Los reportajes de los sincolumnistas
... EN EL CONCIERTO DE JULIO IGLESIAS
con Víctor Vela

 
Víctor, junto al escenario

Valladolid, 6 de septiembre de 2007


O sea, en el único concierto de Julio Iglesias en España. O sea, cinco años después de que el cantante más internacional se dejara caer por los escenarios del país que le vio nacer. O sea, que sincolumna entra en uno de los conciertos más exclusivos del año, con entradas (en primer fila, donde por otra parte estuvimos sentados) que costaban 199 euros. Casi nada. Es verdad que no pagamos un duro porque entramos para cubrir tan magno evento para la prensa (en mi caso, El Norte de Castilla). Y es verdad que como no se llenó la cosa (hablan de quince mil personas, para mí que fueron menos) y había sillas libres, pues nos pudimos acomodar en los primeros huecos que encontramos (después, eso sí, de que una de las azafatas nos chivara de alguna silla vacía en la primera línea de fuego). En fin, que ahí estuvimos, junto a un público que si bien no era muy numeroso, al menos estaba entregado a la causa, uea.

Mirabas para un lado y te encontrabas con las autoridades locales (nunca fallan) y algunos famosillos venidos de Madrid. Esto nos mola mucho a la gente de provincias, porque como no estamos acostumbrados al oropel, en cuanto ves una cara que te suena por la tele te alegran la jornada. Por ahí estaban Terelu Campos o el presidente del Real Madrid (Ramón Calderón). A este último, tú te acercabas para preguntarle un par de cosas para el periódico y va el tío y, ni corto ni perezoso, te quita el boli para firmar un autógrafo. ¡¡¡Pero chaval, que yo no quiero tu firma para nada!!!

 

Con Julio José Iglesias

También estuvo la hermana del rey, la infanta Margatita, el empresario Fernando Martín (que también fue presidente del Madrid, parecían secta) o el hijo de Julio Iglesias, Julio José, el de 'Mira quien baila', con quien nos hicimos una foto para inmortalizar el momento. Si no puedes pillar al padre, confórmate con el hijo.Un momento tremendo, jeje.

En total, todo muy fino y muy bonito. Mucho frío también y a la espera de que el cantante saliera al escenario. No tardó en hacerlo y ahí estamos, tomando notas para la crónica del periódico (y este especial de sincolumna).

El Norte de Castilla. «Baila, Castilla, baila», murmuraba Julio Iglesias después de cambiar el 'morena' de rigor por un toque más local, en homenaje a la ciudad que albergó anoche el único concierto del internacional cantante en España, dentro de su actual gira 'Live'. Julio Iglesias -bronceado como siempre- se presentó ante su incondicional público con quince minutitos de retraso pero con el ímpetu suficiente para que sus seguidores lo olvidaran tras escuchar apenas la segunda canción. El frío -no sólo meteorológico- de los conciertos con silla no se rompió hasta pasadas las once de la noche, cuando Iglesias se sacó de la manga el catálogo de bachatas y sonidos sudamericanos. Fue a partir de canciones como 'El bacalao' y 'Divorcio' cuando se rompieron todos los corsés posibles y un nutrido grupo de los espectadores que hasta el momento se encontraban sentaditos en sus sillas se lanzaron a la primera fila del escenario para ver de cerca a la estrella. Iglesias se sumó a la fiesta rompiendo los papeles. Lo avisó con anterioridad. «Éste va a ser un concierto recordado en España durante los próximos diez años», dijo enigmáticamente. El misterio se desveló apenas unos segundos después, puesto que cerró la noche con el 'Me va, me va' y un inesperado estriptis. Primero se quitó la corbata, luego el chaleco y finalmente, entre risas, también la camisa. Pecho lobo. Y así, con el torso descubierto, Julio Iglesias abandonó el escenario ante la sorprendida y entregada mirada de los espectadores, que llenaron cerca de un tercio del estadio (o lo que es lo mismo, dos tercios del campo vacíos).

Foto de Ramón Gómez

Iglesias paseó su voz por 'La gota fría', 'A media luz' -con pareja de bailarines de tango incluida-, 'Un canto a Galicia' o 'Crazy', quizá una de sus mejores interpretaciones de la noche. Y todas ellas acompañadas -marca de la casa- por una reducida colección de gestos que lo mismo le servían para dibujar la letra en el aire como para dar órdenes a sus músicos. Un auténtico director en escena y un seductor con su público. Y también con sus tres coristas, a las que despidió con tres descarados piquitos. Aunque luego lo compensó con un «Mirandita, guapa, ya sabes que te quiero mucho a ti» y la dedicatoria de la canción número 13, 'Échame a mí la culpa'. Julio Iglesias estuvo generoso en anécdotas y chascarrillos y trufó el concierto de pequeños comentarios en inglés ('beautiful, beautiful' o sea, 'precioso, precioso') y parrafadas en castellano. «Sobrevolando esta tierra, Castilla la Vieja, uno entiende su progreso. Está bellísima. Estoy fascinado por el progreso increíble de esta tierra. Yo no tenía previsto hacer un concierto en España, pero Alejandro Pesquera me lo propuso y no podía negarme. Pesquera para mí es parte importante de mi padre, de mi familia, de mi hermano y de mis hijos, porque yo he hecho muchos niños gracias a Pesquera», alardeó Iglesias, quien tuvo un afectuoso recuerdo para «mi amigo», recién fallecido, Luciano Pavarotti. "Recuerdo que una vez tenía que hacer un concierto en Sudáfrica y se le estropeó el avión. Me llamó para que le dejara el mío y yo le dije, pero hombre, claro, sin problema. Cuando me lo devolvió, el avión volaba más alto y con más música", añadió.

 


Víctor Vela
Periodista