme, pocos
escritores-periodistas pueden disfrutar de esa situación
privilegiada, ganada, por otra parte, en un pulso diario con
la realidad.
Con La Tronera, Antonio Gala ofrece una visión crítica
y profunda de la actualidad en unas pocas frases. Es el texto
que le gustaría escribir a cualquier editorialista
de un diario, por su claridad, concisión y rotundidad.
En esas breves diez líneas, Gala analiza una noticia
del día y toma postura sobre ella, sin dogmatismos
ni enrevesamientos. Por eso ha popularizado un género
periodístico que ya existía con anterioridad:
su impecable forma de escribir, que siempre levanta pasiones,
ha llevado hasta esa pequeña ventana diaria a miles
de lectores.
¿Y cuál es, si es que lo tiene, el secreto de
ese éxito? Quizá habría que preguntárselo
al propio Gala, e ignoro si él mismo nos contestaría.
A buen seguro que guarda relación con dos factores
muy personales. El primero de ellos es el enorme conocimiento
de su idioma y la vasta formación cultural que tiene
Antonio Gala, lo que hace que sus artículos birillen
con una luz propia casi cegadora en cualquier revista o periódico.
Y segundo, el compromiso personal que preside desde sus escritos,
y que le permite tomar partido por la ética ante cualquier
acontecimiento. En resumen, los lectores valoran enormemente
la pulcritud de La Tronera, y la independencia y sentido ético
de los que parten esos artículos.
Pero el espíritu crítico desde el que son concebidos
estos breves textos no reside en un afán meramente
denunciador o destructivo, sino en la esperanza de alcanzar
un futuro mejor a través de la rectificación,
de una regeneración de la clase política y su
ejercicio que recuperará, como dice Antonio Gala, "la
ilusión de 1982". Tras La Tronera late el convencimiento
de que la denuncia de la injusticia o la ilegalidad es el
primer paso para superarlas. Y de ahí surge la apuesta
ética de estos escritos, que rebosan esperanza en la
sociedad civil desde la creencia en que sólo ella puede
decidir su propio futuro. Pero partiendo de que la información
y la experiencia pueden ayudar a no cometer errores o, en
su caso, a no repetirlos. Y, desde luego, a que los ciudadanos
no vivan indefensos ante la actuación de los que les
gobiernan por el mero hecho de que éstos pasen por
las urnas cada cuatro años.
Esa es la razon de que La Tronera sea, sobre todo, un artículo
de contenido político. La actualidad es la que manda
en estos escritos, y aquélla está plagada de
actos y decisiones políticas que pueden o no ser acertadas,
pero que siempre merecen un breve comentario. Por eso, Antonio
Gala asume su doble condición de observador privilegiado
de la realidad cotidiana y de articulista crítico con
los acomodos de los gobernantes. Y de esta forma nacen las
opiniones más duras que se hayan escrito sobre los
sucesivos casos de corrupción que los medios de comunicación
han descubierto en España, las censuras más
contudentes a los gobernantes apoltronados, las más
bellas palabras de fe en los ciudadanos de este país
y de apoyo a los trabajadores que padecen esos desgobiernos,
o la denuncia más radical de las situaciones de marginación
e injusticia que tienen que sufrir muchas personas a las puertas
del siglo XXI sólo por su sexualidad, raza o religión.
En suma, la confianza en la plena vigencia de la ideología
y en la posibilidad de un gestión honesta, contra lo
que defienden los actuales profesionales de la política,
constituyen la base de unos textos que brotan a chorros de
un corazón de izquierdas cuyos ideales son la justicia,
la libertad, la solidaridad y la fraternidad entre los hombres.
Y así nacen unas palabras que los lectores ven casi
como propias. En muchas ocasoines, los lectores de El
Mundo, y antes los de El Independiente -ya he
dicho que algo tienen de militantes-, sienten esas líneas
como algo que les habría gustado decir pero no encontraban
la forma de hacerlo. De ahí viene esa actitud que a
veces ha criticado el propoi Gala, cuando mcuhas personas
le han dicho "Grita tú por nosotros, Antonio";
a lo que el escritor responde que deben gritar todos para
ser mejor escuchdos. Desde su ventana diaria orientada a la
realidad, Antonio Gala ha asumido ese papel que, le guste
o no, le otorgan miles de españoles, y cada mañana,
en las páginas de El Mundo, grita a os que
nos gobiernan, a los que quieren gobernarnos y a quien haga
falta, todo lo que, como él, muchísimos ciudadanos
de este país querríamos decirles, pero de una
forma en que sólo él sabe hacerlo.
Cada tronera empieza y acaba en sí misma, pero a la
vez forma parte de una obra mayor, que crece diariamente.
Este volumen reúne las que aún no habían
sido recopiladas, desde enero de 1993 hasta junio de 1996.
Los textos han pasado por una pequeña selección,
en la que han quedado excluidos únicamente los referidos
a cuestiones que despertaron interés sólo en
el momento de su publicación, que, como puede apreciarse,
son una mínima parte. Las troneras han sido ordenadas
cronológicamente, la manera más lógica
en un trabajo periodístico, y el volumen incluye un
apéndice temático en el que se han clasificado
los artículos por su contenido: son unos ciento veinte
temas que van desde las cuestioens más permanentes
(amor, la guerra, la religión, la tolerancia...) hasta
otras más actuales e igualmetne interesantes (el gobierno,
la corrupción, la situación económica...).
Compartiendo actualidad pero en un plano aún más
concreto, también se incluyen otros temas (GAL, caso
Arny, fondos reservados...) y nombres de personajes y partidos
político. Este apéndice será muy útil
para todos aquellos que deseen conocer la opinión de
Antonio Gala sobre cualquiera de las muchas cuestiones que
deparado la actuliadad diaria en esos tres años y medoi:
un pedazo importante de nuestra historia reciente bajo la
lupa de uno de los comentaristas con más credibilidad
de este país.
José María Gala
Un texto
El mono y el libro
Mi verdadera pasión turca es la lectura: no de lo que
escribo yo, sino de lo que otros escribieron. Soy, pues, parte
interesada; mi testimonio es muy parcial. Para mí el
libro es una pértiga que permite dar saltos inimaginables
en el espacio y en el tiempo; el testigo del a más
hermosa carrera de relevos; un infalible e íntimo amigo
silenciosos. Pero, de no ser yo así, ignoro si me animaría
a empezar a leer la recomendación de un mono, por muy
próximo a mí que los sienta; o quizá
me ofendiera. En todo caso, los libros me parecen un buen
procedimiento de superar al mono y sus ofensas. No sé
de otro mejor, ni que os humanice en mayor grado". (20-III-03)
Fiesta del libro
Se ha dicho: el fin de la literatura ha llegado; los homrbes
aprenden escuchando y mirando; la imagen tomó posesión
del a cultura. no lo puedo creer. Acaricio los libros y pienso
que ellos siguen siendo pontífices; abaten, al abrirlos,
sus puentes levadizos entre una y otra época, uno y
otro país, una y otra alma, una y otra opinión.
El lector necesita ser su cómplice, hundirse en ellos,
colaborar con ellos y ofrecérseles: aquí no
basta la pasividad. A cambio recibir lo mejor de otro ser:
una compañía, que el autor no le habría
proporiconado ni con su convivencia, por encima del espacio
y del tiempo... "Oh, bienaventurado/albergue a cualquier
hora" (23-IV-1996)
Callejón sin salida
Hablemos claro: Berlusconis pueden producirse en cualquier
país donde existan monopolios virtuales de la comunicación.
Aquí mismo, unos caen y otros crecen, cosa arriesgada
con un presidente acorralado y en peligro. A falta de pensamiento,
triunfa el espectáculo, y la televisión es el
más artero, cotidiano e inmediato de todos. No porque
la imagen valga hoy más que la inteligencia, sino porque
la inteligencia no aparece. Cuando no hay nadie valioso que
lo guíe, el pueblo elige alguien que lo divierta y
esté siempre presente. Quien maneje los medios manejará
el poder. Hasta la Iglesia pide ya una cadena. Contra el desabarajuste
sólo cabría el uso de la razón en escrito
sentido: pero éste también, para hacerse público,
requiere de los medios. Caput. (17-IV-1994)
Antonio Gala.
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