La
solapa
Carmen Rico-Godoy nunca escribió sus
memorias, pero sus miles de fieles lectores saben que sus
artículos políticos, publicados en el periódico
Diario 16 y en la revista Cambio 16, hablan de ella y de su
manera de entender -y a menudo no entender- el mundo. Todos
ellos conforman una suerte de crónica ácida,
certera y desternillante de veinte años que cambiaron
la historia de España, y también el legado de
una periodista con una visión única e irrepetible.
La selección, forzosamente incompleta, que contiene
este libro, refleja la personalidad de los cuatro presidentes
del Gobierno -Suárez, Calvo-Sotelo,
González y Aznar- y otras
hierbas que han pululado por el palacio de la Moncloa: ministros,
líderes de la oposición, fontaneros, portavoces,
cancilleres extranjeros... Siempre bajo la sombra del ficus,verdadero
protagonista de la Transición, testigo de situaciones
disparatadas, conversaciones brillantes y pactos inesperados.
Las ilustraciones de Gallego&Rey, así
como los textos de algunos de sus grandes amigos -Pilar
Cernuda, Felipe González, Pepe Oneto,
Maruja Torres y Ricardo Utrilla-
completan una obra que, sin duda, es el mejor regalo que podía
dejarnos la autora de Fin de fiesta y Tres mujeres. El testimonio
único de su paso por la vida que, como ella afirmaba,
resulta siempre "estupenda y decepcionante".
Lo que han dicho
Prólogo
El público de hoy conoce a Carmen
Rico-Godoy (en el siglo, Carmen Rico Carabias,
1939-2001) ante todo como una autora de libros de éxito,
relatos novelados de la vida cotidiana rebosantes de observación
e ironía sobre la ambigua y complicada situación
de las mujeres -y también de los hombres- en los años
finales del siglo XX.
Pero justamente el enorme éxito y difusión de
sus ocho libros publicados, desde Cómo ser una mujer
y no morir en el intento (1990) hasta Fin de fiesta (2001),
eclipsaron quizá su trabajo anterior en el semanario
Cambio 16 y el periódico Diario 16, donde se había
revelado, desde mediados de los años setenta, como
una de las figuras más originales e irresistibles del
humor político de su tiempo.
Es sabido que la obra periodística es efímera
por definición y que son muy pocos los esclavos de
la hora del cierre y los comentaristas de la rabiosa actualidad
capaces de retener la atención del lector no ya años,
sino meses e incluso días después de publicado
un artículo. También es preciso hacerse eco
de la leyenda según la cual el humor es el estilo más
efímero dentro de este género efímero.
Sin embargo, hay excepciones, y una de ellas -en mi no por
modesta, menos informada opinión- es Carmen Rico-Godoy.
El lector de esta pequeña antología de artículos
publicados entre 1976 y 1996 juzgará por sí
mismo, pero queda avisado de evitar su lectura en lugares
públicos (una persona riéndose sola siempre
resulta sospechosa de enajenación mental) o durante
ataques de insomnio, cuando corre el riesgo de sentirse impelido
a despertar a su compañero de lecho para leerle en
voz alta una de sus deternillantes parodias de los consejos
de ministros presididos por Felipe González,
por ejemplo, o las opiniones del ficus de La Moncloa -sin
duda, uno de los personajes más divertidos de la Transición.
El humor de Carmenchu -que nunca fue una persona especialmente
"graciosa", como saben todos los que la conocieron
bien- tiene, antes que nada, un código genético,
resultante de mezclar la vis literaria de nuestra madre, Josefina
Carabias, con la mala leche de nuestro padre, José
Rico-Godoy, y luego unas fuentes de inspiración,
o desencadenantes, que no están tanto en Le Carnard
Enchaîne, como ella pretendía hacer creer (embarullar
las pistas siempre fue uno de sus deportes favoritos), sino
en la revista americana Mad, que empezó a devorar a
los quince años, y en el At Buchwald de los años
cincuenta y sesenta. Antes de eso, cuando aún era una
niña, se divertía tanto con La Codorniz como
con lo que nuestra madre llamaba "La Codorniz viviente"
(Evaristo Acevedo, Álvaro
de Laiglesia, Miguel Mihura y Enrique
Jardiel Poncela), que a veces venían por casa,
pero de quienes sobre todo escuchaba las cosas que mi madre
contaba, muerta de risa, al volver de las tertulias.
Pero es indudable que su humor, aunque a veces se acerca en
abstracción y surrealismo al de aquellos maestros,
se apoya más en la realidad, incluso en la actualidad,
entre otras cosas porque le tocaron, por suerte, unos tiempos
en que el humor no era un recurso para poder decir lo que
no se podía decir en serio, sino otra manera de mirar
y de decirlo. En aquellos años en que uno de cada tres
días era "histórico" y en que los
comentaristas de los periódicos se entregaban sin freno
al sermón democrático o al lamento desencantado,
Carmenchu se echó al humor como Tejero
se echó al Congreso: instintivamente y sin pensar en
las consecuencias.
Las consecuencias fueron enseguida evidentes: no iba a comerse
una sola rosca en el mundo del periodismo. Muchos lectores,
mucho nombre, muchas felicitaciones, muchas cartas de literatos
ilustres hablando de la expresividad de su lenguaje y hasta
alguna que otra tesis doctoral. Pero un sueldo anémico,
ridículos ascensos en la casa que ella había
contribuido a fundar y, sobre todo, a "hacer", y
a la que se mantuvo fiel hasta su patética disolución
final, poquísmos "bolos" y ni un solo premio
(hasta el Cuco Cercedo en 1996, cuando llevaba veinticinco
alños escribiendo, que fue el único que recibió
en su vida).
Aunque quizás lo que más le dolía de
todo era que, cuando se hablaba de humor en la prensa (y se
organizaban mesas redondas o triangulares, coloquios, libros
de recopilaciones o juegos florales varios), se pensara exclusivamente
en el humor gráfico, que floreció en esa época
y que ella admiraba (de siempre a Mingote,
luego a Forges, Chumy, Gallego y Rey y Ballesta,
con quien durante tantos años compartió página
en Cambio 16, entre otros muchos), y nunca, o casi nunca,
en el humor escrito.
Al final huyó del humor puro -como también lo
hicieron a tiempo su comadre Maruja Torres
y casi todos sus colegas de Hermano Lobo-, que le suponía
un esfuerzo mucho mayor que escribir "en serio"
y, tras su éxito de Cómo ser una mujer..., se
dedicó fundamentalmente a sus libros, también
cargados de humor, aunque no en la forma tan acabada y redonda
de sus artículos y, durante un tiempo, a tantear las
posibilidades del guión cinematográfico (Los
pazos de Ulloa, La noche más larga, y los tres del
ciclo Cómo ser una mujer..., entre otros). Pero el
cine, incluso el guión de cine, es siempre una empresa
colectiva en la que al menos treinta personas tienen, por
contrato y por fastidiar, derecho a meter la cuchara en cualquier
momento. Carmen casi nunca se reconocía en el producto
final y terminó por desanimarse.
Yo siempre pensé que fue una pena que mi hermana hubiera
vivido una época en la que el teatro estaba en una
decadencia tan acusada porque, de haber madurado cuarenta
o cienta años antes, el teatro hubiera sido el ámbito
natural para el desarrollo de su talento, como lo fue para
tantos humoristas de generaciones anteriores.
Su hijo José Manuel Garsino ha pasado
por el calvario de seleccionar esta pequeña muestra
de entre los casi dos mil artículos publicados; calvario
porque cada risa aumentaba el dolor, aún vivo, punzante
y cabrón de una muerte prematura.
Mercedes Rico
Necesaria Carmen
Al releer los artículos de Carmen Rico-Godoy
sobre el ascenso de José María Aznar
a la que ella pudo llamar "el Zaraznato", me ha
abrumado una invencible nostalgia por la escritora, por la
mujer que fue y que tan fielmente refleja en estas páginas.
Páginas que contienen, junto con el terrorífico
hilo argumental que las recoge -la subida de don Josemari
a los cielos del poder-, un ácido e implacable retrato
del líder y, por confrontación, una declaración
de principios. Los lectores podrán reír con
lo que escribió Carmen acerca del primer Aznar. Pero
tendrán que ponerse muy serios también, porque
serios son los asuntos que Rico-Godoy denuncia. el autoritarismo,
la mediocridad, la insustancialidad política, el oportunismo.
Justo lo contrario de lo que ella pensaba, de lo que ella
era.
Conocí a Carmen hace muchos años, en los setenta,
con Franco todavía vivo y un Cambio 16 que era la luz
informativa en la que Rico-Godoy brillaba con luz propia.
Resulta que yo estaba entonces en Por favor y un empresario
quiso reunirnos en una revista femenina diferente, uno de
tantos proyectos que se hicieron en aquella época y
que no llegaron a cuajar. Pero, al menos, nos conocimos personalmente.
Años más tarde, recién destapada la democracia,
volvimos a encontrarnos. Ahora en platós de cine, adonde
a las dos nos llevaron asuntos del corazón de los que,
por cierto, esutvimos riéndonos la última vez
que nos vimos, en el último junio de su vida.
Me gustaba Carmen. No sólo cómo escribía
-y era imprescindible, lo sigue siendo- sino su forma de ser.
Era fuerte e indolente a la vez. Tenía estilo como
para llenar varios Vogue y con las sobras restaurar la Casa
Blanca. Su espíritu burlón se afinaba en la
esgrima. Tenía gracia, no la que emana de la facilidad
para el chiste -que también la tenía-, sino
del discurrir inteligente, que era su mejor arma. "Jugo
de cerebro", solía llamarlo. "Yo vendo jugo
de cerebro", decía.
Era dueña, además, de un alma genrosa. Y respetaba.
Esto lo supe cuando trabajé con ella, porque en la
azarosa historia profesional que me tocó vivir hasta
finales de los ochenta, una de las mejores etapas fue mi paso
por la redacción de Cambio 16. Carmen y yo estábamos
sentadas lejos, cada una a un lado del pasillo y en extremos
opuestos. Cuando ella llegaba para escribir su columna, solía
detenerse unos minutos ante mi mesa para esas breves charlas
entre colegas en las que se dice menos de lo que se piensa
pero se entiende todo.
Siembre fue una compañera leal. Cuando supo que su
fin se acercaba, me propuso que almorzáramos un día.
"Tú y yo nos queremos mucho y nos vemos poco",
dijo, a modo de explicación. Me dejó aquel encuentro
para que abrochara el recuerdo, y su imagen serena, elegante
como siempre, su aguda inteligencia, más deslumbrante
quenunca.
La echo de menos. Era muy lista. Por ejemplo, escribió
estos artículos antes de que José María
Aznar y los suyos protagonizaran la "Operación
Centro Infinito" que tuvo anestesiado a este país
durante una legislatura y pico, con la inestimable ayuda de
los medios afines al Gobierno. Reflejan, por tanto, la opinión
que Aznar y los suyos inspiraron a Rico-Godoy durante los
últimos tiempos de oposición y los primerísimos
de gobierno. Y, sin emabrgo, podrían haber sido escritos
hoy, pues hablan de la forma en que Aznar ejerce el poder
en esta época de endiosamiento, de caída de
caretas centristas, de desdén de los gobernantes hacia
sus gobernados de ideas contrarias.
Carmen Rico-Godoy debería hallarse entre nosotros,
poniendo sus afiladas y atinadas palabras a lo que está
courriendo y lo que queda por ocurrir. No lo está,
y ésa es nuestra pena. Consolémonos leyendo
su legado.
Maruja Torres
Un texto
En el palacio de la Monclova
Tenemos un nuevo Gobierno que parece un cuento de hadas:
"Al cabo de un RATO escucháronse en el patio de
PALACIO el sonido de los CASCOS de un corcel montado por una
extraña figura revestida de armadura de guerra, que
dijo venir de parte de MARISCAL DE GANTE con cartas urgentes.
Exigióle el guardia de la puerta que presentara credenciales,
por lo que la extraña figura dejó asomar la
OREJA que tenía la inequívoca marca del lema
de su casa: RAHO-HOY, y así el guardián permitióle
acceder al recinto.
Desposeyóse la figura de parte de la armadura, viendo
los allí presentes con asombro que tratábase
de una mujer con enagua de PIQUÉ, AGUIRRES de seda
y ROMAYS de encaje, que llevaba alforjas que dijo estar repletas
de TOCINO y mantequilla ARIAS. Colgando del ancho cinturón
una sierra a la que le faltaba un diente y por lo que se llamaba
SERRA. Dijo la extraña dama amazona provenir de un
pueblo llamado RIDRUEJO y ser conocida por MÓNICA desde
pequeña por su gran belleza y que hacía muchas
lunas que viajaba por extraños países entre
ellos el mítico JASP, lo que hizo temblar a todos los
allí presentes por las horribles cosas que se contaban
de aquellas lejanas tierras. Exigió la amazona viajera
ser recibida sin más tardanza o entretenimiento por
el gran ZARAZNAR y su consorte la gran duquesa sajona ANNA
BOTTLE. A tal fin fue conducida a través de las ARENAS
por el Príncipe de las Islas ABELMA TUTES.
Ya en presencia del Gran Zaraznar y Ann Bottle, habiéndoles
hecho entrega de los presentes, dispusiéronse todos
a degustar un refrigerio de patatas MATUTANO, regado con finos
caldos de VALLADOLID. Y dieron comienzo a una entretenida
conversación en la que MÓNICA deleitó
a los allí presentes relatando con todo lujo de detalles
las aventuras y desventuras de los nativos de JASP, que fueron
muy aplaudidas por la gracia y desparpajo de la joven amazona.
Dijo MÓNICA, por ejemplo, que por aquellos pagos conoció
a un conspicuo caballero con una mecha blanca en el pelo que
facía y desfacía entuertos entre los nativos.
Le llamaban GARZÓN por el gran tamaño de su
garza, lo que fizo reír a los asistentes. También
habluvo la desenvuelta MÓNICA de otro hombre que parece
llegó a nado y, tal era el esfuerzo que realizó
para salvar su pellejo, que los lugareños llamábanle
POR CONSIGUIENTE; pues sólo tal cosa acertaba a decir
en el periodo de despresurización en el que se encontraban.
Todo ello fizo reír a los asistentes que se revolcaban
por las ARENAS, a causa de las carcajadas y también
por los caldos de VALLADOLIZ.
Relató la amazona, de la misma guisa, cómo había
traído de sus viajes más de cuarenta búhos
para MARISCAL DE GANTE y enriquecer así el gran patrimonio
de la casa, que no había otro igual en cien mil leguas
a la redonda, habiendo llegado a conseguir el ideal utópico
de "un hombre, un búho", lema de la legendaria
y honorable familia.
Interesóse después MÓNICA por la salud
y el estado de ánimo de sus anfitriones, y la elegante
gran duquesa sajona ANNA BOTTLE sinceróse y pusose
a derramar lágrimas, por los inconvenientes que el
nuevo Palacio de la Monclova presentaba para una familia de
su rango y condición, ante lo que Zaraznar no pudo
contener su disgusto y confesóle tras un RATO de darle
al TRILLO que "si lo sé no vengo", lo que
causó gran desolación en los allí presentes.
Todo ello indujo al gran chambelán JORDI PUJOL y su
portamolinillos MOLINS que sacaron burbujeantes cavas de reserva
para consolar a tan distinguida concurrencia allí reunida,
obligándoles a brindar al grito de "Salut y força
al canut!", con lo que regresó la alegría
entre los presentes.
Y colorín colorado, a MÓNICA la dieron el ducado
de Prado del Reír por el buen Rato que les fizo pasar.
Carmen Rico-Godoy
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