| Nacionalismos. Siempre se habla de los nacionalismos
vascos, catalán, gallego, valenciano y hasta andaluz, que cada
vez son más, porque hay cosas que se multiplican como los panes
aquellos que después se repartieron entre los necesitados de
la vida, que somos casi todos.
Pero por si fuera poco, está también ese otro nacionalismo
de los medios de comunicación deportivos, ya sean de radio,
prensa o televisión, sobre todo de televisión, que
es algo que ve todo el mundo y que entienden hasta los tontos, que
dan mucha audiencia.
Sus presentadores lo mismo aparecen en pantalla trajeados y con
corbata o con una simple camisa, como queriendo seguir la moda del
talante y el bueno rollismo que trajo Zapatero. Tienen mucho de
bustos parlantes (a veces tanto que si en su lugar alguien pusiera
un maniquí nadie se daría cuenta) y de salvadores
del aburrimiento dominical, que ellos lo alegran todo con el fútbol
(basta un mero entrenamiento del Real Madrid) o con la última
victoria de Fernando Alonso.
Como más disfrutan, claro está, es ensalzando a
los futbolistas nacionales, que son los mejores, faltaría
más, que aquí tenemos la mejor Liga del mundo. El
resto de los deportes, o ganan o no se les saca, que total nadie
va a darse cuenta de su ausencia, que para una gran mayoría
del público sólo existe lo que sale por televisión.
Es cierto que el 90 por ciento de las noticias de las que informan
no son noticia, pero hay que dar ilusiones a la gente, abrir caminos
a la esperanza, aunque sea deportiva, supongo que pensarán.
Y lo cierto es que mí estos presentadores me recuerdan a
esos charlatanes que hace unos años frecuentaban nuestros
mercadillos y que, aunque sabíamos que lo suyo tenía
truco, conseguían que nos lleváramos a casa uno de
esos aparatos que en teoría servían para todo y luego
no servían para nada.
Lo mejor, la verdad, es hacer como yo, que a la hora del telediario
de las tres bajo el volumen de la tele y pongo una cassette de chistes
de Manolo Royo que me compré en un bar de carretera. Es cierto
que muchas veces los presentadores no mueven los labios al ritmo
de este gran humorista, pero cuando coinciden no os podéis
imaginar lo que me río. Lo siento por Manolo, que por sí
solo también lo hace muy bien, pero es que la cara de panolis
de los presentadores deportivos le pone la guinda a sus mejores
chistes. No sé, a lo mejor el resultado también sería
bueno con Marianico el Corto. Prueben ustedes mismos con el humorista
más ridículo que conozcan y disfruten del único
deporte verdaderamente saludable, que es la risa. Lo demás
qué importa.
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