Los reportajes de los sincolumnistas
... EN EL SUMMERCASE
con Nacho Serrano

 
Nacho en el Summercase

Boadilla del Monte (Madrid); viernes, 13 de julio de 2007.

DÍA 1


¿Alguien ha mencionado ya que en el recinto de conciertos de Boadilla del Monte sólo hay piedras y polvo en suspensión? Me imagino que ya lo habrá escuchado todo el mundo y sí, es cierto. Dicho esto, cerramos el capítulo de críticas ácidas. Porque el Summercase 2007 se recordará por el altísimo nivel de las bandas que han tocado, por la entrega de casi todos los grupos y solistas y por el buen rollo reinante durante todo el fin de semana en esa tranquila ciudad dormitorio de nombre Boadilla y que desde ya mismo es sinónimo de rock&roll. La mejor conclusión que se puede sacar de este fin de semana es que ya era hora de que Madrid tuviese el festival que se merece. En Barcelona, por unas cosas o por otras, y gracias sobre todo al Primavera Sound, van cubiertos, pero en Madrid esto de los mega festivales es poco menos que inédito y en dos años Sinnamon ha puesto a la capital en el punto de mira mundial de la musical indie. Es de agradecer.

Una tarde con James, Jarvis Cocker, Dj Shadow y Air

cuando la echen, que no será muy tarde, las líneas que merecerá en los papeles no serán las del elogio a una novelista de relieve, sino las de la crítica a una funcionaria arrogante, incompetente y trepadora.
Metámonos en faena. El cartel de este año no dejaba lugar a dudas, el hermanito pequeño del FIB le estaba mojando la oreja al mayor. La gente tenía ganas, repito, en Madrid más que en ningún otro sitio. Ganas de Arcade Fire, de LCD Sound System, de Kaiser Chiefs, de Pj Harvey… No era de recibo perderse según qué conciertos y por eso el viernes, a las 20:40 ya estaba la mitad de la audiencia viendo atardecer en mitad de un concierto de James. Los de Tim Booth retienen el talento de años pasados y aunque su propuesta ya no es exactamente novedosa y en realidad vienen a presentar un nuevo disco recopilatorio con todos sus éxitos y tal, su concierto es una excusa perfecta para la nostalgia. Grandes momentos del pop de nuestras vidas en la voz de un cantante casi tan delgado como carismático e hiperactivo.

La silueta de Jarvis Cocker

Justo después llegaba el primer gran momento. En la gran carpa circense entraba en acción Jarvis Cocker. Lleno hasta la bandera y ganas de respirar el mismo aire que el de Sheffield. Fue un conciertazo. Evidentemente, siempre hay quien se espera otra cosa, incluso quien creía que se le podía ocurrir tocar algo de Pulp, pero no. El futuro de Jarvis Cocker, de momento, pasa por un show compacto, repleto de canciones rabiosas e introspectivas, denuncia irónica y energía eléctrica con denominación de origen británica. Momento para el recuerdo de un Summercase que no podía empezar mejor.

Lo de Dj Shadow y Air, así de lejos, parecía un poco a medio gas. Shadow, repitiendo el show que lleva haciendo desde la publicación de ‘Endtroducing’, y Air, presentando un último disco bastante ramplón, fueron sólo dignas bandas sonoras para los momentos de descanso.


Noche de ruido, tecno pop, british y química feroz

The Jesus and Mary Chain y OMD eran dos de las bandas que mayor curiosidad despertaban entre la gente. Los primeros por ver si el ruido se puede oxidar y los segundos por ver si merece la pena casi cualquier regreso a los escenarios. Jim Reid y los suyos salieron airosos del asunto sólo a medias, estuvieron potentes pero planos, como cansados, aunque suenan como dios cada vez que recuerdan (una o dos veces por canción) que están otra vez sobre un escenario. Respecto a OMD, es de agradecer que empezasen a todo trapo con “Enola Gay”, en sólo 20 segundos convirtieron la carpa en una auténtica fiesta de las de no olvidar. De todas maneras, era previsible que después de echar toda la leña al fuego el concierto fuese en descenso progresivo y digno. David Hughes explicó que hacia 20 años, ni más ni menos, que no tocaban en nuestro país y cuando lo dijo, parecía de verdad alucinado con lo que se había montado allí enfrente. Anécdota curiosa y emocionante la que se produjo justo antes de que saliesen a escena: sonaba por la megafonía el ¿Por qué te vas? de Janette, y la gente cantaba y movían sus cabecitas al ritmo. Bonito.

Kaiser Chiefs fueron de lo más multitudinario del viernes, y bien, pero ya. Un servidor les vio hace tres temporadas en el FIB, cuando aquí no eran más que un débil eco de lo que estaba por llegar y su actitud me pareció entonces, divertida, gamberra, llena de recursos y sin complejos, pero en Boadilla, aunque sonaron mejor, más bestias y mejor conjuntados, anduvieron faltos de chispa y sobrados de autocomplacencia. Ricky Wilson por fin encaja (un poco más gordo que hace tres años, eso sí) en ese traje de súper estrella pop para el que se estaba tomando las medidas, pero sobra tanto ‘somos Kaiser Chiefs’, somos los más grandes y tal y pascual. Las canciones, bien. Siguen siendo unos gamberros, pero ahora cobran (y bien) por hacer el gamberro. Eso pasa factura en la creatividad, supongo.

Por ver a los Kaiser me perdía el concierto de !!!, que leo por ahí y me comentan, que fue de escándalo y apabullante. Una lástima, porque me dejaron muy buen sabor de boca también hace tres años y hoy por hoy son imprescindibles. Para la próxima y enhorabuena a quién los disfrutó.

Y llegaron los hermanísimos químicos. Una vez más, frente a una audiencia siempre extasiada, por cuarta, quinta o sexta vez (he perdido la cuenta) estuve disfrutando de The Chemical Brothers. Por transcribir lo mismo que ya dije en el Cuaderno de Escuchas diré que “…nunca nunca nunca me aburren. No soy ningún entendido de música electrónica, ni de tecno, ni de nada por el estilo, pero lo de The Chemical Brothers tiene su gracia precisamente por eso. Cuando les vi la primera vez con 20 o 21 años a mí no me interesaban más que las guitarras y las melodías, y desde aquel día supe que la electrónica no me iba a abandonar nunca. Aunque reconozco que pueden ser pachangueros en lo que a fiesta se refiere, aunque reconozco que son previsibles y que no arriesgan más que lo suficiente, un concierto suyo no se paga con nada. Bailas, bailas, bailas y no puedes hacer otra cosa. (…) Esto es espectáculo y el pop, el rock, el soul y el funky necesitan de los 'Hermanos Químicos'”.

Y eso fue el DIA 1. El sábado en Boadilla esperaban los pesos pesados. Casi nadie estaba preparado para lo que traían escondido Arcade Fire.

Boadilla del Monte (Madrid); sábado, 14 de julio de 2007.

DÍA 2


Gran día el segundo del Summercase 2007. Nivelazo de conciertos, artistas poco proclives a dejarse ver por estos lares sobre los escenarios y sobre todo mucha mucha actitud festivalera. La gente demostrando que tienen ganas de pasárselo bien y ellos, los grupos, casi siempre comprometidos con la fiesta.

The hidden cameras

La tarde empezó con The Hidden Cameras. Canadienses también, como Arcade Fire que estaban entre el público pocas horas antes de revolucionar por completo el panorama musical del festival. Los ‘Cámaras’ estuvieron inmensos, ante una audiencia de poco más de 500 personas a las 19:30. Ellos pararon el reloj y nos hicieron bailar y vibrar con coreografías del absurdo, sensaciones llenas de guitarras rotas y violines a toda pastilla. Geniales, espectaculares y divertidos.

Editors

Casi como Editors. Primer gran concierto de los esperadísimos para el sábado. Mucha más gente, pues pese al título de clones de Interpol, Editors tienen ya un publico granado y sobre todo dos discazos como dos soles. Precisamente por las comparaciones (evidentes, por otra parte) con Interpol, se ven obligados a superarse en directo, y lo consiguen. Sobre el escenario se parecen más a Coldplay o a Bloc Party, no abandonan el tono oscuro y los blancos y negros, pero destilan electricidad y, paradójicamente, Editors terminarán agradeciendo el advenimiento del tercer y enorme disco de los de Nueva York (‘Our love to admire’) porque probablemente sea el momento de cerrar bocas y afianzar una prometedora carrera. Dieron un concierto emocionante y espectacular, lleno de hitazos, todos los que caben en dos discos.

Lo de la jovencísima Lily Allen fue otra fiesta anunciada. Con esa pose de neo estrella rock que asusta por su sencillez se metió al público en el bolsillo, sobre todo gracias a que ella tenía tantas o más ganas de fiesta que los congregados frente al escenario. La versión del “Heart of Glass”, de Blondie, fue de lo más bailado y aplaudido. Una pequeña gran artista que se avista en el horizonte.

Pero la gran dama del rock de la tarde noche en Boadilla fue Pj Harvey. Esta vez no hubo erotismo ni puñaladas de rock. Se enfundó un traje de novia country desde el cuello hasta los pies y salió sola al escenario para maravillar al respetable. Hay que decir que muchos no se lo esperaban y el concierto se les hizo pesado y cuesta arriba. Polly también se sentó sola al piano, pero terminó prefiriendo la guitarra para enfrentarse a un repertorio crudo y puntiagudo. A veces demasiado vacío o hueco, pero memorable.


De las serpentinas y el confeti a la emoción de la melodía

The hidden cameras

Se acercaba la hora de The Flaming Lips. Wayne Coyne se paseaba ya por el escenario, ajustándolo todo desde veinte minutos antes de empezar. Los de Oklahoma siempre revientan sus conciertos a base de buen rollo y probablemente el concierto que les vi hace cuatro años en Benicassim fuese el más divertido de cuantos he visto en mi vida, pero ahora, y pese a habérmelo pasado con un enano en el concierto, me pregunto si no es hora ya de pedirles un giro en sus planteamientos en directo. Wayne Coyne y sus chicos llevan 24 años en activo y 12 discos (la mayoría buenos o geniales) y siempre innovan, sin embargo, que yo sepa, llevan cinco años planteando casi el mismo show. Como digo, aunque son divertidos como ningunos, y espectaculares como pocos. Creo que es momento de pedirles un plus. Por lo demás, eso, increíbles. El comienzo con Coyne dentro de esa gran pelota, paseándose sobre el público, el “Race for the Price”, los rodies vestidos de superhéroes. Quien no les haya visto nunca en directo no debería perdérselos por nada del mundo. Son pop en estado puro. Y por eso hay que seguir pidiéndoles más diversión y más riesgo y más y más, porque ellos pueden hacerlo y de pocas bandas se puede decir lo mismo.

Y llegó la hora. La hora del concierto más esperado del año: Arcade Fire. Recién salido ‘Funeral’, su primer disco, pasaron por Madrid y tocaron frente a 300 o 400 personas en una sala no demasiado grande y sin ni siquiera una pizca de la expectación que tres años después han levantado en el Summercase con un disco más y miles de fans incondicionales en todo el mundo. La culpa es del talento. Lo que se vivió en Boadilla a eso de la 1:00 de la madrugada del sábado fue simplemente espectacular en todas sus vertientes. Cada cierto tiempo salta un grupo a la escena que además de hacer discos buenísimos, tienen unos directos que acojonan. El último caso que recuerdo fue el de Franz Ferdinand y aquel debut apabullante en el FIB. Ahora les ha tocado el turno a los canadienses de oro. Arcade Fire dejaron claro que lo suyo es llegar, tocar y triunfar. Se lo llevan de calle y eso que a priori no lo tienen fácil, qué diablos. Es relativamente sencillo ser Kaiser Chiefs y divertir al personal, relativamente sencillo ser The Flaming Lips y hacer reír a la gente, pero ser Arcade Fire y ponerte los pelos de punta no es fácil. Que manera de tocar en directo, que tensión, que ganas, que fuerza y que bien. Sonó todo redondo y, repito, sus canciones no son carne de directo. Por un momento me recordaron a Belle and Sebastian, tanta gente ahí subida, sabiendo cada uno lo que tiene que hacer en cada momento, sabiendo cómo tienen que hacerlo y a qué ritmo exactamente. Puede que la música no sea una ciencia exacta, pero si lo fuese, Arcade Fire serían matemáticos de lujo. Gracias a conciertos así se da uno cuenta de que está viviendo cosas increíbles... en vivo y en directo. Concierto, eso, inolvidable y de sensaciones difícilmente repetibles.

Evidentemente, después de vivir algo así, uno se acerca a ver a Bloc Party y sí, pero como que no. Arcade Fire juegan en primera y Bloc Party son de los mejores, pero de segunda. Estuvieron un poquito faltos de intensidad y demasiado planos para mi gusto pero he de decir para ser absolutamente fieles que además me mordía ya las uñas por ver el otro gran momento del Summercase 2007. Ellos se llaman LCD Soundsytem y son impresionantes.

De James Murphy y de sus aplicados chicos de LCD se esperaba lo mejor, y lo mejor fue que lo dieron. A veces me parece que algo así puede dar hasta miedo. Da miedo que alguien se enfrente a sus propias canciones con esa fuerza, da miedo ver como alguien lleva todo eso guardado ahí dentro y es capaz de escupírtelo hasta hacerte creer que morirás después de los siete, ocho, nueve, diez u once minutos que puede llegar a durar la apoteósica “Yeah”. Sonaron a unos The Fallen a lo bestia, empeñados en llegar un poco más allá, forzar la máquina hasta ver al público extenuado y pidiendo cuartel. Si Arcade Fire fueron el platino, LCD Soundsystem el oro. Van camino de convertirse en absolutamente imprescindibles. ¡El futuro ya está aquí!

Y fin de fiesta a cargo de los terroristas de los platos: 2Many Dj’s. Los reyes de la remezcla gamberra rindieron la carpa a sus pies. Volvieron a demostrar porque son los números uno e imprescindibles gurús del rock, del pop y del electro sucio. De paso, remezclaron “Rebellion (lies)”… y aquello se vino abajo. Mejor imposible.

Y hasta aquí lo vivido por Sincolumna en el Summercase 2007. Intenso como pocas cosas en las soporíferas tardes del julio madrileño. Entre el calor y el nerviosismo, entre la sed y las ganas de bailar. Entre las piedras y el polvo… porque por cierto ¿he dicho ya que alguien debería asfaltar el jodido recinto de conciertos?


Hasta pronto y Yeah! Yeah! Yeah!

 


Nacho Serrano
Periodista