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Dice el coordinador de Izquierda Unida en Cuenca que hemos pasado
del 'España va bien' de Aznar a 'El país de las Maravillas'
de Zapatero.
Y la verdad es que hace reír, pero también duele,
que haya tanta verdad en esta comparación, que nos vuelve
a recordar lo ilusos que son nuestros políticos, tan optimistas
ellos, algo por otra parte normal cuando los hay que cobran salarios
de 8.000 euros al mes o que tienen en su poder el destino de todo
un país.
Yo, que no soy ni político ni cobro 8.000 euros al mes, y
que cada año que pasa tengo que pagar entre diez y veinte
céntimos más por cada café o cada caña
que me tomo (y me tomo bastantes, con lo cual sufro y mucho cada
subida), me identifico más con el bando de los pesimistas
y de los escépticos, que viendo cómo se porta la vida
con la mayoría de sus ciudadanos me parece que es lo mínimo
que hacer.
Nadie niega que España esté creciendo económicamente,
pero el problema es que no lo hace a partes iguales, y que esas
partes se están volviendo más distantes entre sí,
lo que nos confirma el viejo tópico de que los ricos son
cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
Nos dirán que los precios ya no suben tanto, pero todo lo
que se reduce a una estadística, como la propia democracia,
acaba convirtiéndose en mentira o en una manipulación
de la verdad. Hasta los números, tan fiables para algunos,
son capaces de mentir o de dejarse manipular, como cuando nos cuentan
el cuento chino de que la vivienda ya no sube tanto. ¿Acaso
sube más nuestro sueldo?
?La hipoteca se ha convertido en la explotación del siglo
XXI?, me dijo el otro día un obrero durante la manifestación
del Uno de Mayo. Y qué razón tiene este trabajador,
a quien el Señor Chinarro podría haber dedicado perfectamente
su canción ?El militar?.
En un contexto así, nos sobran los motivos para manifestarnos,
no sólo el Uno de Mayo, sino todos los días del año,
con el fin de reivindicar mejoras para la clase obrera, a la que
pertenecemos la gran mayoría, mal que nos pese.
No sólo queremos trabajar menos, sino ganar más, y
ambas cosas no son contradictorias porque gracias a las nuevas tecnologías
cada día es posible producir más en menos horas.
Pero mientras esto no ocurra, que probablemente no llegue a ocurrir
nunca, tendremos que seguir desfilando, cada día, de casa
a la oficina y de la oficina a casa, como viene a decirnos la citada
canción del Señor Chinarro, para ganarnos un mísero
jornal con el que poder pagarnos la casa y la comida.
A algunos nos quedará el consuelo de desfilar con el paso
cambiado, pero no es suficiente. Queremos mucho más.
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