La
solapa
Entre Homero y Homer Simpson. Entre Bush y Jessica Rabbit.
Todo vale para dibujar con pincel afilado y lleno de sátira
este mundo nuestro de los últimos años. Ibarretxe,
Aznar, De Niro o Eastwood se abren paso en una historia articulada
que compone un mural de fondo: La España de Zetapé.
«Es mordaz y desgarrado. El lector de buen gusto literario
disfrutará al leer este libro que deslumbra entre tanto
fogonazo y tanto esplendor» (Luis María Anson).
Lo que han dicho
"Me niego a ser el ariete genracional de la derecha"
David Gistau reúne parte de sus artículos en
'La España de ZP', donde intenta descifrar las claves
sociales a pie de calle
David Gistau aterrizó en el columnismo
casi por casualidad, cuando alguien se fijó en sus
crónicas para una revista de viajes y vio en él
madera para el oficio. Su trayectoria, breve por su juventud
-apenas 35 años- pero intensa por el toque afilado
de su pluma, que le ha hecho ganar tantos adeptos como detractores,
puede seguirse ahora a través de las páginas
de La España de Zetapé (LibrosLibres), una recopilación
de artículos escritos desde sus inicios en La Razón
hasta su llegada a El Mundo.
Desde hace unos meses, Gistau desgrana sus opiniones en las
páginas de este periódico, donde intenta descifrar
las claves cotidianas de la sociedad española. Mordaz
y provocador en sus artículos, en los que se muestra
especialmente crítico con la actual política
socialista, el columnista adopta en persona una actitud modesta.
Reconozco que en mí muchas veces funciona la audacia
del ignorante y que muchas veces lo que me conduce es mi propia
duda ante los acontecimientos. Opino a partir de una cultura
media y lo que me consuela es saber que la mía no es
una vedad absoluta, sino una perspectiva dentro de todas las
perspectivas posibles", señala, y considera que
precisamente sus señas de identidad están en
"un estilo poco culto en el buen sentido de la palabra
y en un lenguaje moderno en el que cualquiera de mi generación
puede reconocerse".
Consciente del privilegio que supone tener una columna desde
la que expresar sus iras y cabreos, perplejo ante las reacciones
dispares que provocan sus artículos, Gistau siente
la necesidad de posicionarse: "La gente de izquierdas
me odia porque me considera un facha y los de la derechas
por mis críticas a la Iglesia, peor yo no me siento
ubicado políticamente, no estoy cerca de ningún
partido y me niego a ser el ariete generacional de la derecha".
El columnista se remite a los artículos recogidos en
el libro, donde las críticas a Zapatero
conviven con su postura contraria a la Guerra de Irak y su
malestar ante el último Aznar. "El
personaje de los delirios imperiales y los ataques de magalomanía
se acabó cargando al hombre de clase media que hizo
una magnífica gestión en su primera etapa",
señala, y no duda en reconocer que José Luis
Rodríguez Zapatero se ha ido curtiendo.
"Me ha sorprendido descubrir en él cierta maldad,
que le permite moverse bien en las intrigas políticas,
lo cual destruye al personaje de Bambi", sostiene.
"En lo social", afirma, "yo me encuentor muy
cómodo en la España de Zapatero. Comulgo con
su laicismo y me parecen bien leyes como la de los matrimonios
gays, pero lo que me inquieta, lo que me preocupa es cómo
se está manejando el asunto de los nacionalismos, los
falsos regímenes que se están creando. No sé
si ZP es el personaje adecuado para lidiar ese toro".
Hay mucha política en las columnas de Gistau, aunque
él aclara que lo que de verdad le gusta es captar el
pulso de la calle, constatar lo lejos que están las
preocupaciones del hombre que se encuentra cada mañana
en el café de las que expresan los periódicos.
"A mí lo que de verdad me gusta es contar historias,
escribir novelas", señala, haciendo suya la idea
de Tom Wolfe de que los escritores consideran
el periodismo como un mote en el que hace noche hasta llegar
a la novela.
Sin embargo, y pese a haber dado ya el paso (es autor de una
primera novela, A que no hay huevos), Gistau reconoce
el valor de la columna como género literario, considera
que en ella está la supervivencia de los periódicos,
"ahora que la información llega por cauces tan
rápidos" y reconoce la influencia que han ejercido
sobre él articulistas como Julio Camba, César
González Ruano y, por supuesto, Francisco
Umbral. "De toda la gente que está escribiendo,
hoy es el único al que se seugira leyendo dentro de
cien años", concluye.
El Mundo, 6 de junio de 2005
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