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MUJER EN EL BAÑO
Manuel Rivas
Alfaguara, 2003, 312 páginas

La solapa
Una conversación descarnada entre un retrato femenino y el hombre que lo observa. Un ensayo que se transforma en ficción y una ficción que se pega a la realidad en forma de estremecedora denuncia.

Mujer en el baño es también el libro de otros muchos porqués contemporáneos. ¿Qué sucede cuando el escritor, siguiendo el consejo de Italo Calvino, levanta la nariz del papel? Consciente de que escribir siempre compromete, el autor dirige la mirada contra lo que define como «políticamente canalla».

La hipocresía conservadora, el rechazo a los inmigrantes, el periodismo fax-cista y de canapés, el mosquito de la desmemoria, el «apartheid» social desde la infancia, el abandono de la enseñanza pública, el triunfo del liderazgo higocéntrico, el capitalismo impaciente y el «síndrome Everest», el canibalismo cultural o la suspensión de las conciencias en el crimen terrorista son algunas de las cuestiones-límite, de la vanguardia de riesgo en que se sitúa esta obra, que nunca renuncia a la ironía y al humor como herramientas contra el cinismo y la indiferencia.


Lo que han dicho

Entre la Madonna pop y el mar
Manuel Rivas viste de traje y abrigo, parece un empresario que va de ciudad en ciudad visitando museos, observando lo último que sucede en el mundo para encontrar las respuestas a todas las preguntas que se plantea en sus escritos, firmados con nombre legible, al principio, fulminado por una línea horizontal que invita a recostarse en ella y pensar o simplemente a pasar de largo.

Mujer en el baño (Alfagura) se titula su último trabajo y es una selección de artículos aparecidos en la publicación española El País semanal. A partir de un ensayo que brotó de la observación de una pintura pop del publicista Roy Lichtenstein, Rivas elabora una reflexión crítica e irónica sobre la condición de la mujer en el planeta.

El mundo es visto como un gigantesco spot publicitario: pinturas, carteles, lecturas, anécdotas, situaciones políticas y sociales; la mujer, el hombre, el niño, los poderosos, los artistas, los desahuciados, la familia, el amor y el deseo. Textos que tratan de entender, con preguntas más que con respuestas, a una época de desperdicio de todo tipo, en especial de vanas acciones y vacuas sensaciones que hieden y abundan tanto que ya no queda sitio para enterrarlas. Cuando algo funciona es que ya está obsoleto, la especie humana no funciona, por eso aún le queda esperanza.

Internarse en la pintura, escuchar a la madona pop contarnos su historia; desvelar la mirada y la sonrisa de la 'mujer en el baño' es descubrir el mar porque ella es continente y contenido. Según los piratas, la mar: calma, embravecida, risueña, confusa, atormentada, madre y feliz. Sus ojos también se inundan porque sabe llorar ante la violencia masculina que debería aprender a freírse sus huevos y comérselos con arroz como guarnición.
La mar es multitudinaria y posee todas las historias, tantas como sus olas; deberíamos soñar en encamarnos con ella, dejar que nos folle, para entender y aprender lo que nos hace falta, porque ella ya no es doméstica, es social y participativa. A pesar de los nuevos símbolos de las sociedades, del estatus y sus dioses, el hombre sigue viviendo en un mar (masculino) inestable y se agarra de cualquier tronco, electrónico o galáctico, para sobrevivir; no obstante, siempre llegan los tiburones a tiempo sin preguntar qué hay de comer, solo tragan. El arte sirve para interpretarnos, el amor, como la mar, para continuar.

Rivas conoce el lenguaje de las mariposas y hasta lo han filmado, pero no ha viajado a Mindo, por lo tanto a este libro le faltan alas y otros colores; le falta cruzar el mar.
Hoy dominical