La
solapa (Manuel Llorente, El Mundo)
Manuel Hidalgo ha repasado sus 1.500 artículos publicados
en este periódico desde su fundación y ha elegido
sólo 139. Suficientes para reflejar su mirada sobre
los aspectos que más le/nos interesan.
Sobre Daniel y otras cosas de menos importancia (publicado
por Las Tres Sorores, Zaragoza) es, en el fondo, un diario
en voz alta. Con escritura pulcra, meticulosa y afilada, Manuel
Hidalgo (Pamplona, 1953) da rienda suelta a sus inquietudes
y preocupaciones. Y todo sazonado con un humor suave y una
mirada irónica.
«Para mí», dice el autor de La infanta
baila [que próximamente se publicará en portugués],
«el articulismo es una actividad muy personal en la
que me muevo con una gran libertad, en la que no me siento
obligado a escribir de nada en concreto, sino que es el fruto
de mirar hacia fuera y hacia dentro; en los artículos
están mis preocupaciones más personales, a veces
exageradamente personales».
Hidalgo nada y bucea por el universo de los trenes (Next
station: Calasparra), por el de sus mitologías (Sofía
Loren, de lo que no hay, La vacuna de Sharon Stone), por el
curioso y certero Ciclo navideño, por el de las mujeres
(El Día de la Licuadora) y ... por las enfermedades,
dolencias y demás achaques.
Porque Hidalgo es hipocondríaco. Dan fe de ello las
18 columnas seleccionadas (con mucho el apartado más
numeroso, «y eso que quité»), que ha titulado
Me duele aquí. Y más que justificarse, explica:
«A veces el artículo más personal, como
cuando hablas de un tumor, para muchos lectores es lo que
más les interesa, porque habla de ellos también.
Es el milagro de la escritura. Otra cosa es que cargues la
suerte en la forma, pero hablando de algo muy personal estás
hablando de lo que les pasa a los demás, porque a todos
nos pasa lo mismo. Y esto es un descubrimiento de quince años
de articulismo. La escritura es un truco, un sistema por el
que lo universal y lo personal conectan; y eso es el oficio
del escritor».
Y lo basa con este argumento: Todos aceptamos que Pavese
o Kafka, «escritores muy hacia dentro», hablando
de sí mismos hablan de todos nosotros, de nuestras
angustias y de nuestros problemas, y eso es obvio, «pues
en el columnismo también se puede dar. Cuando hablo
de la enfermedad o de la aprensión o de la hipocondría
parece un tema extremo, pero supongo que en España
hay millones de hipocondríacos, millones, y muchos
días se sentirán identificados».
Autorretrato
El libro, ordenado por temas (15), algunos fechados, tiene
mucho de autorretrato, porque su ojo mira los signos de los
tiempos. «Por ello el articulismo político me
interesa menos, porque por más que se piense que la
política marca mucho la Historia y el presente, yo
creo que en el fondo es más efímera que otras
cosas que están en la vida cotidiana y que son los
signos de los tiempos». Es decir, el libro contiene
una mirada hacia el tiempo y otra hacia uno mismo, el retrato
de una época y el autorretrato.
Uno de los riesgos del articulista habitual es el tema (y
la hora de entrega). Hidalgo sostiene que cuando le preguntan
por el tiempo que ha dedicado a tal o cual columna dice que
le ha costado «45 años». «Cuando
no tengo tema me excito muchísimo y muchas veces me
sale mejor, y escrito al límite del tiempo suele tener
un nervio especial».
Teme, claro, que le quede espeso «por estar opaco o
más torpe de mollera, pero eso le pasa a cualquier
actor». Y cuando, al día siguiente, ha visto
que no ha estado fino, reconoce que le entra una «desazón
muy grande». Porque busca, en el artículo, un
comportamiento de escritor en un país que permite «el
subjetivismo más radical. La presencia de los escritores
en la prensa no es tan habitual fuera y esta tradición
enriquece tanto a la prensa como a los lectores. Es un continuum
de la escritura».
Hidalgo es un devoto de los periódicos; no se imagina
un día sin ellos. Su costumbre es ojearlos, u hojearlos,
con el primer café de la mañana y rematarlos
por la noche. Y trae a colación una frase atribuida
a Cándido, según la cual «con el periódico
de la mañana te haces cargo del mundo». «Y
si encima disfrutas con el placer de la escritura...».
Falta Daniel. Daniel Hidalgo Sartori, su hijo. En torno a
él hay 10 artículos (Tres, No me hace caca,
Daniel y las fieras...) cuyo título genérico
es el del libro. La decisión no es casual (en su escritura
no hay nada casual). Con él, y a través de él,
modificó miedos, ideas y deseos. Y vio que con él
los artículos funcionaban, traían a la escritura
ternura y humor. «Me lo dijeron los lectores. Algunos
creían que era un personaje inventado», asegura.
En el prólogo del libro ha unido el hilo de su vida.
«Al iniciar esta selección vi que me faltaban
artículos y me encontré con que mi padre los
tenía todos y mi suegro bastantes y vi que había
un sentido», explica. Sentido que se completa con las
palabras que le dedica su amigo desde la infancia, el novelista
Miguel Sánchez-Ostiz. Con su hijo, ha cerrado el círculo.
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