vvela@sincolumna.com

:: Inicio >> La estantería >> Libro

BAJO EL FICUS DE LA MONCLOA
Carmen Rico-Godoy
Temas de hoy, 2002. 319 páginas

La solapa
Carmen Rico-Godoy nunca escribió sus memorias, pero sus miles de fieles lectores saben que sus artículos políticos, publicados en el periódico Diario 16 y en la revista Cambio 16, hablan de ella y de su manera de entender -y a menudo no entender- el mundo. Todos ellos conforman una suerte de crónica ácida, certera y desternillante de veinte años que cambiaron la historia de España, y también el legado de una periodista con una visión única e irrepetible.
La selección, forzosamente incompleta, que contiene este libro, refleja la personalidad de los cuatro presidentes del Gobierno -Suárez, Calvo-Sotelo, González y Aznar- y otras hierbas que han pululado por el palacio de la Moncloa: ministros, líderes de la oposición, fontaneros, portavoces, cancilleres extranjeros... Siempre bajo la sombra del ficus,verdadero protagonista de la Transición, testigo de situaciones disparatadas, conversaciones brillantes y pactos inesperados.
Las ilustraciones de Gallego&Rey, así como los textos de algunos de sus grandes amigos -Pilar Cernuda, Felipe González, Pepe Oneto, Maruja Torres y Ricardo Utrilla- completan una obra que, sin duda, es el mejor regalo que podía dejarnos la autora de Fin de fiesta y Tres mujeres. El testimonio único de su paso por la vida que, como ella afirmaba, resulta siempre "estupenda y decepcionante".


Lo que han dicho
Prólogo
El público de hoy conoce a Carmen Rico-Godoy (en el siglo, Carmen Rico Carabias, 1939-2001) ante todo como una autora de libros de éxito, relatos novelados de la vida cotidiana rebosantes de observación e ironía sobre la ambigua y complicada situación de las mujeres -y también de los hombres- en los años finales del siglo XX.

Pero justamente el enorme éxito y difusión de sus ocho libros publicados, desde Cómo ser una mujer y no morir en el intento (1990) hasta Fin de fiesta (2001), eclipsaron quizá su trabajo anterior en el semanario Cambio 16 y el periódico Diario 16, donde se había revelado, desde mediados de los años setenta, como una de las figuras más originales e irresistibles del humor político de su tiempo.

Es sabido que la obra periodística es efímera por definición y que son muy pocos los esclavos de la hora del cierre y los comentaristas de la rabiosa actualidad capaces de retener la atención del lector no ya años, sino meses e incluso días después de publicado un artículo. También es preciso hacerse eco de la leyenda según la cual el humor es el estilo más efímero dentro de este género efímero. Sin embargo, hay excepciones, y una de ellas -en mi no por modesta, menos informada opinión- es Carmen Rico-Godoy.

El lector de esta pequeña antología de artículos publicados entre 1976 y 1996 juzgará por sí mismo, pero queda avisado de evitar su lectura en lugares públicos (una persona riéndose sola siempre resulta sospechosa de enajenación mental) o durante ataques de insomnio, cuando corre el riesgo de sentirse impelido a despertar a su compañero de lecho para leerle en voz alta una de sus deternillantes parodias de los consejos de ministros presididos por Felipe González, por ejemplo, o las opiniones del ficus de La Moncloa -sin duda, uno de los personajes más divertidos de la Transición.

El humor de Carmenchu -que nunca fue una persona especialmente "graciosa", como saben todos los que la conocieron bien- tiene, antes que nada, un código genético, resultante de mezclar la vis literaria de nuestra madre, Josefina Carabias, con la mala leche de nuestro padre, José Rico-Godoy, y luego unas fuentes de inspiración, o desencadenantes, que no están tanto en Le Carnard Enchaîne, como ella pretendía hacer creer (embarullar las pistas siempre fue uno de sus deportes favoritos), sino en la revista americana Mad, que empezó a devorar a los quince años, y en el At Buchwald de los años cincuenta y sesenta. Antes de eso, cuando aún era una niña, se divertía tanto con La Codorniz como con lo que nuestra madre llamaba "La Codorniz viviente" (Evaristo Acevedo, Álvaro de Laiglesia, Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela), que a veces venían por casa, pero de quienes sobre todo escuchaba las cosas que mi madre contaba, muerta de risa, al volver de las tertulias.

Pero es indudable que su humor, aunque a veces se acerca en abstracción y surrealismo al de aquellos maestros, se apoya más en la realidad, incluso en la actualidad, entre otras cosas porque le tocaron, por suerte, unos tiempos en que el humor no era un recurso para poder decir lo que no se podía decir en serio, sino otra manera de mirar y de decirlo. En aquellos años en que uno de cada tres días era "histórico" y en que los comentaristas de los periódicos se entregaban sin freno al sermón democrático o al lamento desencantado, Carmenchu se echó al humor como Tejero se echó al Congreso: instintivamente y sin pensar en las consecuencias.

Las consecuencias fueron enseguida evidentes: no iba a comerse una sola rosca en el mundo del periodismo. Muchos lectores, mucho nombre, muchas felicitaciones, muchas cartas de literatos ilustres hablando de la expresividad de su lenguaje y hasta alguna que otra tesis doctoral. Pero un sueldo anémico, ridículos ascensos en la casa que ella había contribuido a fundar y, sobre todo, a "hacer", y a la que se mantuvo fiel hasta su patética disolución final, poquísmos "bolos" y ni un solo premio (hasta el Cuco Cercedo en 1996, cuando llevaba veinticinco alños escribiendo, que fue el único que recibió en su vida).
Aunque quizás lo que más le dolía de todo era que, cuando se hablaba de humor en la prensa (y se organizaban mesas redondas o triangulares, coloquios, libros de recopilaciones o juegos florales varios), se pensara exclusivamente en el humor gráfico, que floreció en esa época y que ella admiraba (de siempre a Mingote, luego a Forges, Chumy, Gallego y Rey y Ballesta, con quien durante tantos años compartió página en Cambio 16, entre otros muchos), y nunca, o casi nunca, en el humor escrito.

Al final huyó del humor puro -como también lo hicieron a tiempo su comadre Maruja Torres y casi todos sus colegas de Hermano Lobo-, que le suponía un esfuerzo mucho mayor que escribir "en serio" y, tras su éxito de Cómo ser una mujer..., se dedicó fundamentalmente a sus libros, también cargados de humor, aunque no en la forma tan acabada y redonda de sus artículos y, durante un tiempo, a tantear las posibilidades del guión cinematográfico (Los pazos de Ulloa, La noche más larga, y los tres del ciclo Cómo ser una mujer..., entre otros). Pero el cine, incluso el guión de cine, es siempre una empresa colectiva en la que al menos treinta personas tienen, por contrato y por fastidiar, derecho a meter la cuchara en cualquier momento. Carmen casi nunca se reconocía en el producto final y terminó por desanimarse.

Yo siempre pensé que fue una pena que mi hermana hubiera vivido una época en la que el teatro estaba en una decadencia tan acusada porque, de haber madurado cuarenta o cienta años antes, el teatro hubiera sido el ámbito natural para el desarrollo de su talento, como lo fue para tantos humoristas de generaciones anteriores.

Su hijo José Manuel Garsino ha pasado por el calvario de seleccionar esta pequeña muestra de entre los casi dos mil artículos publicados; calvario porque cada risa aumentaba el dolor, aún vivo, punzante y cabrón de una muerte prematura.
Mercedes Rico

Necesaria Carmen
Al releer los artículos de Carmen Rico-Godoy sobre el ascenso de José María Aznar a la que ella pudo llamar "el Zaraznato", me ha abrumado una invencible nostalgia por la escritora, por la mujer que fue y que tan fielmente refleja en estas páginas. Páginas que contienen, junto con el terrorífico hilo argumental que las recoge -la subida de don Josemari a los cielos del poder-, un ácido e implacable retrato del líder y, por confrontación, una declaración de principios. Los lectores podrán reír con lo que escribió Carmen acerca del primer Aznar. Pero tendrán que ponerse muy serios también, porque serios son los asuntos que Rico-Godoy denuncia. el autoritarismo, la mediocridad, la insustancialidad política, el oportunismo. Justo lo contrario de lo que ella pensaba, de lo que ella era.

Conocí a Carmen hace muchos años, en los setenta, con Franco todavía vivo y un Cambio 16 que era la luz informativa en la que Rico-Godoy brillaba con luz propia. Resulta que yo estaba entonces en Por favor y un empresario quiso reunirnos en una revista femenina diferente, uno de tantos proyectos que se hicieron en aquella época y que no llegaron a cuajar. Pero, al menos, nos conocimos personalmente. Años más tarde, recién destapada la democracia, volvimos a encontrarnos. Ahora en platós de cine, adonde a las dos nos llevaron asuntos del corazón de los que, por cierto, esutvimos riéndonos la última vez que nos vimos, en el último junio de su vida.

Me gustaba Carmen. No sólo cómo escribía -y era imprescindible, lo sigue siendo- sino su forma de ser. Era fuerte e indolente a la vez. Tenía estilo como para llenar varios Vogue y con las sobras restaurar la Casa Blanca. Su espíritu burlón se afinaba en la esgrima. Tenía gracia, no la que emana de la facilidad para el chiste -que también la tenía-, sino del discurrir inteligente, que era su mejor arma. "Jugo de cerebro", solía llamarlo. "Yo vendo jugo de cerebro", decía.

Era dueña, además, de un alma genrosa. Y respetaba. Esto lo supe cuando trabajé con ella, porque en la azarosa historia profesional que me tocó vivir hasta finales de los ochenta, una de las mejores etapas fue mi paso por la redacción de Cambio 16. Carmen y yo estábamos sentadas lejos, cada una a un lado del pasillo y en extremos opuestos. Cuando ella llegaba para escribir su columna, solía detenerse unos minutos ante mi mesa para esas breves charlas entre colegas en las que se dice menos de lo que se piensa pero se entiende todo.

Siembre fue una compañera leal. Cuando supo que su fin se acercaba, me propuso que almorzáramos un día. "Tú y yo nos queremos mucho y nos vemos poco", dijo, a modo de explicación. Me dejó aquel encuentro para que abrochara el recuerdo, y su imagen serena, elegante como siempre, su aguda inteligencia, más deslumbrante quenunca.

La echo de menos. Era muy lista. Por ejemplo, escribió estos artículos antes de que José María Aznar y los suyos protagonizaran la "Operación Centro Infinito" que tuvo anestesiado a este país durante una legislatura y pico, con la inestimable ayuda de los medios afines al Gobierno. Reflejan, por tanto, la opinión que Aznar y los suyos inspiraron a Rico-Godoy durante los últimos tiempos de oposición y los primerísimos de gobierno. Y, sin emabrgo, podrían haber sido escritos hoy, pues hablan de la forma en que Aznar ejerce el poder en esta época de endiosamiento, de caída de caretas centristas, de desdén de los gobernantes hacia sus gobernados de ideas contrarias.

Carmen Rico-Godoy debería hallarse entre nosotros, poniendo sus afiladas y atinadas palabras a lo que está courriendo y lo que queda por ocurrir. No lo está, y ésa es nuestra pena. Consolémonos leyendo su legado.
Maruja Torres

Un texto


En el palacio de la Monclova
Tenemos un nuevo Gobierno que parece un cuento de hadas:
"Al cabo de un RATO escucháronse en el patio de PALACIO el sonido de los CASCOS de un corcel montado por una extraña figura revestida de armadura de guerra, que dijo venir de parte de MARISCAL DE GANTE con cartas urgentes. Exigióle el guardia de la puerta que presentara credenciales, por lo que la extraña figura dejó asomar la OREJA que tenía la inequívoca marca del lema de su casa: RAHO-HOY, y así el guardián permitióle acceder al recinto.

Desposeyóse la figura de parte de la armadura, viendo los allí presentes con asombro que tratábase de una mujer con enagua de PIQUÉ, AGUIRRES de seda y ROMAYS de encaje, que llevaba alforjas que dijo estar repletas de TOCINO y mantequilla ARIAS. Colgando del ancho cinturón una sierra a la que le faltaba un diente y por lo que se llamaba SERRA. Dijo la extraña dama amazona provenir de un pueblo llamado RIDRUEJO y ser conocida por MÓNICA desde pequeña por su gran belleza y que hacía muchas lunas que viajaba por extraños países entre ellos el mítico JASP, lo que hizo temblar a todos los allí presentes por las horribles cosas que se contaban de aquellas lejanas tierras. Exigió la amazona viajera ser recibida sin más tardanza o entretenimiento por el gran ZARAZNAR y su consorte la gran duquesa sajona ANNA BOTTLE. A tal fin fue conducida a través de las ARENAS por el Príncipe de las Islas ABELMA TUTES.

Ya en presencia del Gran Zaraznar y Ann Bottle, habiéndoles hecho entrega de los presentes, dispusiéronse todos a degustar un refrigerio de patatas MATUTANO, regado con finos caldos de VALLADOLID. Y dieron comienzo a una entretenida conversación en la que MÓNICA deleitó a los allí presentes relatando con todo lujo de detalles las aventuras y desventuras de los nativos de JASP, que fueron muy aplaudidas por la gracia y desparpajo de la joven amazona.

Dijo MÓNICA, por ejemplo, que por aquellos pagos conoció a un conspicuo caballero con una mecha blanca en el pelo que facía y desfacía entuertos entre los nativos. Le llamaban GARZÓN por el gran tamaño de su garza, lo que fizo reír a los asistentes. También habluvo la desenvuelta MÓNICA de otro hombre que parece llegó a nado y, tal era el esfuerzo que realizó para salvar su pellejo, que los lugareños llamábanle POR CONSIGUIENTE; pues sólo tal cosa acertaba a decir en el periodo de despresurización en el que se encontraban. Todo ello fizo reír a los asistentes que se revolcaban por las ARENAS, a causa de las carcajadas y también por los caldos de VALLADOLIZ.

Relató la amazona, de la misma guisa, cómo había traído de sus viajes más de cuarenta búhos para MARISCAL DE GANTE y enriquecer así el gran patrimonio de la casa, que no había otro igual en cien mil leguas a la redonda, habiendo llegado a conseguir el ideal utópico de "un hombre, un búho", lema de la legendaria y honorable familia.

Interesóse después MÓNICA por la salud y el estado de ánimo de sus anfitriones, y la elegante gran duquesa sajona ANNA BOTTLE sinceróse y pusose a derramar lágrimas, por los inconvenientes que el nuevo Palacio de la Monclova presentaba para una familia de su rango y condición, ante lo que Zaraznar no pudo contener su disgusto y confesóle tras un RATO de darle al TRILLO que "si lo sé no vengo", lo que causó gran desolación en los allí presentes.

Todo ello indujo al gran chambelán JORDI PUJOL y su portamolinillos MOLINS que sacaron burbujeantes cavas de reserva para consolar a tan distinguida concurrencia allí reunida, obligándoles a brindar al grito de "Salut y força al canut!", con lo que regresó la alegría entre los presentes.

Y colorín colorado, a MÓNICA la dieron el ducado de Prado del Reír por el buen Rato que les fizo pasar.
Carmen Rico-Godoy