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Cuenca, miércoles 26 de abril de 2006

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Pitu se intenta suicidar (Pitu III)
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“Maestro, he caído de nuevo en el abismo. Las aguas son profundas y oscuras”.
“Recuerda una cosa –responde el maestro-. Lo que ahoga no es la zambullida, sino el permanecer bajo el agua”.

Es la nota que Pitu dejó a sus seres queridos (la mayoría imaginarios) antes de saltar por la ventana. Había permanecido demasiado tiempo bajo el agua y ya era hora de comprobar por sí mismo qué es lo que hay al otro lado. Desde enero pensaba en dar ese último paso, que no sabemos si se trata de un paso hacia adelante o hacia atrás, pero con el frío del invierno ni siquiera se atrevía a abrir la ventana, no fuera a congelársele la nariz. Pero el otro día por fin se puso manos a la obra, ayudado quizá por el calor que emanaba del sol de la primavera y de las piernas desnudas de las quinceañeras que en esta época del año no necesitan abrir los labios para besar.

Los amigos de Pitu comentan por los bares lo ocurrido, en parte sorprendidos, en parte no. Uno de los que ya lo veía venir es José Luis, a quien lo único que le ha extrañado ha sido la forma elegida por Pitu para intentar quitarse de en medio. “Yo creo que le hubiera pegado mucho más utilizar una forma que estuviera en conexión con la Semana Santa, como crucificarse o darse latigazos hasta desangrarse de pasión”, comenta.

‘Desaparezca aquí’ es la frase que según dicen los más allegados a Pitu éste creyó leer al otro lado de su casa en los carteles de neón que le guiñaban el ojo como un carmín de labios de esos que sólo están dispuestos a dejarnos su huella en el paquete de cigarros que acabará quemando el humo de la madrugada.

El salto, que quienes lo presenciaron aseguran que estuvo acompañado de una carcajada (la firma del autor), afortunadamente no acabó con la vida de Pitu, aunque sí con algunas que otras de sus costillas, que ahora tratan de repararle en el hospital, ese taller mecánico para seres humanos por el que todos acabamos pasando, muchos para desaparecer.

Miguel y sus amigos se han pasado en estos días por la casa de Pitu para “echar un vistazo” y han decidido quemar todas aquellas pertenencias que pudieran haberle abocado a tomar la decisión de hacerle un corte de mangas al destino. El fuego se llevó ya libros como ‘Menos que cero’, de Breat Easton Ellis; discos enteros como el último de Nacho Vegas; canciones tristes como ‘Pequeño rockandroll’, de Quique González, o ‘Por amor al comercio’, de Esclarecidos; películas como ‘Delitos y faltas’ o ‘Interiores’, de Woody Allen, y por supuesto todas las de Bergman.

Tampoco se olvidaron esas carreteras que no llevan a ninguna parte ni de las fotos de todas las novias que Pitu ha tenido hasta la fecha, aunque en este caso sólo encontraron la imagen un albañil.

“Pobre Pitu. Todavía no entiendo cómo ha podido hacerlo. ¡Y eso que llevaba una semana sin beber!”, comenta un conocido de Pitu, a lo que José Luis responde: “Es cierto, llevaba una semana sin beber, pero es que antes de eso se había pasado cuarenta años bebiendo…”

No hay ninguna flor en la habitación de hospital de Pitu, a quien para más inri esta misma semana le toca cumplir un año más a pesar de su deseo de bajarse de una vez por todas este mundo cruel. Pero así es la vida. La muerte sólo nos llega al final, justo cuando ya estamos a punto de empezar a aceptar la vida tal y como es. Así que Pitu sobrevivirá ahora que ha sido él quien ha deseado morir, pero no tardará en palmarla en cuanto le toque la lotería o encuentre una chica que le quiera. O al menos un albañil para arreglarle la casa. Pero todavía queda.

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