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Nuria ‘La Manchega’
“Todos los trenes son de lejanías, siempre te apartan
de un sitio donde hay alguien que te quiere”, le dice a Miguel
Nuria ‘La Manchega’, una preciosa mujer de Ciudad Real
que al hablar susurra con ese acento que tienen las gentes de la
parte de Castilla-La Mancha más próxima a Andalucía,
una mezcla de dos comunidades autónomas con raíces
que imitan a la perfección las actrices de la última
película de Pedro Almodóvar.
Es cierto que, con el AVE, Ciudad Real está a apenas un paso
de Madrid, y viceversa, pero las vías suponen una distancia
insalvable para los sentimientos que tiene Miguel por Nuria: nunca
se atreve a confesarse del todo porque siempre hay un tren que espera
a uno de los dos en el andén, haciendo breves los encuentros
que extrañamente siempre se producen en días de lluvia
y cielo gris.
Pero a pesar de su gusto por viajar en AVE, Nuria le huele a Miguel
a una de esas chicas que las pocas veces que la suerte se pone de
nuestra parte se sientan a nuestro lado en el autobús y que
nos pasamos todo el viaje contemplando, como si del paisaje más
hermoso del mundo se tratara, aun sabiendo que la vida nos separará
para siempre en la próxima estación y que en cuanto
ella se baje nos dejará un poso melancólico y la camiseta
mojada por la baba.
Es Nuria una chica de gustos sencillos (cerveza, pan y besos), muy
dada a salir alguna que otra noche para pasear bajo la luna su alegría
y mirar al cielo que nunca le hará falta alcanzar, porque
ya lo tiene en sus mejillas. “Me conformo con que de vez en
cuando me guiñe el ojo alguna estrella”, dice.
A Nuria le sienta muy bien todo (“hasta yo”, dice Miguel),
pero en especial los taburetes, sobre los que impone su cuerpo delegado
pero fuerte, y desde los que preside la farra como la protagonista
de aquel poema de Jaime Gil de Biedma, con una
copa en una mano y en la otra el cigarrillo con el que trata de
expulsar de sí el humo de la noche.
También le sienta bien el café cortado, a juego con
los rizos de su pelo que siempre da la impresión de que acaba
de mojar la lluvia con la que refresca su optimismo.
Miguel arde en deseos de recorrer las curvas de esa manchega que
si habla tan bien con la voz y el acento mucho mejor lo hará
con ciertas partes de su cuerpo. Mientras tanto, se conforma con
despertarse cada mañana con unas cintas que ella accedió
a grabarle recientemente. Miguel insiste en que lo que Nuria cuenta
en ellas es lo de menos, “lo que importa es su voz”,
pero lo cierto es que se siente muy orgulloso de poder despertarse
cada día con una voz tan dulce mientras otros, desgraciados,
lo tienen que hacer con el insoportable ruido de noticias de la
radio.
Claro que cualquier día de estos nuestro amigo se nos hace
terrorista y aprovecha la presencia de Nuria en Madrid para volar
ese AVE que a día de hoy le separa de su más preciado
sueño con el fin de que la alta velocidad no vuelva a poder
apartarle de esa chica cuyos besos por lo menos tienen que saber
tan bien como su acento.
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'Volver'
Asistir a una nueva película de Pedro Almodóvar
es todo un acontecimiento que se produce cada dos o tres años
y que casi siempre nos deja un dulce recuerdo que llorar, como dice
el tango de Gardel y Lepera que
da título a este nuevo film protagonizado por amas de casa
desencantadas con un presente que les saca la lengua en las periferias
de la vida pero que ellas se empeñan en transformar a base
de esfuerzo y de coraje.
Las historias de Almodóvar nos pueden gustar o no gustar,
pero casi siempre emocionan. Sobre todo cuando (es el caso de ‘Volver’)
los pies de este cineasta están más apegados a la
tierra, y en especial a las tierras castellano-manchegas: este paraíso
del que director de ‘¿Qué he hecho yo para merecer
esto?’ se fue a los ocho años, probablemente no para
escapar sino para poder volver de vez en cuando a descontaminarse
de la soledad de la gran urbe.
El director más manchego y más universal vuelve a
su tierra en ‘Volver’ y vuelve también a su pasado,
que es también el pasado de Raimunda y que es el nuestro,
porque todos tenemos cuentas pendientes y, aunque nos dé
miedo, un camino que recorrer hacia atrás para reconciliarnos
con los abrazos que esquivamos cuando el mundo todavía nos
parecía demasiado lejano como para comprenderlo.
Y nos enseña Almodóvar en su última obra que
la reconciliación es posible incluso después de muertos,
que de hecho hay muertos que siguen vivos a los que hay que seguir
cuidando y que se puede volver al más acá del más
allá para saldar las deudas que nos ocasionó el destino
y tratar de dar la vuelta a los errores.
Pero ‘Volver’ es también una reivindicación
del pueblo (probablemente el único lugar del mundo en el
que no hay distancias entre las personas) y un canto de amor a la
madre (el mejor pueblo), ese ama de casa que trabaja sin ser remunerada
y que concentra toda su fuerza en unos pechos y unas nalgas (magnífica
Penélope) que soportan el peso de toda una familia, y quizá
de toda la humanidad. Porque sólo ellas saben prepararnos
a los hijos esos tapers con comida casera que nos hacen más
llevadero el paso del pueblo a la ciudad.
Y en el film también hay cabida para la crítica de
todos esos programas sin corazón a los que acuden, casi siempre
engañados, gentes que confunden la fama con la exhibición
pública y que de esta manera ensucian más los trapos
que nunca deberían haber sacado de casa. Y también
hay un nuevo play-back al que esta vez pone voz Estrella
Morente, intriga que hace más intriga la música
de Alberto Iglesias, un fragmento de la zarzuela ‘La rosa
del azafrán’ cantada por mujeres enlutadas que limpian
las tumbas de sus familiares, muchos besos de pueblo y un conjunto
de actrices magistrales, cada una en su punto: Penélope
Cruz, fuerte y bella; Lola Dueñas,
graciosa en su inocencia; Blanca Portillo, tan
vecina que parece que viva en frente de nosotros; Carmen
Maura, veterana madre; Yohana Cobo, tímida
y tierna; Chus Lampreave, esa abuelita que muchos
todavía soñamos llegar a tener alguna vez.
Y luego están esos molinos de Sisante que ahora darán
la vuelta al mundo y encandilarán a franceses, a norteamericanos,
a japoneses: extranjeros que por dos horas se sentirán manchegos
y tendrán una percepción universal de esta Castilla-La
Mancha donde el viento quizá nos vuelva locos, como a Don
Quijote, pero bienvenidos sean esos aires solanos sin son capaces
de inspirar películas como esta emocionante vuelta a casa,
este regreso a un pasado que todavía no pasó.
Por lo dicho y por mucho más es ‘Volver’ una
película pequeña pero grande, con menos pretensiones
que otras obras de Almodóvar pero por eso mismo más
precisa, más honda, más apegada a la tierra, a nuestra
tierra, y a su vez a ese cielo de donde vuelven esos que se fueron
pero que siempre seguirán entre nosotros. Habrá que
continuar cuidando de sus tumbas para mantener vivo el recuerdo.
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