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El Partido Popular sigue empeñado en querer ganar las elecciones
a costa del terrorismo, del que se siente más víctima
que todos los demás por mucho que en otras filas, como en
las del PSOE, o como en las de ciudadanos anónimos que están
más a la izquierda que a la derecha, también hayan
caído muchísimos inocentes y se hayan cercenado durante
años libertades.
El atentado de ETA en Barajas propició una oportunidad a
los ?populares? de arremeter con uñas y dientes contra Zapatero,
al que se empeñan en querer arrinconar en un rincón
del ring como si la política fuera una batalla de boxeo y
sólo a golpes pueda hacerse uno con el poder.
Y ahora la decisión de conceder la prisión atenuada
al etarra Iñaki de Juana Chaos vuelve a
ser utilizado por Rajoy y los suyos para tratar de debilitar a ese
presidente del Gobierno en el que ellos parecen ver reflejado al
mismísimo demonio.
No se trata de desearle todo el bien del mundo a este asesino no
arrepentido de la banda ETA, pero tampoco hay que olvidar que ya
ha cumplido condena por sus crímenes. Y que si se quiere
tener una total legitimidad ética frente al terrorismo no
podemos situarnos al mismo nivel que ellos. A las armas hay que
responder con valores, independientemente de que así se consiga
o no se consiga el objetivo buscado de llevar al País Vasco
un equilibrio de valores en los que se entremezclen la paz, la justicia,
la libertad, la igualdad, el bienestar y un largo etcétera.
Las razones humanitarias, que al PP le suenan a cuento chino, están
ahí y un Gobierno, si es humano, como al parecer lo es este
que tenemos, debe hacer uso de ellas. Evitando que de Juana muera
se evita, además de una muerte, que la izquierda abertzale
pueda utilizar a este etarra como un mártir de la lucha por
la independencia. Es cierto que ahora mismo se considera a de Juana
Chaos como a un héroe, pero si el enfermo se recupera su
heroicidad se pasará de moda. Todo lo contrario que si muere
atado a la cama y con la piel transparentando sus costillas. Porque
los dioses no son tan dioses cuando sobreviven a la lucha por su
causa: sólo una muerte prematura o a tiempo los hace inmortales
en la memoria colectiva del fanatismo.
Me parece muy bien que los afines al PP salgan ahora en la calle.
Que vuelvan a manifestarse y que acompañen su movilización
con globitos y con esas banderas de la España de Franco,
que afortunadamente ya no es España ni es nada. Y, ya de
paso, que digan bien claro que no son partidarios de la reinserción
y que el único destino de los terroristas es pudrirse en
la cárcel. Que la Justicia, por lo visto, ni pincha ni corta.
Y los valores tampoco. Pero ya les pasará la factura en las
urnas electorales. O eso espero.
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