San Sebastián vuelve a cumplir
con el cine
Septiembre de 2007
Ha terminado una nueva y notable edición del Festival Internacional
de Cine de San Sebastián, y ya van 55 años, nada menos,
con largas jornadas cinematográficas de diez días
que se hacen cortas para quienes nos levantamos gustosamente a las
siete y media de la mañana con el propósito de olvidarnos
de la mediocridad de nuestra vida en una sala oscura.
Este año ha vuelto a haber de todo: películas buenas,
malas y regulares, algo de lo que en parte son responsables los
organizadores, pero no sólo en parte: que el festival sea
mejor o peor depende sobre todo del nivel de calidad de la cosecha
de películas del año y de que otros festivales no
se lleven los objetos más deseados.
La
alfombra roja |
En la Sección Oficial se han proyectado dienueve películas
(dieciséis de ellas a concurso), que desde luego que no es
poco teniendo en cuenta todo lo que cuesta imaginarlas, conseguir
financiación, hacerlas y proyectarlas para que el público
las vea y las alabe o las ponga a parir.
Es habitual que muchas de las películas de la Sección
Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián
no sean nada del otro mundo, pero con que haya cuatro o cinco cintas
notables puede bastar para colgarle la medalla de oro a cada nueva
edición. Y a esta 55 desde luego que hay motivos de sobra
para subirla al pódium.
Ahí está, ante todo, la merecida Concha de Oro al
filme chino 'Mil años de oración', de Wayne
Wang. El autor de 'Smoke' y 'Blue in the face' regresa
al cine más intimista, sentido y cotidiano con una película
en la que narra la visita del señor Chi, un viudo jubilado
de Pekín, a su hija Yilan, que vive en Estados Unidos y tiene
entre manos una vida que no es ningún canto de alegría:
carga con un divorcio a cuestas, un duro trabajo y mucha soledad.
Para intentar hacer realidad su noble deseo de que su hija sea feliz,
le lanza consejos que probablemente a él también le
hubieran hecho falta en otra época, pero que poco a poco
iremos descubriendo que están llenos de debilidades. Muy
destacable es el ímpetu de este jubilado por comunicarse
con la gente que, como él, mata el tiempo en los parques
estadounidenses.
Para ello se sirve de las apenas cuatro palabras que conoce en inglés,
que ni siquiera sabe pronunciarlas, y así se crean situaciones
de lo más divertidas. Su amor por todo cuanto le rodea, lo
conozca o no, hace que esta cinta nos reconcilie con el cine y con
la vida.
Richard Gere |
Pero también se han proyectado en San Sebastián otras
sobresalientes cintas como 'Buda explotó por vergüenza',
de la precoz cineasta Hana Makhmalbad, que con
tan sólo dieciocho años nos habla con poesía
y sentimiento sobre una encantadora niña de seis años
que quiere hacerse con un cuaderno y un lápiz para aprender
historias divertidas. En su dura travesía no encontrará
ayudas, sino trabas, como es el caso de la de un grupo de niños
que juegan a ser talibanes y la quieren apedrear. A esto es a lo
que ha llegado una sociedad con más violencia que cultura,
nos viene a decir su directora. Merecidísimo Premio Especial
del Jurado.
Y también ha sido un plato fuerte de este festival 'Mataharis',
de Icíar Bollaín, que lamentablemente
se ha ido de vacío del certamen, algo que ya es costumbre
que suceda en San Sebastián con grandes cintas, como hace
tres años ocurrió con la magistral 'Roma' de Adolfo
Aristarain. La nueva obra de la autora de 'Te doy mis ojos'
aborda el día a día de unos hombres y mujeres con
personalidades complejas, muy bien trazadas, y evidentes problemas
de comunicación. El filme borda así temas tan a la
orden del día como la explotación laboral que padecemos
los obreros en este mundo del lo tomas o lo dejas. Y sobre todo
incide en esas relaciones de pareja carcomidas por el hartazgo que
nace de conocerse demasiado o por un desconocimiento que produce
duda, desconfianza, temor a que el otro se vaya para siempre. Especialmente
original resulta su presentación, en forma de película
de detectives, de tres mujeres que se dedican a espiar vidas ajenas
y que aunque no se atreven a espiar su propio interior en esa mirada
al mundo descubren mucho de sí mismas.
Y tampoco hay que olvidarse de la también excluida del palmarés
'Promesas del este', de David Cronenberg, en la
que el director americano y Viggo Mortensen vuelven
a poner al público los pelos de punta como ya hicieran en
su anterior entrega juntos, 'Una historia de violencia'. Ni de 'Padre
Nuestro', de Christopher Zalla, sobre lo difícil
que es emigrar de México a EEUU y esquivar la miseria: lo
inalcanzable de los sueños. A pesar de su Gran Premio del
Jurado en el Festival de Sundance también se ha ido de vacío
de San Sebastián.
Después ha habido otras películas dignas, como 'Siete
mesas de billar francés', de Gracia Querejeta,
un filme de muy buen ver gracias sobre todo al gran trabajo de sus
actores y actrices tanto principales (Blanca Portillo y
Maribel Verdú) como secundarios (Enrique
Villén, Raúl Arévalo, Amparo Baró
o Ramón Barea) que se nos muestra entretenido
y hondo, con gratos momentos para el recuerdo y la complicidad.
Personalmente su guión me parece un poco culebrón,
pero ha gustado al jurado y se ha llevado el premio al mejor guión
junto con la meritoria 'Honeydripper' del veterano John
Sayles. Querejeta no llega a la altura de 'Héctor',
ni Sayles a la de 'Silver City', anteriores trabajos de ambos, pero
los premios, que siempre son justos e injustos según se mire,
se han portado bien con ellos en esta ocasión.
Entre las películas pasables sitúo dos filmes: 'La
vida interior de Martin Frost', del escritor Paul Auster,
que lógicamente no puede ser tan bueno en el cine como escribiendo;
y la original, aunque desaprovechada, 'Exodus', de Pan Ho-Cheung,
sobre una curiosa hipótesis de qué es lo que hacen
las chicas cuando van juntas al baño: planear el asesinato
de los hombres.
Viggo Mortensen |
Luego están esas películas que no sé por qué
pero siempre están presentes en este tipo de festivales,
cuando en teoría los seleccionadores deberían darles
una patada en el culo nada más visionarlas. A la cabeza de
todas sitúo, sin dudarlo, a 'Daisy Diamon', de Simon
Staho, a quien se conoce como el discúpulo de Ingmar
Bergman, pero que ya quisiera él y los martirizados
espectadores que vemos sus películas que se pareciera al
autor de 'El séptimo sello'. Staho ha hecho hasta la fecha
tres películas, y cada una es peor que la anterior. Pero
también lanzo mis dardos más envenenados contra la
banalidad de 'Reclaim your brain', una película del alemán
Mortiz Blebtreu. No se puede hacer un film contra
la tele-basura tropezando con la misma piedra que se denuncia.
En fin. El balance es de todas formas positivo. No sólo
por las películas, sino también por las fiestas, que
son muchas cada noche y en las que, si no se tiene invitación,
no hay nada mejor que colarse. Aunque a algunos no nos guste el
cava, tampoco está tan mal si es gratuito y te lo puedes
tomar a un par de metros de Viggo Mortensen o Paul Auster. Y ni
qué decir si hasta te acabas haciendo una foto con una actriz
de la talla y la simpatía de Lola Dueñas.
Me quito el sombrero.
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