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Cuenca, miércoles 29 de marzo de 2006

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Nos hacemos mayores
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“Nos hacemos mayores, habrá que hacer mudanza de proyectos”, le dijo a Miguel su amigo Pitu mientras apuraba el último trago de su copa color whiskey con dos hielos de una noche de sábado al volante de la vida.

El hecho de que los viejos amigos empiecen, no a casarse, sino a divorciarse, que sus hijos ya frecuenten las discotecas, que la caída del cabello haya dejado de ser un trauma (uno se acostumbra a todo), o que los fines de semana empiecen a utilizarse para descansar le hacen pensar a Pitu que la vida ya no es lo que era, que ya no queda tanto por delante y que probablemente lo más importante que nos pasará ya ha sucedido, para colmo de un modo tan fugaz que ni nos dimos cuenta.

“El tiempo ha hecho sus estragos en mí y con él me he vuelto más cascarrabias, más abuelito, más cura, más agua que fiesta, más lluvia sin sol, más alérgico, más manso, más corneado, más vergonzoso, más decente (¡qué horror!), más perdedor sin nada que perder”, le dice Pitu a nuestro amigo.

Y es que este curioso ser está empezando a darse cuenta de que la soltería está bien, sí, pero cuando uno es joven. “Llegados a cierta edad uno empieza a sentir vergüenza de uno mismo cuando nota que le siguen gustando todas las mujeres. Es imposible no sentirnos ridículos cuando besamos a una de esas chicas que a primera vista nos siguen pareciendo de nuestra edad pero que cada vez son más jóvenes. No es sólo que pudieran ser nuestra hijas, sino que hay veces que hasta lo son”, comenta con cierta perversión en su mirada.

“Como viene a decir el genial Alvite –le insiste a nuestro amigo- al hacernos mayores lo único que hemos aprendido es a vomitar cada cuatro años en las urnas por culpa del asco que nos produce el mundo que hemos perpetrado”.

Y esto lo dice alguien que hace tiempo que ni siquiera vomita en las urnas. “Prefiero los retretes”, le confesó a Miguel el sábado poco antes de dirigirse apresuradamente al baño para expulsar de sus adentros los seis tequilas y las cuatro copas de whiskey, hielos incluidos, que se tomaron juntos para darle un nuevo corte de mangas a la vida. Tras limpiarse superficialmente las heridas del alcohol prosiguió la noche con una nueva ronda de cianuro. De algo hay que morir.

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