| Es guapa, atractiva, echa pa´lante, inteligente,
independiente, con personalidad, sencilla pero con clase en la cosa
del vestir, de centro pero tirando a ‘progre’, de ojos
y boca grande y mirada transparente, sincera, manchega de cuna y
de pasión, abierta de miras, agradable, decidida, sentimental,
fuerte y llorona, autoritaria y comprensiva, dura y sensible, abogada
del Estado y secretaria general del PP, política y mujer
de vocación, la esperanza de un partido y de miles de ciudadanos.
Creo que desde que Rajoy perdió las últimas elecciones
generales no ha parado de acertar: consciente de que la oposición
radical, de insultos y ataques sin piedad, no le llevó a
nada, sabe que la única manera de poder ganar unas elecciones
en el siglo XXI pasa por crear un partido abierto, próximo,
tolerante, que predique con la palabra y el ejemplo y no con la
descalificación barata y la demagogia.
Con este fin fichó primero a Soraya (que promete mucho por
su preparación y cae bastante simpática) y ahora ha
decidido nombrar secretaria general a una nueva promesa: María
Dolores de Cospedal, una albaceteña de 42 años, madre
soltera por inseminación artificial, partidaria del divorcio
expréss, respetuosa con las bodas gay o, lo que viene a ser
lo mismo, con el amor libre, contraria a las guerras (seguro que
también a la de Iraq) y opuesta, por supuesto, a ETA, aunque
no al diálogo con el nacionalismo que condena el uso de las
armas, que una cosa es dialogar y otra rendirse a las peticiones
del otro.
Creo que con este nuevo equipo el PP puede ganar, si no las próximas
elecciones, al menos sí el respeto de todos los españoles,
incluso de la oposición, y conciliar el sueño por
las noches, a gusto con su conciencia, por mucho que los sectores
más ligados a Aznar, a Esperanza Aguirre, a María
San Gil (qué miedo que me da esta última) denuncien
esta nueva era e insistan en que lo que hace falta es seguir como
hasta ahora, es decir, dando caña, armando gresca, insultando,
menospreciando, atacando con misiles de artillería barata
de la mano de la Iglesia y, si se tercia, de la Inquisición.
Que todo vale para su objetivo de ganar unas elecciones.
Aunque quien esto escribe se sienta más a la izquierda que
otra cosa, por encima de todo lo que me importa es que quien nos
gobierne nos gobierne bien. Y creo que eso, independientemente de
las ideologías, es posible con un gobierno de gente preparada,
respetable y preocupada por sus gentes, como me parecen muchas de
las nuevas caras del PP. Eso sí, antes de poder aspirar a
gobernar España tendrán que ser capaces de gobernar
su propio partido. Y fácil no lo tienen por mucho que entre
ellos haya gente tan válida, respetable y trabajadora como
Cospedal, como Soraya, como Esteban González Pons, como Gallardón.
Y es que la sociedad española, como cualquier otra sociedad
del mundo, me temo, está muy contaminada y dispuesta a criticar
cada nueva propuesta que aparece. Hay una marea de odio, venganza
y falta de educación en tantas calles, televisiones, radios
y foros de internet que no va a ser fácil que Rajoy y los
suyos se salgan con la suya. Así que el futuro de este nuevo
proyecto es, al menos por el momento, incierto. A ver si a lo largo
de este verano se despeja un poco el camino. O se embarra más.
España
Al final resulta que era verdad eso de que podíamos, que
estaba en nuestras manos lo de llegar a la final de un campeonato
y ganarla.
La de España es además una victoria necesaria, un
triunfo que nos va a permitir enterrar el fantasma de la mala suerte
que siempre alegábamos tener en esto del fútbol debido
a que fueron demasiados campeonatos sin pasar de cuartos, y a veces
ni de la primera fase.
Es cierto que la suerte ha sido fundamental, sobre todo en los
penaltis contra Italia, pero si se ha dado este paso es, sobre todo,
porque por fin tenemos un grupo amplio de jugadores con calidad
y descaro que además hacen piña, anteponen la unión
de su talento a lo mejor de cada uno y no le tienen miedo al éxito.
Me alegro por España (hacía años que no había
tantos ciudadanos dispuestos a tomar la calle con la bandera de
su país, nuestro país, y pronunciar la palabra España)
y, como soy así de malo, no puedo evitar acordarme también
de algunos nacionalistas, como el tal Urkullu, que llegó
a desear en público que Rusia le ganara a España.
Pienso en sus declaraciones y me alegro todavía más
de esta victoria.
Para el recuerdo, me quedo con la imagen de Luis Aragonés
siendo volteado por los jugadores, como Sancho en aquella escena
de la venta.
La fiesta es merecida, pero, eso sí, tampoco es bueno que
dure demasiado. Que el fútbol está muy bien y todo
eso pero, a fin de cuentas, no es más que eso: fútbol.
Y hay cosas mucho más importantes en la vida. Feliz verano.
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