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“Rajoy ha estado inconmensurable, tanto en el
discurso preparado como en la respuesta a la
réplica de Zapatero. Además de ser un orador
soberbio -el mejor- lleva razón”.
(Palabras de un internauta anónimo en un foro del ‘Abc’
sobre el Pleno del Congreso del lunes 15 de enero)
Hacía tiempo que había dejado de leer los periódicos
salvo por encima, cansado de que en sus páginas me fuera
tan fácil estrellarme contra el espectáculo barato,
la manipulación malintencionada, el insulto despreciativo,
la carcajada siempre a costa de los otros, el narcisismo tanto político
como periodístico, la impostura que ni el traje ni la corbata
pueden ocultar.
Pero siempre se puede volver, y qué peor momento para hacerlo
que los últimos días, cuando los medios de comunicación
trataron de reflejar en sus páginas el espectáculo
circense más bochornoso al que los ciudadanos de este país
hemos asistido en mucho tiempo, un acontecimiento que contribuirá,
una vez más, al derrumbe de una ética, de un país,
de una democracia.
Hay momentos en los que los líderes ‘populares’
me han hecho reír con su simpleza, su falta de miras, su
críticas destructivas como bombas y su afán por saltarse
las leyes escritas y no escritas, siguiendo esa doctrina utilitarista
según la cual todo vale con tal de conseguir el fin, que
en su caso es ganar unas elecciones porque les importa más
su partido que España. Pero, por encima de la risa, emerge
la tristeza de tener como compatriotas a estos ciudadanos que preguntan
al Gobierno aquello que éste les acaba de responder, que
son capaces de mandar a tomar por culo a las leyes y a las personas,
que buscan el mínimo fallo, incluso humano, para reírse
del otro y vendernos que ellos, en cambio, lo hacen todo bien y
han sido los elegidos por los dioses para apartarnos de la manzana
de todos los pecados.
Y es que no se puede marear tanto una perdiz como hizo el PP con
la manifestación del pasado sábado, diciendo que no
va si no se cambia el lema, después que tampoco va porque
no es momento de manifestarse, y más tarde convocando una
nueva marcha porque en realidad siempre es momento de manifestarse
si los protagonistas son ellos y sólo ellos. Pues eso, que
salgan a la calle con sus pancartas anti-todo y ondeen la bandera
de esa España que tanto nombran pero a la que no adoran tanto
como a sí mismos.
Esperemos que el tiempo ponga en su debido lugar a estos políticos
de medio pelo que todavía creen que Zapatero ganó
la pasada cita electoral por el atentado del 11-M y ahora se frotan
las manos convencidos de que la bomba de Barajas les va a devolver
el mando del poder, como si detrás de la victoria de Zapatero
no hubiera cuatro años de trabajo en la oposición
desde la ética, la humildad, el respeto y la lealtad en los
asuntos de Estado.
La democracia y la civilización agradecerían la disolución
del PP como partido y que de sus cenizas surgiera, si es posible,
una nueva derecha conservadora pero capaz de comprender y de escuchar
al otro, de dialogar, de mirarse al espejo, de respetar, de primar
los intereses del conjunto del país, de los ciudadanos, a
los de un determinado partido, de construir en vez de poner ‘bombas’
a la diversidad y después tener la jeta de decir que su principal
objetivo es acabar con el terrorismo: lo que quieren es acabar con
todo.
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