joliva@sincolumna.com
Cuenca, miércoles 8 de marzo de 2006

:: Inicio >> Gorka Díez >> Columna

Como nunca
Opina en el foro
Portada sincolumna.com

“¿Qué tal estás? ¿Como siempre?”. Son dos preguntas que, unidas la una a la otra como siameses condenados a llevar el mismo traje de domingo, últimamente le formulan a Miguel muchas de esas personas con las que se cruza por la calle pese a su deseo de caminar dando esquinazo incluso a las nubes en cuesta del invierno. Suponemos que se trata de personas que no tienen otra cosa que preguntar ni que decir, y que lo único que esperan de nosotros es que les asintamos con la cabeza, como si fuéramos más tontos de lo que ya somos.

“La pregunta de qué tal estás me honraría que me la formulasen”, se dice Miguel, “pero con lo de como siempre está claro que a esa gente no le interesa ni tres pimientos qué tal me va: lo que quiere es confirmar que todo sigue igual para mí, es decir, que mi vida es tan monótona como la suya; que las farolas que atravieso por la calle son siempre las mismas, y si se funden lo hacen a la misma hora; que el triunfo sigue tan alejado de mi cabeza como la cima del mundo; que mi alma es un coladero para las esperanzas; que la estúpida canción de Julio Iglesias sigue sonando en los 40 principales de la mediocridad pese al polvo que impregna de vejez el tocadiscos”.

Pero no. Miguel considera que cada día es diferente y que nosotros somos asimismo diferentes cada día. A su entender, es cierto que la mayoría de la gente suele mantener una estructura más o menos inalterable a lo largo de su vida, pero siempre hay algo que cambia, aunque sólo sea un pelo que se vuelve blanco por las nieves del tiempo o que se cae y se lleva el viento de la mañana sin siquiera despedirse de nosotros.

“Pese a lo monótono que nos parece todo, lo cierto es que estamos continuamente en movimiento, como la tierra, y que en realidad las cosas nunca son iguales como siempre, sino diferentes como nunca. Lo que pasa es que a veces no nos damos cuenta”, les dijo el otro día Miguel a sus amigos en medio de una fiesta, pero ninguno le entendió.

Y es que, y aquí hago un inciso, pese a lo mal que le caen las rutinas, paradójicamente Miguel reconoce que los problemas de comunicación que tiene con algunos de sus amigos (menos con Pitu, claro) se están volviendo demasiado rutinarios. Y así está más que harto de que casi todos se rían de él en cuanto abre la boca, como si presagiaran que por ella va a soltar la tontería más grande del mundo. “Puede que sea así, pero adelantar acontecimientos resta emoción a la vida”, se dice.

El otro día pensaba Miguel en estas cuestiones cuando se cruzó con una chica de su infancia a la que no veía desde hace por lo menos cuarenta años. Ella le preguntó, para variar, que a ver qué tal, que si le iba como siempre. Y nuestro amigo respondió que sí, que como siempre: que, igual que hace cuarenta años, seguía viviendo con sus padres, jugando al béisbol en el equipo de la Universidad, quitando la lechuga a las hamburguesas de los fast-food y yendo cada mes a la consulta del médico para tratar de solucionar sus problemas de acné. Incluso le dijo que seguía enamorado como un niño en la edad del pavo de la misma chica que le cautivó hace cuarenta años y divirtiéndose con las películas de piratas y las canciones de los ‘Hombres G’.

La chica se quedó muy sorprendida, quizá porque esperaba que nuestro amigo le dijera que le iba como siempre sin más, pero no que le diera tantas explicaciones ni tan evidentes muestras de que nada había cambiado, de que, aunque de un modo irónico, todo iba efectivamente como siempre.

“El problema es que a la gente le gusta preguntar, pero no que les respondan con más allá de un sí. Además de para evitar la envidia que les supondría que hubiéramos progresado más que ellos, si quieren que sigamos como siempre es para no tener que escuchar lo que nos ha pasado desde la última vez que nos vieron.” Esto es lo que el otro día se dijo nuestro amigo frente al espejo mientras se peinaba antes de ir a la cama, por si soñaba con alguna chica guapa. Y es que harto de la vida en sociedad, Miguel va a empezar a salir por los bares cuando está en la cama para intentar ligar tan sólo en sueños. Eso sí: tratará de ligar con ellas como nunca, es decir, comprándoles flores, acariciándoles la mano y susurrándoles poemas de amor al oído. Al fin y al cabo hay que cambiar un poco en esta vida, y en los sueños no pasa nada malo porque uno sea un poco cursi. Otra cosa es la realidad, que siempre nos maltrata pero que, pese a lo que se creen algunos, al menos tiene la buena idea de hacerlo de un modo distinto cada vez: a veces nos azota con un látigo, otra con una regla, otras con una escoba, otras con una brazo ortopédico y las más con su insoportable indiferencia. Perra vida.

Información sobre el columnista