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Cuenca, miércoles 8 de noviembre de 2006

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Todo es una mierda
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“No existen los paraísos salvo en la medida que se añoran”, decía recientemente en una entrevista el director salmantino Basilio Martín Patino.

En el caso de Miguel, y de quien esto escribe, quizá lo que añoramos desde hace demasiado tiempo son esos paraísos que nunca tuvimos y que si tenemos la esperanza de encontrar es para perderlos de nuevo y poder añorarlos con más fuerza cuando todo se haya venido definitivamente abajo.

El nuevo amigo de Miguel, Carlos el filósofo, considera sin embargo que hay que dejarse de añoranzas y mirar únicamente hacia el futuro y hacerlo además con optimismo. “La vida hay que tomarla como una huida hacia delante, aunque se trate de una huída de nosotros mismos, porque seguro que algo bueno nos tiene que acabar pasando, aunque sea de rebote, que a fin de cuentas todos los tontos acaban teniendo suerte, y tú y yo somos un par de tontos de los buenos”.

Miguel, contrario a los argumentos de su amigo, le contesta que no merece la pena mirar hacia el futuro porque el mundo no es sino “un cúmulo de pérdidas, de facturas que hay que pagar por los errores cometidos o por cometer, porque casi siempre el castigo llega antes que los premios, y que lo único que nos acabará trayendo el paso de los años es el dolor más absoluto”.

Por tanto, a su entender lo mejor sería “nacer sin nada, sin ni siquiera una madre que nos dé calor, para que cuando lleguen las pérdidas sólo podamos añorar aquello que no tuvimos, que es como añorar en el vacío, que duele menos”.

Harto de decir y de escuchar sandeces, Carlos opta por pedir para ambos un nuevo botellín con el que los dos pierden la cuenta del número de botellines que llevaban hasta llegar a olvidarse de que están en un bar tomando botellines para olvidarse, valga la redundancia, del pasado, el presente y el futuro, que al final todo es igual de mierda. Y esta columna, más.

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