|
“Nos hacemos mayores, habrá que hacer mudanza de
proyectos”, le dijo a Miguel su amigo Pitu mientras apuraba
el último trago de su copa color whiskey con dos hielos de
una noche de sábado al volante de la vida.
El hecho de que los viejos amigos empiecen, no a casarse, sino a
divorciarse, que sus hijos ya frecuenten las discotecas, que la
caída del cabello haya dejado de ser un trauma (uno se acostumbra
a todo), o que los fines de semana empiecen a utilizarse para descansar
le hacen pensar a Pitu que la vida ya no es lo que era, que ya no
queda tanto por delante y que probablemente lo más importante
que nos pasará ya ha sucedido, para colmo de un modo tan
fugaz que ni nos dimos cuenta.
“El tiempo ha hecho sus estragos en mí y con él
me he vuelto más cascarrabias, más abuelito, más
cura, más agua que fiesta, más lluvia sin sol, más
alérgico, más manso, más corneado, más
vergonzoso, más decente (¡qué horror!), más
perdedor sin nada que perder”, le dice Pitu a nuestro amigo.
Y es que este curioso ser está empezando a darse cuenta de
que la soltería está bien, sí, pero cuando
uno es joven. “Llegados a cierta edad uno empieza a sentir
vergüenza de uno mismo cuando nota que le siguen gustando todas
las mujeres. Es imposible no sentirnos ridículos cuando besamos
a una de esas chicas que a primera vista nos siguen pareciendo de
nuestra edad pero que cada vez son más jóvenes. No
es sólo que pudieran ser nuestra hijas, sino que hay veces
que hasta lo son”, comenta con cierta perversión en
su mirada.
“Como viene a decir el genial Alvite –le
insiste a nuestro amigo- al hacernos mayores lo único que
hemos aprendido es a vomitar cada cuatro años en las urnas
por culpa del asco que nos produce el mundo que hemos perpetrado”.
Y esto lo dice alguien que hace tiempo que ni siquiera vomita en
las urnas. “Prefiero los retretes”, le confesó
a Miguel el sábado poco antes de dirigirse apresuradamente
al baño para expulsar de sus adentros los seis tequilas y
las cuatro copas de whiskey, hielos incluidos, que se tomaron juntos
para darle un nuevo corte de mangas a la vida. Tras limpiarse superficialmente
las heridas del alcohol prosiguió la noche con una nueva
ronda de cianuro. De algo hay que morir.
|