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En San Sebastián la gente anda ya mentalizándose
de que su equipo de toda la vida, la Real Sociedad, va a descender
a Segunda División, que dicen que es como el infierno o peor,
porque en el infierno al menos no se pasa el frío que se
cala hasta los huesos de los espectadores de Anoeta una jornada
sí y otra también. Porque ni juego ni resultados acompañan
ya caiga el partido en sábado o en domingo, que lo mismo
da si en vez de a divertirse los realistas salen al campo a dejarse
torear.
Se dice por ahí que hay gente que hasta no duerme de saber
a su equipo, que es parte de ellos y de muchos otros, en Segunda.
Y es que el fútbol es el nuevo opio de los pueblos, y un
pueblo como el vasco no sabemos si podrá vivir sin ese opio
que a muchos importa más que esa independencia que nos venden
los políticos, y que cuántos cambiarían porque
Aranburu levantara la copa de la tercera Liga.
Parece mentira, pero hace muy pocas temporadas se estuvo a punto
de ganar el título al todopoderoso Real Madrid y ahora sólo
se ha podido ganar dos partidos de nosécuántos posibles,
uno de ellos al Nástic, que según cuentan no le va
mucho mejor que a la Real: sólo ha ganado tres partidos,
y lo más curioso es que dos de ellos al Español.
La camiseta azul txuriurdin anda como descolorida. Y eso que precisamente
para esta temporada se quiso recuperar el color de principios de
los 80, cuando los Arconada, Zamora,
López Ufarte y demás nos enseñaron
que no siempre pierden los mismos, que hasta los más sencillos
pueden ganar. Hasta las ikurriñas resultan ridículas
ondeándose en las gradas, sin más patria que la de
la derrota.
Los nuevos fichajes, pese a su sabor entre andaluz y manchego, no
han logrado enderezar el rumbo de un equipo a la deriva de sus sueños.
Y los viejos, como Kovacevic, se han quedado viejos,
y ya no son ni la sombra de lo que algún día fueron
o creímos que eran. Todavía se añora aquella
zurda de De Pedro, porque lo cierto es que este
equipo dejó de ser de izquierdas desde que le dieron el pasaporte
al jugador que le ponía más coraje, calidad y corazón
a lo imposible.
Tiene toda la pinta de que la Real seguirá los mismos pasos
que el Sporting, que un día descubrió a un tal Yekini
y podo después desapareció para no volver, porque
hace ya tanto tiempo que se fue que casi ni se le echa de menos.
Al menos esta cura de humildad nos permitirá apreciar la
grandeza de algunos de los futbolistas de este equipo. Porque la
verdadera grandeza de todo deportista se aprecia en las derrotas,
lo mismo que la de los seres humanos en los funerales, que es donde
se cuentan los mejores chistes.
Pero San Sebastián, con equipo de fútbol en Primera
o en Segunda, e incluso sin equipo, va a seguir siendo San Sebastián,
probablemente la ciudad más bonita de España y hasta
del mundo. Nadie se llevará la Concha de sitio y los pinchos
seguirán ahí, sobre la barra, dispuestos a agradarnos
el paladar (el precio que se paga por ellos lo merece) aunque los
goles tengan que meterse en la portería del Hércules
o del Vecindario y ya no nos sepan igual. Pero qué importa
si el fútbol no es más que un juego.
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