La
solapa
Una conversación descarnada entre un retrato femenino
y el hombre que lo observa. Un ensayo que se transforma en
ficción y una ficción que se pega a la realidad
en forma de estremecedora denuncia.
Mujer en el baño es también el libro de otros
muchos porqués contemporáneos. ¿Qué
sucede cuando el escritor, siguiendo el consejo de Italo Calvino,
levanta la nariz del papel? Consciente de que escribir siempre
compromete, el autor dirige la mirada contra lo que define
como «políticamente canalla».
La hipocresía conservadora, el rechazo a los inmigrantes,
el periodismo fax-cista y de canapés, el mosquito de
la desmemoria, el «apartheid» social desde la
infancia, el abandono de la enseñanza pública,
el triunfo del liderazgo higocéntrico, el capitalismo
impaciente y el «síndrome Everest», el
canibalismo cultural o la suspensión de las conciencias
en el crimen terrorista son algunas de las cuestiones-límite,
de la vanguardia de riesgo en que se sitúa esta obra,
que nunca renuncia a la ironía y al humor como herramientas
contra el cinismo y la indiferencia.
Lo que han dicho
Entre la Madonna pop y el mar
Manuel Rivas viste de traje y abrigo, parece un empresario
que va de ciudad en ciudad visitando museos, observando lo
último que sucede en el mundo para encontrar las respuestas
a todas las preguntas que se plantea en sus escritos, firmados
con nombre legible, al principio, fulminado por una línea
horizontal que invita a recostarse en ella y pensar o simplemente
a pasar de largo.
Mujer en el baño (Alfagura) se titula su último
trabajo y es una selección de artículos aparecidos
en la publicación española El País semanal.
A partir de un ensayo que brotó de la observación
de una pintura pop del publicista Roy Lichtenstein, Rivas
elabora una reflexión crítica e irónica
sobre la condición de la mujer en el planeta.
El mundo es visto como un gigantesco spot publicitario: pinturas,
carteles, lecturas, anécdotas, situaciones políticas
y sociales; la mujer, el hombre, el niño, los poderosos,
los artistas, los desahuciados, la familia, el amor y el deseo.
Textos que tratan de entender, con preguntas más que
con respuestas, a una época de desperdicio de todo
tipo, en especial de vanas acciones y vacuas sensaciones que
hieden y abundan tanto que ya no queda sitio para enterrarlas.
Cuando algo funciona es que ya está obsoleto, la especie
humana no funciona, por eso aún le queda esperanza.
Internarse en la pintura, escuchar a la madona pop contarnos
su historia; desvelar la mirada y la sonrisa de la 'mujer
en el baño' es descubrir el mar porque ella es continente
y contenido. Según los piratas, la mar: calma, embravecida,
risueña, confusa, atormentada, madre y feliz. Sus ojos
también se inundan porque sabe llorar ante la violencia
masculina que debería aprender a freírse sus
huevos y comérselos con arroz como guarnición.
La mar es multitudinaria y posee todas las historias, tantas
como sus olas; deberíamos soñar en encamarnos
con ella, dejar que nos folle, para entender y aprender lo
que nos hace falta, porque ella ya no es doméstica,
es social y participativa. A pesar de los nuevos símbolos
de las sociedades, del estatus y sus dioses, el hombre sigue
viviendo en un mar (masculino) inestable y se agarra de cualquier
tronco, electrónico o galáctico, para sobrevivir;
no obstante, siempre llegan los tiburones a tiempo sin preguntar
qué hay de comer, solo tragan. El arte sirve para interpretarnos,
el amor, como la mar, para continuar.
Rivas conoce el lenguaje de las mariposas y hasta lo han filmado,
pero no ha viajado a Mindo, por lo tanto a este libro le faltan
alas y otros colores; le falta cruzar el mar.
Hoy dominical
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