10 de septiembre de 2007
Nacionalismos
Nacionalismos. Siempre se habla de los nacionalismos vascos, catalán, gallego, valenciano y hasta andaluz, que cada vez son más, porque hay cosas que se multiplican como los panes aquellos que después se repartieron entre los necesitados de la vida, que somos casi todos.

Pero por si fuera poco, está también ese otro nacionalismo de los medios de comunicación deportivos, ya sean de radio, prensa o televisión, sobre todo de televisión, que es algo que ve todo el mundo y que entienden hasta los tontos, que dan mucha audiencia.

Sus presentadores lo mismo aparecen en pantalla trajeados y con corbata o con una simple camisa, como queriendo seguir la moda del talante y el bueno rollismo que trajo Zapatero. Tienen mucho de bustos parlantes (a veces tanto que si en su lugar alguien pusiera un maniquí nadie se daría cuenta) y de salvadores del aburrimiento dominical, que ellos lo alegran todo con el fútbol (basta un mero entrenamiento del Real Madrid) o con la última victoria de Fernando Alonso.

Como más disfrutan, claro está, es ensalzando a los futbolistas nacionales, que son los mejores, faltaría más, que aquí tenemos la mejor Liga del mundo. El resto de los deportes, o ganan o no se les saca, que total nadie va a darse cuenta de su ausencia, que para una gran mayoría del público sólo existe lo que sale por televisión.

Es cierto que el 90 por ciento de las noticias de las que informan no son noticia, pero hay que dar ilusiones a la gente, abrir caminos a la esperanza, aunque sea deportiva, supongo que pensarán. Y lo cierto es que mí estos presentadores me recuerdan a esos charlatanes que hace unos años frecuentaban nuestros mercadillos y que, aunque sabíamos que lo suyo tenía truco, conseguían que nos lleváramos a casa uno de esos aparatos que en teoría servían para todo y luego no servían para nada.

Lo mejor, la verdad, es hacer como yo, que a la hora del telediario de las tres bajo el volumen de la tele y pongo una cassette de chistes de Manolo Royo que me compré en un bar de carretera. Es cierto que muchas veces los presentadores no mueven los labios al ritmo de este gran humorista, pero cuando coinciden no os podéis imaginar lo que me río. Lo siento por Manolo, que por sí solo también lo hace muy bien, pero es que la cara de panolis de los presentadores deportivos le pone la guinda a sus mejores chistes. No sé, a lo mejor el resultado también sería bueno con Marianico el Corto. Prueben ustedes mismos con el humorista más ridículo que conozcan y disfruten del único deporte verdaderamente saludable, que es la risa. Lo demás qué importa.


Gorka Díez
Periodista