30 de junio de 2008
María Dolores de Cospedal y el nuevo PP
 

Es guapa, atractiva, echa pa´lante, inteligente, independiente, con personalidad, sencilla pero con clase en la cosa del vestir, de centro pero tirando a ‘progre’, de ojos y boca grande y mirada transparente, sincera, manchega de cuna y de pasión, abierta de miras, agradable, decidida, sentimental, fuerte y llorona, autoritaria y comprensiva, dura y sensible, abogada del Estado y secretaria general del PP, política y mujer de vocación, la esperanza de un partido y de miles de ciudadanos.

Creo que desde que Rajoy perdió las últimas elecciones generales no ha parado de acertar: consciente de que la oposición radical, de insultos y ataques sin piedad, no le llevó a nada, sabe que la única manera de poder ganar unas elecciones en el siglo XXI pasa por crear un partido abierto, próximo, tolerante, que predique con la palabra y el ejemplo y no con la descalificación barata y la demagogia.

Con este fin fichó primero a Soraya (que promete mucho por su preparación y cae bastante simpática) y ahora ha decidido nombrar secretaria general a una nueva promesa: María Dolores de Cospedal, una albaceteña de 42 años, madre soltera por inseminación artificial, partidaria del divorcio expréss, respetuosa con las bodas gay o, lo que viene a ser lo mismo, con el amor libre, contraria a las guerras (seguro que también a la de Iraq) y opuesta, por supuesto, a ETA, aunque no al diálogo con el nacionalismo que condena el uso de las armas, que una cosa es dialogar y otra rendirse a las peticiones del otro.

Creo que con este nuevo equipo el PP puede ganar, si no las próximas elecciones, al menos sí el respeto de todos los españoles, incluso de la oposición, y conciliar el sueño por las noches, a gusto con su conciencia, por mucho que los sectores más ligados a Aznar, a Esperanza Aguirre, a María San Gil (qué miedo que me da esta última) denuncien esta nueva era e insistan en que lo que hace falta es seguir como hasta ahora, es decir, dando caña, armando gresca, insultando, menospreciando, atacando con misiles de artillería barata de la mano de la Iglesia y, si se tercia, de la Inquisición. Que todo vale para su objetivo de ganar unas elecciones.

Aunque quien esto escribe se sienta más a la izquierda que otra cosa, por encima de todo lo que me importa es que quien nos gobierne nos gobierne bien. Y creo que eso, independientemente de las ideologías, es posible con un gobierno de gente preparada, respetable y preocupada por sus gentes, como me parecen muchas de las nuevas caras del PP. Eso sí, antes de poder aspirar a gobernar España tendrán que ser capaces de gobernar su propio partido. Y fácil no lo tienen por mucho que entre ellos haya gente tan válida, respetable y trabajadora como Cospedal, como Soraya, como Esteban González Pons, como Gallardón.

Y es que la sociedad española, como cualquier otra sociedad del mundo, me temo, está muy contaminada y dispuesta a criticar cada nueva propuesta que aparece. Hay una marea de odio, venganza y falta de educación en tantas calles, televisiones, radios y foros de internet que no va a ser fácil que Rajoy y los suyos se salgan con la suya. Así que el futuro de este nuevo proyecto es, al menos por el momento, incierto. A ver si a lo largo de este verano se despeja un poco el camino. O se embarra más.

España

Al final resulta que era verdad eso de que podíamos, que estaba en nuestras manos lo de llegar a la final de un campeonato y ganarla.

La de España es además una victoria necesaria, un triunfo que nos va a permitir enterrar el fantasma de la mala suerte que siempre alegábamos tener en esto del fútbol debido a que fueron demasiados campeonatos sin pasar de cuartos, y a veces ni de la primera fase.

Es cierto que la suerte ha sido fundamental, sobre todo en los penaltis contra Italia, pero si se ha dado este paso es, sobre todo, porque por fin tenemos un grupo amplio de jugadores con calidad y descaro que además hacen piña, anteponen la unión de su talento a lo mejor de cada uno y no le tienen miedo al éxito.

Me alegro por España (hacía años que no había tantos ciudadanos dispuestos a tomar la calle con la bandera de su país, nuestro país, y pronunciar la palabra España) y, como soy así de malo, no puedo evitar acordarme también de algunos nacionalistas, como el tal Urkullu, que llegó a desear en público que Rusia le ganara a España. Pienso en sus declaraciones y me alegro todavía más de esta victoria.

Para el recuerdo, me quedo con la imagen de Luis Aragonés siendo volteado por los jugadores, como Sancho en aquella escena de la venta.

La fiesta es merecida, pero, eso sí, tampoco es bueno que dure demasiado. Que el fútbol está muy bien y todo eso pero, a fin de cuentas, no es más que eso: fútbol. Y hay cosas mucho más importantes en la vida. Feliz verano.


Gorka Díez
Periodista